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Cuatro años más de rabia

Pedro Jiménez Hervás

La derecha no va a ocupar, de momento, el Palacio de la Moncloa. Por poco. Pero así es la democracia. Tras el doble fracaso de Feijóo en las sesiones de investidura del miércoles y del viernes pasados, ahora es el turno del PSOE. Esta realidad ha puesto al PP en estado de rabia incontrolada y Vox, a través de su cabecilla Abascal, no ha podido evitar lanzar una amenaza directa: “El pueblo español tiene el deber y el derecho de defenderse. Después no vengan lloriqueando”.

“Por sus obras los conoceréis”, dice la Biblia. Y, de inmediato, hemos empezado a contemplar espectáculos broncos y situaciones que van a garantizar otra legislatura envilecida por la crispación y el odio

No se cansan. La derrota electoral no les sirve. La pasada legislatura se caracterizó por el lamentable comportamiento de una derecha que viste, cada vez con mayor descaro, pantalón rojo y camisa gualda, además de lucir pulserita con bandera española. La misma bandera que emplean para estampársela a quien no piensa como ellos. Tanto Partido Popular como Vox basaron su labor de oposición en lanzarle al Gobierno, día tras día, toda suerte de insultos, mentiras, bulos y calificativos ya conocidos como esos de “ilegítimo” o “bilduetarra”. También fueron a Europa a conspirar y a engañar con deslealtad manifiesta, aun perjudicando a su propio país. Con frecuencia, sobrepasaron los límites, sin importarles la pandemia mundial o la crisis derivada de la guerra de Ucrania. 

Tanto Partido Popular como Vox basaron su labor de oposición en lanzarle al Gobierno, día tras día, toda suerte de insultos, mentiras, bulos y calificativos ya conocidos como esos de “ilegítimo” o “bilduetarra”

Recordemos que Pablo Casado, entonces líder del PP, calificó de “ultra” al presidente del Gobierno, acusándole de mantener los mandos “al precio de cambiar el régimen”.  Y la ya olvidada musa de Vox y candidata a la presidencia de Andalucía, Macarena Olona, acusó a Sánchez de “tener un problema con la Constitución Española”. En fin, sería demasiado extenso recoger todos los improperios y manipulaciones lanzados por la oposición política. Qué equivocación la nuestra al pensar que con las elecciones generales se calmaría el ambiente. Las encuestas daban como seguro ganador a Feijóo y los acostumbrados sapos y culebras que solían soltar desde Génova parecían de nuevo enjaulados hasta mejor ocasión. Mientras, los líderes del PP y Vox empezaban a repartirse embajadas, empresas públicas, ministerios y secretarías de Estado.

Sin embargo, la derrota fue para ellos como un gancho en la mandíbula, y tras los primeros días de estupefacción volvieron a las andadas con renovados bríos. De nuevo se escuchan insultos y acusaciones infundadas al tiempo que desfilan los primeros macarras provocadores en el AVE… Incluso Feijóo, al que habían prometido ser el próximo presidente del Gobierno, ha improvisado un embuste al señalar que se ha cometido “un fraude electoral reincidente”.

Esto es lo que hay. Cuatro años más de crispación y tensión insoportable. Tal vez algún día la oposición sea de verdad un contrapoder respetuoso y constructivo. Pero no será en esta próxima legislatura. Es lo que tiene vivir en un país donde la palabra respeto apenas se utiliza. No hay respeto por el juego democrático. No hay respeto por la verdad. Y no hay respeto por las mujeres. Aunque sean campeonas del mundo y representen a una España que no acaba de gustar a la derecha.

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Pedro Jiménez Hervás es socio de infoLibre.

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