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Eurovisión bendice el genocidio

Marcelo Noboa Fiallo

Hace muchos años que dejé de ver Eurovisión. Por ser algo más exactos, en los años 80 del pasado siglo, veía trozos de este evento y poco más. No me gustan estos acontecimientos que respiran una atmósfera donde la parafernalia, la “estética” de luces, el petardeo, la extravagancia… y la polémica, se han convertido en el envoltorio que, salvo excepciones, la música ya no importa o pasa a un segundo plano. Leo en un periódico local de Asturias: “Eurovisión, en un buen momento: la polémica atrae a la audiencia". En fin...

Este año, rompí un poco con mi postura añeja y decidí ver algo más para saber cómo salían los responsables del evento con la presencia de Israel en la programación, tras el genocidio que está cometiendo en estos meses en Palestina, con especial brutalidad en Gaza (35.000 ciudadanos asesinados, de los cuales más de 12.000 niños). 

Los responsables del evento no tuvieron ningún problema para eliminar a Rusia por su invasión a Ucrania. Tenían, por tanto, una buena razón y sobrados motivos para no contar con la presencia de Israel en el evento, lo que habría supuesto sumarse a las voces que no admiten más dolor, más sufrimiento, más impunidad de un ejército dispuesto a acabar con el pueblo palestino. Pero no lo hicieron, porque la UE no tiene una voz propia y la UER se refugia en “el carácter apolítico del evento” (A lo que hay que preguntarse: ¿Asesinar a 35.000 ciudadanos y ciudadanas civiles es un asunto político? Y, sin embargo, ¿la invasión de Rusia a Ucrania, sí es un acto político? 

Dos días antes de la final, el representante de los Países Bajos fue descalificado y apartado de seguir en la final, nada se sabe aún de las razones. La policía sueca investiga una “queja de una integrante del equipo de producción” por un incidente, al parecer, protagonizado por el cantante. ¡Chapeau! por la rápida y diligente actuación de los responsables del evento. Un incidente que, por lo que se ve, está muy encima de un genocidio. “Eurovisión, en un buen momento: la polémica atrae audiencia”. Las únicas delegaciones que, a modo de protesta por la expulsión del representante neerlandés, decidieron no acudir al desfile de banderas fueron Irlanda, Suiza y Grecia. A estos tres países les duele más la expulsión de un compañero que el genocidio del pueblo palestino.  

Netanyahu había ganado, una vez más. Esta vez con Eurovisión, había logrado imponer que todo aquel que pide un alto el fuego y que la ayuda humanitaria pueda entrar en Gaza es “un defensor de Hamás y un antijudío”

Sabían de sobra que las protestas se iban a presentar. Como ya estaba ocurriendo en los campus universitarios de EE.UU. y de Europa, de forma pacífica. La última, el mismo día en que finalizaba el evento, con Israel disputándose el triunfo del mismo; la protesta estuvo convocada por 60 organizaciones suecas y danesas, bajo el lema “por la paz y por una Palestina libre”. 

Al gobierno de Netanyahu, mientras masacraba a niños y ancianos en Gaza, le daba tiempo de poner en marcha toda la estructura que da soporte a sus embajadas en Europa, para parar y acallar las protestas en torno al evento eurovisivo. Y Netanyahu consiguió mantener viva la presencia de sus representantes, hasta el final, para luego ser recibidos como héroes en Israel. Un triunfo más de la presencia de Israel en el mundo y de su capacidad para seguir acabando con el pueblo palestino.

Contaba con los eurofans (más de 9.000 en el recinto de Malmö) a quienes les daba igual lo que ocurría en Gaza. Ellos estaban allí para disfrutar del evento (los pocos que silbaron y protestaron por la presencia de Israel fueron acallados por el sistema sonoro preparado para estos casos, por orden de la dirección de la UER), por orden de Martín Österdahl.

Netanyahu había ganado, una vez más. Esta vez con Eurovisión había logrado imponer que todo aquel que pide un alto el fuego y que la ayuda humanitaria pueda entrar en Gaza es “un defensor de Hamás y un antijudío”.

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Marcelo Noboa Fiallo es socio de infoLibre.

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