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A mí dádmelo todo mascado

Antonio García Gómez

Recuerdo que, en numerosas visitas, viajes o excursiones que he hecho en mi vida docente con grupos de alumnos/as, al final de esas actividades solían "felicitarnos", a los muchachos/as y a los profesores/as a su cargo por el buen comportamiento que habían observado.

Y era una satisfacción y un orgullo que solían conocer también las familias en el que solíamos insistir, precisamente, para reforzar tales comportamientos "cívicos".

Porque, al cabo, se trata de civismo, es decir de la capacidad de comportarse de acuerdo con las normas que rigen la convivencia y el bienestar de todos/as, para permitir que el funcionamiento de la comunidad, cada comunidad, cada grupo humano, sea capaz de desarrollarse de acuerdo a sus fines, intereses y objetivos.

Porque es preciso comportarse de acuerdo a los intereses propios y a los ajenos, con capacidad de haber sabido desarrollar la sensibilidad necesaria para conseguir esa convivencia respetable.

Y ese aprendizaje habría de iniciarse en la edad infantil, por ejemplo, en la vida escolar, con afecto, firmeza y civismo, incluso con actitud ejemplarizante de quienes estuvimos o están al cargo de los niños y niñas.

Y, por eso mismo, no se entiende a menudo cierta permisividad o, mejor dicho, pasotismo respecto a quienes solo aguardan y confían en la formación que les permita comportarse de acuerdo a lo que se esperaría de ellos, por ejemplo, para poder felicitarlos.

 Porque, al cabo, no es cuestión de ser considerados como "blandengues", porque, a la postre, solo se han convertido en "víctimas" acostumbradas a cualquier excusa que justifique su actitud "incívica".

Lo he dicho muchas veces. En mis tiempos infantiles de colegio, en los informes de "Calificaciones", había un doble apartado que hablaba de "Conducta y aplicación". Recuerdo que mis padres era lo que miraban primero. Si la calificación era alta pasaban a los siguientes ítems, si no era así, y afortunadamente nunca sucedió, no se continuaba, ya no interesaba comprobar lo que se había obtenido en Matemáticas, Lenguaje, Ciencias Naturales...

Es preciso comportarse de acuerdo a los intereses propios y a los ajenos, con capacidad de haber sabido desarrollar la sensibilidad necesaria para conseguir esa convivencia respetable

Ha salido una sentencia que obligará a que se abonen más de 7.000 euros a pasajeros de AVE, el mismo convoy que tuvo que ser retrasado un cuarto de hora, en una estación en la que tuvo que actuar la Policía Nacional para desalojar a un grupo de jóvenes que estaban celebrando, de modo incívico, molestando de manera notable, "una despedida de soltero". Consecuencias de no haber sabido respetar la convivencia del grupo de viajeros/as que tenían el derecho de viajar con comodidad, bienestar y sin necesidad de aguantar lo inaguantable, amén de no haberse visto en la circunstancia de llegar con un retraso injustificable.

Decían algunos padres, repetían los responsables del Colegio de los niños "desalojados" del tren que les llevaba a León, a la altura de Palencia, por las excesivas molestias que causaron al resto de viajeros, que "sólo habían chillado". ¿Y?. Veinte chicos chillando durante un tiempo prolongado pueden resultar, sencillamente, insoportables.

Y no sé si habrán aprendido algo, pero, insisto, puede resultar enojoso, insufrible, "convivir" con un grupo de niños "chillando" de modo continuo... hasta que ¿no se pueda más?, aunque solo se trate de niños practicando... ¿una inmadurez consentida?  

"A mí dádmelo todo mascado". "Antes el estómago tenía dientes. Ahora el público traga sin masticar. Vaya, ¿he dicho público? Quería decir estómago". Riki Blanco.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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