Déficit de ideas, superávit de estrategias

Marcel Vidal Calzada

Desde hace un tiempo, quizás desde la caída de las mayorías absolutas y de la consolidación de la fragmentación como un elemento más de nuestro sistema, una parte importante de los partidos que conforman el espectro político centra prácticamente todos sus esfuerzos en sus estrategias electorales. Dicho de otro modo: antes las formaciones planteaban primero el “qué” y después el “cómo”, y ahora es al revés. El problema, en este caso, es que el orden sí altera el resultado.  No deja de ser paradójico, en todo caso, que en un momento como el actual, cuando es más necesario que nunca el contraste de modelos (entre otros motivos para combatir los planteamientos que propugna la extrema derecha), el debate sobre paradigmas de sociedad sea escaso, cuando no determinado por eslóganes o simplificaciones de la realidad.

Lógicamente, esta dinámica acaba provocando hartazgo o cansancio entre una ciudadanía que, ante la incertidumbre de un mundo en cambio permanente, necesita una política que dé respuesta a sus problemas. Y cuando el necesario debate ideológico queda eclipsado por estrategias partidistas o por un ruido ensordecedor, las máximas beneficiadas son unas opciones ultraconservadoras que van subiendo en las encuestas y sumando cada vez más representantes en unas instituciones en las que, paradójicamente, no creen. Evidentemente, nada de eso sería posible sin las campañas de desinformación que impulsan estas fuerzas políticas ni sin los pactos alcanzados con una derecha sin rumbo. Pero este ya es otro tema. 

Antes las formaciones planteaban primero el “qué” y después el “cómo”, y ahora es al revés. El problema, en este caso, es que el orden sí altera el resultado

Uno de los casos más recientes de lo expuesto es el de las elecciones extremeñas. Es evidente que cualquier cita electoral en un municipio o en una comunidad autónoma tiene una lectura estatal. Y más ahora, en la situación en la que nos hallamos. Pero cabe recordar, y no perder de vista, que el objetivo principal de estos comicios era elegir a los representantes de una asamblea parlamentaria y que estos, a su vez, serán los encargados de escoger al futuro presidente o presidenta de su comunidad autónoma. No es nada menor. Estamos hablando, sin ir más lejos, de qué modelo de gobierno quieren los extremeños y las extremeñas para su región. Y claro que el resultado tiene un impacto a nivel estatal. Pero sin perder de vista que quien va a salir más beneficiada o perjudicada, en términos políticos, va a ser la propia población de esta área geográfica. Fíjense, sin embargo, que el partido que ha salido más favorecido de este proceso es Vox. Las causas son múltiples. Pero una de ellas es la sustitución del debate ideológico por la estrategia. Los partidos progresistas deberían tomar nota de ello. 

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Marcel Vidal Calzada es socio de infoLibre.

Desde hace un tiempo, quizás desde la caída de las mayorías absolutas y de la consolidación de la fragmentación como un elemento más de nuestro sistema, una parte importante de los partidos que conforman el espectro político centra prácticamente todos sus esfuerzos en sus estrategias electorales. Dicho de otro modo: antes las formaciones planteaban primero el “qué” y después el “cómo”, y ahora es al revés. El problema, en este caso, es que el orden sí altera el resultado.  No deja de ser paradójico, en todo caso, que en un momento como el actual, cuando es más necesario que nunca el contraste de modelos (entre otros motivos para combatir los planteamientos que propugna la extrema derecha), el debate sobre paradigmas de sociedad sea escaso, cuando no determinado por eslóganes o simplificaciones de la realidad.