Año nuevo, imperios viejos

Mariano de la Puente Mayenco

Trump imita al Maneki-Neko, el gato mecánico japonés que solo mueve un brazo; el estadounidense mueve los dos de forma grotesca. Unos hablan de un presidente desnortado y otros afirman que sabe bien lo que hace. En cualquier caso, es el imperio, no el mandatario; como los anteriores, cumple su papel con mayor o menor fortuna, y todos adecúan sus maneras a los tiempos. 

Teóricamente, si alguno de ellos se crecía o pretendía perpetuarse, el sistema construyó leyes y normas, Estado de derecho, para impedir veleidades. ¿Eso se ha roto?

Estados Unidos en sus inicios era una nación más, hasta que atisbó las posibilidades de constituirse en imperio, como otros ya desaparecidos; ¿por qué no intentarlo? Sus presidentes han ido añadiendo deseos que, aunque no se correspondieran con su Carta Magna ni con sus principios, comprobaron cómo ciertas ideas, aunque no fueran ortodoxas, al ponerlas en práctica les daban poder y reforzaban la posición de EEUU como incipiente potencia en el mundo. 

Los dirigentes, uno tras otro, se dedicaron a ello, y en la génesis de pueblo elegido, remedando la Biblia, “vieron que su obra era buena… “, y así siguieron y siguieron, y a ello se aplican; incluso olvidaron el Estado de derecho. La duda del resto de los humanos es si la obra es buena para todos o solo para su convento, la derecha.

Algunos díscolos del hemisferio norte, rusos y chinos, ese que EEUU pretende en exclusiva, parece que flojean cuando les roban un barco o les imponen aranceles; creo que disimulan su verdadera intención, que, como buenos déspotas, es sustituir al aprendiz de sátrapa.

Dos grandes masas de humanos parecen irreconciliables: Una, la que detenta el poder, intenta aniquilar a la otra y exhibe el poderío de la fuerza bruta, la riqueza y la violencia

El imperio ha ido avanzando —no confundir con progresando—. A los tropezones: crac del 29, crisis del petróleo, apretón financiero de 2008, guerras comerciales, “crisis punto com”, etc., les llaman burbujas. Cuando explotan, el planeta es una despensa que pueden esquilmar; nadie les pone trabas.

Dan brochazos gruesos muy perceptibles cuando surgen gañanes como el actual presidente, pero ojo, educan y forman a otros personajes cuya misión es, con brocha fina, perfilar la barbarie. No nos confundamos, el cuadro, en sus esencias y fundamentos, está ahí. 

Todos los imperios tienen sus sacerdotes, mandatarios. Educan a personajes para facilitar la labor de los poderosos. También, en todos, han surgido voces discordantes que han pretendido alejarnos del camino marcado por el sátrapa de turno. 

Dos grandes masas de humanos parecen irreconciliables: Una, la que detenta el poder, intenta aniquilar a la otra, y exhibe el poderío de la fuerza bruta, la riqueza y la violencia; la otra ostenta el poder de la razón, y aunque sean más, carece de la fuerza suficiente. La historia se repite.

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Mariano de la Puente Mayenco es socio de infoLibre.

Trump imita al Maneki-Neko, el gato mecánico japonés que solo mueve un brazo; el estadounidense mueve los dos de forma grotesca. Unos hablan de un presidente desnortado y otros afirman que sabe bien lo que hace. En cualquier caso, es el imperio, no el mandatario; como los anteriores, cumple su papel con mayor o menor fortuna, y todos adecúan sus maneras a los tiempos. 

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