Hay un lugar en el Adriático, cercano al agua, porque en las islas pequeñas todo está a tiro de caña, donde las monjas benedictinas del convento de San Nicolás custodian un bajorrelieve del siglo III anterior a nuestro calendario que representa a Kairos, dios de la oportunidad. A diferencia de Cronos, empeñado en recordarnos el tiempo lineal que tanto nos puede llegar a agobiar, Kairos nos concede el instante que podemos convertir en decisivo, o en el que puedes tomar una decisión vinculante.
Pero no siempre estamos en el andén en ese instante en el que pasa el tren. Un señor de apariencia liberal y honesta, que llegó del noroeste, donde el mar es siempre gris, con la promesa de seguir aparentando lo que aparentaba, fue perdiendo las caretas según se acercaba al centro. Al centro de la península, entiéndase. Y, más allá de reubicar Extremadura o situar a Orwell 34 años después de su fallecimiento, no consiguió ubicarse como líder de una derecha civilizada y liberal, de las que ya quedan pocas en Europa y menos fuera de ella. Esa oportunidad se nos antoja muy lejana.
Más allá de reubicar Extremadura, o situar a Orwell 34 años después de su fallecimiento, no consiguió ubicarse como líder de una derecha civilizada y liberal
Y ahora, apelando a la "decencia" desde la planta noble de un edificio ya paradigmático de la financiación ilegal, donde el dinero oscuro rebosaba por sus costados —condena mediante; no vamos a acusar sin argumentos por muy de moda que esté—. Con la cúpula de un sombrío ministerio en el banquillo por practicar corrupción para ocultar corrupción. Toda una carambola de maestría, si no fuera tan burda y chapucera, a pesar de la inestimable colaboración de un juez instructor tan generoso que se dejó fuera algunos elementos del puzle.
Pero le queda alguna carta por jugar. Si volvemos a los mitos griegos, podemos encontrarnos con Apolo, digno representante del Sol. Kairos ya no le ofrecerá la carta de la moderación, pero puede erigirse en líder de los apologetas del pasado más trasnochado. Los que elevan sus cánticos con el rostro expuesto al sol y confunden a los taxistas con una mano derecha amenazante.
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Eduardo Prieto es socio de infoLibre.
Hay un lugar en el Adriático, cercano al agua, porque en las islas pequeñas todo está a tiro de caña, donde las monjas benedictinas del convento de San Nicolás custodian un bajorrelieve del siglo III anterior a nuestro calendario que representa a Kairos, dios de la oportunidad. A diferencia de Cronos, empeñado en recordarnos el tiempo lineal que tanto nos puede llegar a agobiar, Kairos nos concede el instante que podemos convertir en decisivo, o en el que puedes tomar una decisión vinculante.