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A propósito de las tractoradas

Ángel Díez de Miguel

Viendo las autopistas y carreteras cortadas por los tractores de los agricultores, viendo que están saliendo a la protesta una semana después de que lo hicieran en Francia y viendo que lo están haciendo en muchos países europeos, debe ser que tienen razones poderosas para ello.

Pero también vemos pancartas que nos desconciertan y que tienen claros tintes ideológicos, hemos visto a Marine Le Pen subida a un tractor en Francia, también hemos visto en España a políticos electos o políticos que no se presentan a las elecciones pero dan lecciones de todo, hemos visto al vicepresidente de Castilla y León que es abucheado cuando intenta pescar en ese río revuelto, pero también hemos visto muñecos representando al presidente del Gobierno colgado de los tractores y lemas curiosos, “Más campo y menos Falcon”, hasta hemos visto peticiones para modificar la ley electoral. Por otro lado, todos los políticos han salido corriendo a dar la razón a los manifestantes, pero claro, los ciudadanos nos quedamos perplejos. ¿En qué tienen razón? En quejarse de la UE que cada año inyecta miles de millones de euros, impuestos de los ciudadanos, en la PAC...

A la reglamentación que intenta que los cultivos sean más sostenibles y más sanos le llaman burocracia, y ¿qué es el papeleo necesario para cobrar esas ayudas de la PAC? Quieren que se controlen las importaciones de productos agrícolas de terceros países, pero también reclaman la libertad de mercado, eso sí, si no es perjudicial para sus intereses, en fin, muchas cosas difíciles de entender para quien no es trabajador ni empresario agropecuario.

¿Quiénes están cortando las autovías? ¿Son acaso los trabajadores por cuenta ajena, los jornaleros, exigiendo mejoras laborales? Parece ser que no, más bien parece que los que invaden las autovías son agricultores con pequeñas y medianas explotaciones que se indignan por el bajo precio que les pagan por sus productos, pero al mismo tiempo exigen un mercado libre, un mercado que no sea intervenido por los estados ni por la UE. Olvidan que en el mercado libre, en la ley de la selva, el pez grande se come al chico.

Mis abuelos eran campesinos dueños de sus tierras pero no eran empresarios agropecuarios, tenían una vida verdaderamente difícil, por eso se despobló el campo en busca de una vida mejor en las ciudades, no son esas las condiciones que veo cuando veo a algunos de mis primos que sí se quedaron en el pueblo, creo que tienen una vida muy digna, pero también creo que se han entregado al modelo liberal de la ambición económica, ya no siembran sus propias semillas de cereal, compran las semillas porque les es más productivo, pero esos granos de más que obtienen no les sirven para sembrar al año siguiente y deben volver a comprar, han perdido su sostenibilidad y su independencia. Usan cualquier cosa que les digan que aumenta la producción sin pararse a pensar si eso es sostenible o no para sus propias tierras, presumen de tener el tractor más grande, en fin, que por ahí también hay mucho que pensar.

Como ciudadano que huye de las grandes ciudades, aunque por mi formación y mi vida profesional soy un urbanita, creo que respecto al sector primario hay algunas cosas que deberían estar meridianamente claras para todos los ciudadanos

Un Estado que no es capaz de garantizar la alimentación a precios razonables de su gente, de toda su gente, debería considerarse un Estado fallido. A partir de ahí, con eso resuelto, se podrán establecer acuerdos comerciales para la venta de excedentes y la compra de productos que no sean de estricta necesidad o de capricho, como comer naranjas en verano.

La Nación debería velar por la propiedad de las explotaciones de esos productos estratégicos para la alimentación, impidiendo la especulación y la entrada de grandes fondos de inversión que pervierten el sistema.

Los trabajadores y dueños de explotaciones agropecuarias tienen derecho a una vida digna y a recibir un precio justo por su trabajo y sus productos, y para eso, el Estado debe supervisar las plusvalías de toda la cadena de distribución

Los trabajadores y dueños de explotaciones agropecuarias tienen derecho a una vida digna y a recibir un precio justo por su trabajo y sus productos, y para eso, el Estado debe supervisar las plusvalías de toda la cadena de distribución.

El Estado debe garantizar que los ciudadanos accedan a productos de calidad a un precio razonable.

Los partidos políticos deberían dedicarse a solucionar problemas y no a crearlos aprovechando y utilizando de una manera vergonzosa las protestas legítimas o no de cualquier sector para apuntalar algunos votos más.

Las autoridades públicas, desde las municipales, las autonómicas, las estatales y hasta las de la UE deberían realizar un claro esfuerzo de comunicación transparente y veraz para que todos los ciudadanos sepamos y entendamos lo que está pasando. También deberían cumplir y hacer cumplir la ley, que nadie use agua no autorizada, que se contrate y se pague según ley a todos los trabajadores, que no exista economía sumergida, etc. 

Las autoridades europeas y estatales deberían conceder las subvenciones a quien realmente lo necesita, no como una forma más de aumentar los beneficios de una explotación agropecuaria, que seguramente no necesita esas subvenciones.

Los medios de comunicación deberían cumplir su función con objetividad, rigor y ética. He visto a Cayetano de Alba hablando en nombre de los agricultores, todos sabemos que la Casa de Alba es una de las mayores receptoras de fondos de la PAC; sinceramente no lo entiendo, las subvenciones que se dan con mis impuestos deben ir a quien las necesita, no a quien tiene un negocio basado en esas subvenciones. Los medios de comunicación deberían saber elegir a quién le ponen un micrófono delante y haber comprobado previamente quién es y a quién representa en realidad.

En fin, estoy seguro de que el campo español y europeo tiene problemas, pero como ciudadano no se me ha explicado con claridad, ni cuáles son, ni cuáles son los orígenes, ni qué soluciones plantea cada cual; lo que sí parece evidente es que en junio hay elecciones al parlamento europeo y alguien, la ultraderecha, está sacando réditos electorales de todas estas protestas. Si hay algún agricultor que lea estas líneas, como conciudadano suyo, solo le pediría que tenga sentido crítico, que analice lo que le cuentan, que piense en sus propios intereses, que en ningún caso es la amnistía, ni la existencia de la extinta ETA y que actúe en consecuencia apoyando a aquellos que mejor puedan ayudarle a resolver sus problemas reales, que en muchos casos son los mismos que los que tenemos los urbanitas, estabilidad de ingresos, confianza en el futuro, sanidad, educación y cuidados públicos y de calidad para todos y todo ello pagado con unos impuestos progresivos, paga más, quien más gana.

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Ángel Díez de Miguel es socio de infoLibre.

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