Librepensadores

El franquismo de todos nosotros

Javier Paniagua

Me da la impresión de que hay más antifranquismo activo ahora que en la época de Franco. Lo reseñaba Max Aub en La gallina ciega, donde recopila sus impresiones cuando en 1969 regresa del exilio a España, de visita: “Estuve el mayor tiempo posible con gente joven o que lo fue hasta hace poco; extraños y familiares: ninguno me preguntó nunca nada de la Guerra Civil. […] Les tiene sin cuidado”.

Las fuerzas políticas y sociales que ganaron la guerra practicaron una razzia contra todo lo que representó la II República y los sistemas liberales. Y se intentó, además, la liquidación política, ideológica y social de aquellos elementos que no congeniaban con el llamado movimiento nacional, respaldado por la disciplina militar, la jerarquía de la Iglesia católica y unas clases dirigentes conservadoras. Por circunstancias históricas diversas, el régimen resistió a los avatares internacionales después de la II Guerra Mundial y continuó hasta la muerte del Franco en 1975. Unos 36 años, si contamos desde el 1 de abril de 1939 y 39 si la referencia es julio de 1936.

Durante ese tiempo la sociedad experimentó cambios económicos y sociales que transformaron un país semiatrasado en una sociedad más asimilable a los países desarrollados de Europa, sin alcanzar todavía sus estándares de desarrollo. Varias interpretaciones historiográficas señalan que esa evolución se acompasó con el crecimiento mundial y el franquismo se limitó a encauzarlo. En cambio, otras interpretaciones, vinculadas en mayor o menor medida con el régimen, inciden en que fue una etapa necesaria para superar el caos de la República, poner orden en la sociedad y estabilidad en la economía. Alegan, además, que no hubo un solo franquismo, los primeros 20 años fueron distintos del resto. Incluso hay quien defiende que, visto en perspectiva, vino bien para que las fuerzas políticas derrotadas y prohibidas llegaran a un consenso para posibilitar un marco de convivencia democrática con la Constitución de 1978. Dicen que Churchill se refería a España “como a ese país sudamericano que tenemos en Europa”.

He defendido que las guerras civiles repercuten durante muchos años, siglos incluso, en los comportamientos y mentalidades de varias generaciones. Lo vemos aún en EEUU, en los Estados de la Confederación la discriminación racial y los símbolos todavía condicionan los sentimientos de muchos ciudadanos desde 1861, cuando se enfrentaron a los unionistas. En España las guerras carlistas del siglo XIX enlazaron con la del siglo XX y mantienen su resonancia en muchas familias porque 80 años son pocos para olvidar aquella tragedia coral. Lo repito con frecuencia: los tiempos en historia son, en general, geológicos (a largo plazo), más que históricos. Y así, entre el recuerdo familiar, las investigaciones históricas y los debates sobre ese pasado permanecen en la mentalidad colectiva, lo hayamos vivido o no. Intervienen aún en nuestras posiciones políticas para rechazarlo, justificarlo o defenderlo.

La represión sistemática desde 1939 y un fuerte control policial hicieron que la oposición política y sindical fuera clandestina y minoritaria. La inmensa mayoría se limitó a buscarse la vida, a veces emigrando o pluriempleados, sobrevivir al margen de la estructura política y aprovecharse de las oportunidades que el Estado iba ofreciendo. Solo una minoría se atrevió a combatir directamente al franquismo (comunistas, nacionalistas, algunos socialistas, anarquistas y  grupos cristianos). Hubo, eso sí, momentos de tensión con algunas huelgas al margen del sindicato vertical franquista, movimientos de protesta en las universidades protagonizados por las nuevas generaciones, manifiestos pidiendo libertades, reivindicaciones nacionalistas, protestas internacionales y distanciamiento de algunos sectores de la Iglesia y del propio régimen, pero el aparato de poder franquista resistió mientras Franco estuvo vivo. Las fuerzas que ganaron la guerra no hicieron apenas esfuerzos por integrar a los del otro bando, al contrario, lo consideraron la anti-España. Franco no fue Mustafá Kemal, que estimuló la modernización e integración de la Turquía derrotada en la I Guerra Mundial. Mantuvo un orden cuartelero y arbitró con eficacia el poder entre aquellos que estaban dispuestos a colaborar con su régimen. Solo cuando murió y se abrieron expectativas democráticas se extendió un antifranquismo masivo. _______________

Javier Paniagua es socio de infoLibre

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