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La izquierda municipal en su laberinto

Felipe Domingo Casas

Si la política nacional, sin dar al término “nacional” un valor absoluto, se mueve vertiginosamente, la municipal y autonómica lo hacen con la misma rapidez con la perspectiva de mantener o ganar el poder.

Respondiendo a esta vorágine política se ha anunciado la creación de una plataforma para la Comunidad de Madrid por parte de Iñigo Errejón con el nombre de Más Comunidad, al estilo de la anunciada hace meses por Manuela Carmena con Más Madrid, que ha sorprendido a propios y extraños –parece– por el secreto con la que se ha llevado a cabo. 

Moviéndome en el terreno de izquierda-derecha, todavía no desprestigiado del todo, mientras ésta última confía cada vez más en sus siglas como referencia para sus votantes, la izquierda cada vez menos. Y de esa estrategia una de las dos saldrá vencedora. Por la experiencia de Andalucía, manteniendo sus siglas las derechas, la dispersión del voto les ha dado resultado y de sus resultados y pactos han logrado desbancar al PSOE después de 37 años de gobierno.

La dispersión del voto en la izquierda, ¿servirá para ampliar la adhesión de la base electoral y votante de la izquierda o lo contrario? Porque hay que dar por hecho que se producirán varias candidaturas en la izquierda en las municipales y autonómicas en Madrid y provincia. Presumo que tres o más. Con la constitución de las plataformas de Carmena y Errejón, Podemos e IU no van a renunciar a presentarse a las elecciones con su propia marca de partidos tradicionales, en el caso de IU de muchos años, y Podemos, ya marca reconocida, aunque más reciente, no va a ser absorbido por ambas plataformas. Y queda el PSOE que desde luego tiene un electorado asentado y gobernó durante años Madrid y la Comunidad, inexplicablemente retrasado en la elección deel candidato/a a la Alcaldía. Con este recuento me salen cuatro, sin olvidar otros partidos o agrupaciones electorales que no han conseguido nunca munícipes y diputados y que se sienten fuertes, como PACMA.

Dice la carta conjunta suscrita por Carmena y Errejón: “En España y en particular en Madrid existe una mayoría demócrata y progresista que no quiere que nos arrastren al enfrentamiento y al retroceso. Pero una buena parte de esa mayoría necesita un proyecto que renueve su ilusión y confianza en que las cosas se pueden hacer todavía mejor”. En las buenas intenciones y en las castas palabras se descubren también sus contradicciones y el germen de lo que ha sido siempre la unión y desunión de la izquierda posiblemente ahora no tan alarmante a raiz de esa experiencia victoriosa de las derechas en Andalucía y que el doctor Casado quiere extender por todos los territorios : “una mayoría” no quiere el enfrentamiento y “una buena parte de esa mayoría necesita un proyecto que renueve su ilusión...”, con lo que esas palabras manifiestan al mismo tiempo sus limitaciones, y dan a entender, como no pude ser de otra manera, que diría Rajoy, que ni son todos los que están ni están todos los que son. Dejan al descubierto el amplio margen que queda para recoger todo el voto más demócrata y progresista.

¿Qué resultará de todo esto? Pues que la realidad y los hechos son una cosa y que con las buenas intenciones y las necesarias y castas palabras no se solucionan los problemas. Que la petición del voto algún enfrentamiento producirá y la dispersión del voto se dará. Hasta dónde esa dispersión será útil o no para los demócratas y pogresistas es donde se halla el quid de la cuestión. Y si después de este somero análisis me preguntan a mí, diría que muy útil.

Madrid se está construyendo todavía. El avance en la peatonalización de la ciudad, Madrid Central, la reforma de la Gran Vía y la de la plaza de España a punto de comenzar darán un impulso visible y muy necesario para una ciudad más paseante y con el aire más saludable. Pero sobre Madrid tienen puestos sus ojos los grandes inversores inmobiliarios con el objetivo de convertirla en una ciudad de servicios y desigualdad entre el norte y el sur. Las reformas anteriores son pecata minuta comparadas por su envergadura con la operación Chamartín, Distrito Castellana Norte, que ha denunciado en varios artículos Eduardo Mangada. “El conocimiento en estos días de un contrato secreto (conocido por filtración) de la operación Chamartín en el que se establecen las condiciones de la venta de 1.200 millones de metros cuadrados públicos titularidad de ADIF a una entidad privada constituida por el BBVA y el Grupo San José ha desvelado la podedumbre, por no usar la palabra corrupción (aunque todo apunta a ello), que ha acompañado a la operación inmobiliario-financiera, camuflada bajo distintos nombres a lo largo de 25 años”. Todo ello a precio inferior al mercado. “Nadie, y en primer lugar el Ayuntamiento, ha defendido la prioridad de dar respuesta a los graves problemas que afectan a Madrid, como son la desigualdad creciente entre el norte y el sur, la segmentación y segregación social y física entre el Madrid rico y el Madrid pobre”. Está de más recordar la preocupante subida de la vivienda y de los alquileres, el desalojo por impago de muchos inquilinos por incrementos desproporcionados de los mismos para convertir esas viviendas en pisos turísticos. Si a eso añadimos la competencia desleal de las VTC, Madrid se convertirá pronto en una ciudad invivible para una gran parte de los madrileños actuales y los más jóvenes. Las 20.000 viviendas anunciadas “con algún tipo de protección oficial” son promesas poco creibles e ineficaces. Miremos afuera. El Ayuntamiento de Berlín está estudiando seriamente la remunicipalización de miles y miles de viviendas otrora municipales apoyados en los vecinos que están luchando contra los inversores privados.

Con estos ingredientes, la diversificación electoral de la izquierda no solo es conveniente, sino necesaria. La inteligencia, la racionalidad política, una vez producidos estos nuevos hechos, nada fácil de lograr, es que los electores y votantes no los vean como una división más de la izquierda, lo que puede llevar a la desmovilización y la abstención, sino como una oportunidad y que se imponga una “oposición virtuosa” entre las izquierdas que recoja no solo una parte o la gran mayoría sino todo el voto de los demócratas y progresistas, y estos electores y votantes son mayoría. _______________

Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre

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