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Librepensadores

El engaño giratorio

Los candidatos de Ciudadanos, Albert Rivera, y de Podemos, Pablo Iglesias, durante el debate electoral.

Gonzalo de Miguel Renedo

"Manual o intelectual, no hay más que una clase de trabajo que produzca dinero: el trabajo de los otros". (Julio Camba)

Historiemos un poco. Podemos nació en una plaza al calor del hartazgo ciudadano. Ciudadanos, al menos en su versión última, la que hoy repunta en las encuestas precocinadas, nació en el parqué al calor de los grandes despachos. Podemos nació en 2011, un 15 de mayo, pero fue un parto lento: hasta 2014 no eclosionó. Hicieron caso a De Cospedal y se presentaron a las elecciones. Fue en las europeas, y consiguieron cinco eurodiputados, con casi 1,3 millones de votos. Votos, por cierto, que no aparecieron en ninguna encuesta, un dato revelador de la naturaleza y propiedades de las empresas demoscópicas. Ciudadanos, por su parte, nació hace ya una década, y llevaba vegetando entre nosotros con una presencia más que tímida, tanto en Cataluña como luego en España. Recordemos que en las europeas la formación naranja, si es que entonces era su color, apenas alcanzó medio millón de votos. La formación morada, por contra, ha seguido una marcha ascendente hacia los cielos, cobrándose importantes resultados en las distintas citas a las que se ha presentado, en especial en las últimas municipales. No en vano ha logrado alcaldías de peso, como la capital de España y la de Barcelona, además de otras muchas diseminadas por todo el territorio nacional. Y no parece que se haya hundido nada ni que los terribles soviets anunciados por Aguirre hayan arraigado en dichos municipios. La mentira tiene las patas cortas, y en ocasiones, lleva calcetines rosa.

Podemos ha hecho mucho daño a los que eran los dos grandes partidos hasta hace un par de años, el devaluado binomio PPSOE. La indignación no conoce de colores y todos buscan refugiarse en un valor fiable ante la omnipotencia de los mercados. Podemos se convirtió en la opción ideal. Pero claro, los magnates reaccionaron. Y empezó a tomar forma ese deseo no oculto del Ibex 35: necesitamos un Podemos de derechas. Y tiraron de lo que había. Que el mundo del capital se aprovecha de todo, especialmente de lo ajeno, como recordaba Camba. Sin tiempo para crear una nueva marca, remasterizaron la que más a mano tenían: Ciudadanos. Había que evitar que toda la masa descontenta se perdiera en los brazos abiertos de Pablo Iglesias. Había que crear otro caladero de la indignación, y a eso dedican ingentes medios económicos, mediáticos y políticos. Y no les va mal, si hacemos caso a los sondeos, por sospechosos que sean. Pero no solo en la ficción creada a su gusto hacen cuajar sus intenciones. En Cataluña el partido de Albert Rivera se ha erigido en segunda fuerza política, por delante de PPSOE. Reseñemos, no obstante, que Ciudadanos se fundó en Cataluña con vocación españolista, y no son pocos los que en el resto de España desconfían por su pátina catalana. Equivocadamente. Nada tiene que ver una cosa con la otra, su afiliación ideológica con su origen territorial. De Ciudadanos se puede y se debe desconfiar por sus padrinos actuales, no por sus padres biológicos, por extremistas que sean.

Como vemos, hay una evolución natural, la de Podemos, y una evolución forzada, la de Ciudadanos. La primera surge por la presión organizada de la ciudadanía. La segunda nace por la fuerza bruta de los poderosos. Podemos es la apuesta de la calle. Ciudadanos, la baza de los emporios. A Podemos le preguntan todos los medios domesticados que de dónde va a sacar el dinero para cumplir sus proyectos. A Ciudadanos le preguntan por su estilista, y poco más. No se le hacen preguntas incómodas al hijo del jefe.

Lo cierto es que en menos de un año, un partido ya establecido, definido y estancado, del que ya se sabía todo, con unas expectativas de voto que apenas alcanzaban el 3 %, tras la operación de Corporación Dermoestética S.A., operación dirigida por quienes machacan a la ciudadanía desde sus poltronas, luce ahora un tipazo que nos aseguran les haría remontar hasta el segundo puesto en el escalafón electoral. Así las cosas, no digo ya que C's sea una marca blanca del PP. No. Bastante tiene el PP con intentar salvar lo poco que queda de la suya. C's es la marca blanca, bien que con una calavera y dos tibias cruzadas, de los mercados; es su buque de guerra, con el que intenta sustituir al dócil bipartidismo que tan buenos réditos le ha deparado estas últimas décadas. ¿Picarán los ciudadanos y ciudadanas de este país con Ciudadanos? A la formación naranja no la han hecho renacer para regenerar el actual estado desbrozado. Ciudadanos apuntalará las reformas agresivas que han deshecho el estado del bienestar. Y quienes votarán a esta formación, aupada desde los centros de poder, no serán los altos ejecutivos, o no solo, será el voto de los otros, el del pueblo llano, si es que pica el cebo que arteramente le ha colocado el gran capital. ¿Seremos tan tontos? Que sí, que lo mismo podría decirse del PPSOE, pero con Ciudadanos hay una diferencia esencial: quienes voten a Ciudadanos por no votar al PPSOE es porque esperan de sus dirigentes políticas menos serviles, luego en su caso, el engaño puede convertirse en una estafa como la de las famosas puertas que corrompen el sistema, un engaño giratorio: uno, por votar antes sin saberlo a quienes remaban a favor del poder económico, y dos, por no darse cuenta ahora de que quienes se presentan como su alternativa son en realidad la nueva opción del mismo poder económico. Engaño de ida y vuelta.

Gonzalo de Miguel Renedo es socio de infoLibre

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