No, no se comió las uvas

Paco Ochoa

No se comió las uvas.

           Estas vacaciones no tenía intención de escribir pero al final, como afirma Roberto Iniesta en su canción Contra todos sobre que “esta canción es necesaria”, este texto creo que también es necesario.

           Avanza y avanza la variante Ómicron y parece que a los medios de comunicación les ha ocurrido como si la Tierra hubiera dejado de girar sobre sí misma y enfocan su mirada sobre este hecho como si el Sol iluminara solamente esa parte de la realidad;  pero el mundo es muy grande, pasan muchas cosas y todos necesitamos luz en la penumbra, incluso aquellas zonas más oscuras de este globo que, de tanto inflarlo, parece que un día puede explotar.

           Hablando de explotar… Como mucho, se habría pegado un atracón bulímico con un racimo, de golpe, pero no lo habría contado ni antes ni después. Antes, porque la hubiera encontrado silenciada y no le habría dado tiempo a reaccionar (aquí lo cuenta Rosa Montero); después, porque ya sería demasiado tarde.

           Tampoco creo que las hubiera podido comer igualmente, por el lugar en el que se encontraba.

           Este año se nos marchó Almudena Grandes. Algunas de las personas que la admirábamos lo hacíamos por su sentido de la responsabilidad y de la obligación de contar aquellas historias invisibles y que jamás serían contadas. Por eso, esta historia es necesaria y además, no contarla sería injusto.

           Acabábamos de terminar la tarea de recuperación. Es 29 de diciembre y Brahim, estudiante saharaui de 16 años en España, aún no domina muchos de los conceptos y términos de física, química, biología… de manera que es necesario que alguien se ponga con él a ayudarle. Lo pasamos bien, nos reímos y hacemos bromas (el día 28 quería regalar a mi madre una coliflor a cambio de “no acer la tarea”, escribió en la caja del regalo).

           Eran las nueve de la noche cuando celebraba que había terminado la tarea de física y química sobre la densidad, la masa y el volumen cuando se tumbó en el sofá y cogió su teléfono, con el cual mantiene contacto con su familia y amigos/as de los campamentos saharauis ubicados en la provincia de Tinduf (Argelia).

           La celebración duró poco: diez, tal vez veinte segundos… Su amigo ناجيم (Nallem) había sido asesinado. Nallem era de la daira o distrito que linda con su casa y vivía apenas a unos metros de su jaima. Tenía 18 años, uno más que él, y aunque trataron de llegar a los campamentos con vida desde el lugar en el que operan esos pajarracos férreos del ejército marroquí que van tirando bombas con la misma tranquilidad con la que los Reyes Magos reparten caramelos en las cabalgatas de la tarde de reyes, estas ya se la habían arrebatado junto a la de dos adultos más.

           Siempre hay un rey mago cabrón que lanza con saña los caramelos e intenta, medio en broma medio en serio, dar a los niños y niñas que van a recibirlos en su cabeza. Parte de los espectadores también se dan cuenta de ello y, medio en broma medio en serio, no acaban por decir nada por no interrumpir la cabalgata. Mohamed VI es ese rey; Nallem, el niño que pasaba por allí pues el azar decidió que naciera en este lugar inhóspito y, el resto del público, los ciudadanos/as y pueblerinos/as de esa Unión Europea que, medio en broma medio en serio, recurre las sentencias del Tribunal General de Justicia para mantener vigentes esos acuerdos pesqueros y agrícolas entre Marruecos y la UE que, a vista de dicho tribunal europeo, son ilegales por no haber consultado de forma apropiada a la población saharaui (ver aquí, en el número 6) .

           Por eso no se pudo comer las uvas, las hubiera o no hubiera tenido.

           En fin, no quería contarte esta historia porque a lo mejor te jode y no la necesitas en estos días e incluso te remueve y en otra ocasión decides libremente no volverme a leer; es una historia incómoda y desagradable pero no deja de ser un cuento de Navidad.

Pero, más allá del derecho a la libertad de expresión convendría que empezáramos a hablar este 2022 del deber y la obligación de expresar dichas historias; como afirma Pilar del Río, es importante “vivir en estado de responsabilidad” y, más allá de contar y contar hasta la extenuación cómo avanza Ómicron y cómo combatir con responsabilidad a este coronavirus poniéndose una máscara, tal vez sea responsable contar y contar hasta la extenuación cómo avanzan las guerras y cómo combatir con responsabilidad a estos virus crónicos quitando la máscara a esas coronas.

Y, bueno, con responsabilidad y volviendo a lo importante: No, no sé comió las uvas.

A día de hoy, el Reino de España sigue siendo la potencia administradora con respecto a la descolonización del Sáhara Occidental. Tras 47 años, una larga guerra entre 1975 y 1991 entre el ejército marroquí y el Frente Polisario y tres décadas a la espera pacífica de un referéndum de autodeterminación que nunca ha llegado, el conflicto volvió a estallar el 13 de noviembre de 2020 tras la violación del alto del fuego del ejército marroquí en la zona tapón del Guerguerat. En respuesta a esto, el Frente Polisario declararía la guerra a Marruecos horas más tarde.

Paco Ochoa es socio de infoLibre

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