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Librepensadores

Reivindicación de la especie humana

Santiago Ipiña

Estas reflexiones son posibles gracias a mi pertenencia a la especie humana. Se podrá objetar que precisamente estas reflexiones son debidas a algo más que a ser un miembro de una subespecie de Homo sapiens (Homo sapiens sapiens) y, en efecto, también deben considerarse algunas circunstancias adicionales, quizás la más importante de las cuales sea mi educación. Lo que en todo caso no deja de ser cierto es que con el acervo tanto génico como cultural que compartimos todos los humanos, cualquier persona con mi educación es capaz de reflexionar aproximadamente como yo lo hago; Einstein lo expresa mejor que yo: Everybody is a genius; but if you judge a fish by its ability to climb a tree, it will live its whole life believing that it is stupid. (Todo el mundo es un genio; pero si a un pez se le evalúa por su  habilidad para subir árboles, entonces vivirá toda su vida creyendo que es un estúpido).

Esta capacidad nuestra de reflexionar tiene aspectos positivos y negativos pero, en ningún caso, ni todos son positivos ni todos son negativos. Mi reivindicación consiste en tratar de equilibrar el maremágnum de aspectos negativos que percibo existe en una parte importante de gentes de esta sociedad.

En primer lugar, la teoría del equilibrio puntuado sobre la evolución de las especies biológicas (Eldredge y Gould, 1972) puede ayudar a entender, y suponer un consuelo, que los tiempos geológicos poco tienen que ver con nuestra percepción del tiempo, es decir, que lo que nos parece inmutable, en realidad, visto con la perspectiva suficiente, no lo es; aunque imperceptiblemente, los cambios se van acumulando en el tiempo hasta que eclosionan. Lo que traducido en términos sociales puede indicar que los tiempos neoliberales darán lugar –no me pregunten en cuánto tiempo– a otra especie de sociedad más equilibrada, entre sus miembros y con el medio ambiente que la acoge.

En segundo lugar, tengo la percepción de que los aspectos negativos que la reflexión humana transmite son una consecuencia del aprendizaje al que se somete al ciudadano. No creo sea necesario citar a autor alguno para apoyar la afirmación de que los seres humanos se desarrollan conformes a un ambiente, de tal forma que dos gemelos criados en diversos ambientes producen personalidades distintas. En este sentido, seguramente es de resaltar que, hoy en día, la información que más se vende es la concerniente a los aspectos más escabrosos de la naturaleza humana. De esta forma, televisión y periódicos generalistas se han convertido en el vehículo transmisor de una cultura particular que, en todo caso y desafortunadamente, se desarrolla en detrimento de la lectura sosegada de aquellos libros o informes objetivos que, seleccionados pertinentemente, nos aportan una visión global de dicha naturaleza humana.

Sin acudir a ejemplos más o menos sofisticados, resulta sorprendente pensar que la pantalla del pc que usamos para escribir es un máquina binaria, es decir, construida sobre una lógica con solo dos símbolos, sí- no, 1-0, on-off, o como se quiera expresar. Con igual agradable sorpresa probablemente que la de ver como un artefacto de toneladas de peso se eleva en el aire y permite transportarnos a considerables distancias en tiempo relativamente corto. Pero no sólo cabe citar logros de naturaleza científico-técnica, ¿o es que acaso no produce cierta turbación fascinante pensar en la mente que es capaz de escribir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha o que es capaz de componer Air on the G string (BWV 1068) o el Adagio de Serenade no. 10 (KV 361/370a)? Y en el campo de la abstracción más refinada ¿qué puede decirse si no con admiración de una mente como la de G. Cantor (1845-1918), de quien D. Hilbert (1862-1943), probablemente el matemático más influyente el siglo XX, dijo que había descubierto un paraíso, el de los diferentes tipos de infinito, del que nadie podría expulsarnos?

En tercer lugar, ¿cómo no sentirse positivamente sobrecogido ante la idea de que cualquier forma de vida orgánica es el resultado de la intersección de eventos de baja probabilidad (Alice Roberts, 2014)?

Significa esto que somos seres excepcionales en relación a lo que debería ser habitual o común. Seres excepcionales que precisamente debería hacernos tener muy presente la gozosa inseguridad que ello pone de manifiesto, y su levedad. ¿O acaso no quiere decir otra cosa el saber que la extinción del animal dominador en este planeta durante los períodos Jurásico-Cretácico (135 millones de años), el dinosaurio, se debió al impacto de un meteorito cuya probabilidad de impacto era insignificante? Creo, como consecuencia, estar legitimado para preguntar si, o no, el hecho de ‘habernos tocado la lotería’ es motivo suficiente como para contrarrestar el alud de aspectos negativos que intencionadamente golpean nuestra cotidianidad.

Finalmente, frente a la abundancia de eventos que se nos quiere presentar como consustancial a la perversa naturaleza humana, ¿puede uno interrogarse por la intencionalidad de tal bombardeo de noticias sesgadas? Desde luego es conocido sobradamente que la falta de educación del súbdito es una meta del tirano para mantener su status quo. Y también es sabido que, una vez puesto de manifiesto que un gobernante ha cometido presuntamente un delito, por ejemplo, de corrupción, una estrategia de dicho gobernante es hacer propagar la voz de que la corrupción es inherente al funcionamiento de la sociedad.

Sin embargo, una parte no nimia de la Humanidad ha logrado realizaciones como las que siguen. Evidentemente, no se pretende aquí construir una lista exhaustiva de tales logros si bien estoy convencido de que se les puede calificar como el lector desee pero difícilmente como realizaciones negativas. Así, en Arquitectura: Pirámides de Guiza, Sagrada Familia, Notre Dame, Partenón, Basílica de San Pedro; Arte: Mona Lisa de da Vinci, Capilla Sixtina de Miguel Ángel, Guernica de Picasso, Girasoles de Van Gogh, Vermeer; Ingeniería: la fontanería de las casas, La Gran Muralla china, Canal de Panamá, misiones Apolo, viaducto Millau; Viajes no turísticos: descubrimiento de América (Colón), viaje a China de Marco Polo, viajes de Magallanes, viaje al Polo Sur de Amundsen; Inventos: sismógrafo (Zhan Heng), teléfono (Bell), radio (Marconi), telescopio (Galileo), World Wide Web (www, Berners-Lee), bombilla (Edison), Revolución industrial; Política-Derecho: Carta Magna, Democracia, Declaración Universal de Derechos Humanos, código de Hammurabi, Convención de Ginebra; Literatura: Dante, Shakespeare, Goethe, Cervantes, Dickens, J. Austen, Sófocles, T. Mann, Dostoyevsky, Tolstoy, Proust, Flaubert, Machado, Sun Wu, Yoshida Kenkö; Matemática: Pitágoras, teorema de Bayes, teorema de Fermat, Perelman, Euler, Gauss, Riemann, Gödel, Cantor, Newton; Medicina: vacuna (Jenner), Fleming, Hipócrates, Harvey, Montagnier-Gallo, Langerhans; Música: Handel, Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Wagner; Filosofía: Confucio, Kant, Platón, Hegel, Marx, Nietzsche, Descartes, Aristóteles, Spinoza, Rousseau, Voltaire; Ciencia: Arquímedes, Copérnico, Kepler, Einstein, Darwin, Watson-Crick, Planck.

Así que ¿es realmente la especie humana digna de la más feroz crítica en relación a la calidad de su naturaleza? ____________________

Santiago Ipiña es socio de infoLibre

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