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Librepensadores

Bobos solitarios

Gonzalo de Miguel Renedo

Niza, Berlín, Bruselas, París y, ahora, Londres. En todas estas ciudades europeas se han producido ataques indiscriminados a manos de terroristas solitarios surgidos en nuestros propios territorios. No hace falta que vengan de fuera, nacen aquí. Por eso entiendo cada vez menos el rechazo irracional e indiscriminado a los refugiados. Quienes así piensan solo se distinguen de los terroristas en los modos de matar. Se mata disparando, pero también se mata cerrando la puerta al desesperado que huye del mal, el mismo veneno que intoxica la mente de nuestros locos autóctonos. No es la presencia física de quienes escapan hacia nuestros países lo que nos amenaza sino las mentes enfermas proclives a ser abducidas a distancia para ejercer de matarifes y sembrar el caos. Creo sinceramente que quienes se dejan arrastrar por la demencia que predica el ISIS se dejarían llevar igualmente por cualquier otra sinrazón que se pusiera a tiro de sus escasas neuronas. Una compatriota nuestra convertida al radicalismo del Daesh, y que poco antes lucía moda skin, reconocía a una amiga que ahora le iba el rollo de la yihad. Vemos hasta dónde puede llegar un auténtico imbécil cuando se pone manos a la obra. ¿Cómo frenarlo? Pues como con todo: educación, educación, educación, ese bien cada vez más escaso por obra y gracia de nuestros cortos políticos.

Se insiste en calificar a todos estos tarados internos que se refugian en el terrorismo, a los que lo mismo les daría jugar a la ruleta rusa junto a sus colegas que practicar balconing desde un rascacielos o cualquier otro juego absurdo que llene su gran vacío mental, se insiste, digo, desde diversas instancias, mediáticas y policiales, en tildarles de lobos solitarios. Y ello, sinceramente, me molesta bastante. Uno, por insultar y desprestigiar a una especie como la del lobo, tan admirada por su belleza salvaje. Quizás el ser propietario de un lobito herreño, preciosa raza de origen canario y que hunde sus raíces, como todo can, de manera profunda en la especie lobuna, quizás, digo, este detalle hace que me moleste especialmente ese calificativo. Pero también, porque pienso que tal denominación, por su mismo atractivo de animal indómito y fuerte, puede que invite al chiflado de toda raza a emular al lobo en lo que éste tiene de irracional: su instinto de matar para sobrevivir.

No me confundan, sé que solo se trata de un animal. No quiero banalizar ni equiparar esta defensa de no usar el término lobo alegando razones parecidas a las que se esgrimen para criticar el uso de nombres de razas humanas, como judío o gitano, con carácter despectivo. No. No me gusta que se emplee el término lobo para referirse a estos asesinos en serie por la sencilla razón de que contamos en nuestro rico lenguaje con otro vocablo mucho más apropiado e inocuo para cualquier raza o especie, humana o animal. Por todo ello, propongo que a todos estos canallas que atentan contra nuestras vidas se les empiece a llamar bobos solitarios, una expresión más acorde con su verdadera naturaleza. ______________

Gonzalo de Miguel Renedo es socio de infoLibre

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