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Perder teorías

Elena Sánchez Sánchez

La presentación de Yolanda Díaz como candidata a la presidencia del Gobierno de España ha generado un enorme revuelo social y mediático, y que sea inevitable la visualización de nuestro país entero con sus teorías y sus cuentas. Que si sumar, restar, multiplicar o dividir y, sin embargo, la pregunta que tal vez hemos pasado por alto, y sobre la que deberíamos reflexionar, no sea tanto cuál es la cuenta sino la cuenta para qué.

Porque sentir y pensar el para qué del procedimiento quizás nos pueda llevar no sólo a cambiar de cuenta, sino también el cuento de siempre y sus efectos. Y en ese 'la cuenta para qué' resulta esencial preguntarse por el para qué de la política, cuál es su razón de ser, qué es eso de la democracia, qué pretendo cuando mi yo individual entra en juego e inspiro y aspiro a qué. Y es que, de nuevo, los comentarios emitidos, las críticas recibidas y las ausencias manifiestas parecen anteponer el yo particular al nosotros colectivo, alejándose de un modelo de política verdadero que no sabemos mirar, ni sentir, ni pensar y que Yolanda Díaz parece querer buscar o, al menos, indicar.

Que si sumar, restar, multiplicar o dividir y, sin embargo, la pregunta que tal vez hemos pasado por alto, y sobre la que deberíamos reflexionar, no sea tanto cuál es la cuenta sino la cuenta para qué

¿Por qué se interpreta la presentación de una candidata de ideología afín o común con la que avanzar como una amenaza? ¿Amenaza para qué o sobre qué? ¿De la izquierda sobre la izquierda? ¿De un cuarto más de izquierda, de uno menos? El poder equivocado también conserva su punto cómico de ridiculez junto a su búsqueda de subordinación habitual, injusta, anormal y contraria a la organización de la convivencia en libertad e igualdad como razón de ser de la política. Mantener la esperanza, a la que tanto se aludió en el acto de presentación, debe acompañarse de las firmes convicciones democráticas que le den sustento y que la izquierda podría priorizar en su teoría y procedimiento.

No se trata de una jerarquía, ni de considerar a España una propiedad privada de la que vivir, sino de un asunto público y de una búsqueda conjunta de justicia e igualdad como valores democráticos decisivos para convivir. Que lo que no nos dé igual perder sea el corazón  —“en él llevamos la riqueza de la vida”— ni la capacidad de razonar para poder dejar el desprecio a la convivencia atrás. Esa podría ser una manera de no darse por vencidos y hasta tal vez ganar… Para las tres cosas (y  alguna más) lo esencial es perder las teorías (y prácticas) machistas inculcadas de tantos años atrás. Perderlas todas.

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Elena Sánchez Sánchez es socia de infoLibre.

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