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Diez años de la caída del bipartidismo: PSOE y PP se recuperan pero la cultura de la coalición se asienta

Antonio García Gómez

Lástima de país, sin duda, a ojos vista de nuestras derechas, la supuestamente moderada, abrupta y extrema porque, en definitiva... la misma cosa son. Invocando desde sus maximalismos apocalípticos, dios nos guarde, como cuando asevera sin complejos, y de manera artera y ordinaria, la simpar presidenta de Madrid, bocachanclas donde las haya, que, para empezar, el actual gobierno lo que hace es “empobrecernos a manos llenas”. Acabáramos, con nuestros líderes dirigentes metiendo sus codiciosas manos en nuestros bolsillos hasta arruinarnos antes que nada, a pesar de que, oh, paradoja cruel, seamos un país real que, con sus problemas, que los tiene y graves, anda sorteando el tiempo difícil que nos ha tocado vivir a todos y a todas, incluso a los europeos, vecinos nuestros, incluso con nuestra inflación retrocediendo, como para que vayamos a dormirnos con pesadillas venidas de dentro, justo tras una semana aliviada por “puentes y acueductos” en los que las televisiones hablaban de la implosión viajera y festera de muchos de nuestros conciudadanos/as. Aunque es verdad que nos olvidábamos de quienes no tenían —ni tienen— y están con el agua que les llega al cuello, pese a los esfuerzos ímprobos de un gobierno atento a socorrer a los más vulnerables, con los votos reincidentes y negativos de esas mismas derechas que ahora, y desde el minuto cero, tocaron a rebato y a cataclismo.

Exactamente desde el mismo momento en que una mayoría dio el poder y la responsabilidad al actual presidente, con la declaración desvergonzada de esas retrógradas derechas declarando al presidente “ilegítimo” y al gobierno “deslegitimado”. Por decisión y declaración unilateral de los clarividentes que, naturalmente, no estaban dispuestos a transigir con su pérdida de poder formal y nominal. Faltaría más, con lo consustancial que es para la carcunda la ostentación del poder con mando en plaza.

Acabáramos, con nuestros líderes dirigentes metiendo sus codiciosas manos en nuestros bolsillos hasta arruinarnos

Y desde aquel mismo momento están enfadados, los “próceres” autoproclamados de la patria en peligro, con el traca traca, anunciando fines del mundo sin tregua, con codicia mal disimulada. Aumentando los órdagos, sin autocontrol, en sus apuestas por el hundimiento del país, necesitando acudir cada dos por tres a Europa, a pedir ayuda por ver si echan una mano para acabar con este gobierno que tanto niegan y que tanto les molesta.

Hasta haber llegado a la irritación máxima, casi ya sin argumentos, una vez que se ven acorralados, incluso en su mayoría “conservadora” en los órganos de poder de la Justicia. Sin complejo alguno, rogando el uno, el eterno becario de la derecha, el señor Abascal, por una moción de censura, en vías e intención para “nombrar un presidente independiente”, cuánta ingenuidad impostada, y el otro, el inane de la derecha “como dios manda”, que disimula su programa, porque es el de costumbre, natural, urgiendo por que “se convoquen elecciones ya”, a ver si a la enésima se logra el premio de la gobernabilidad, o mejor dicho, el del poder.

Y entretanto, zancadilla va y zancadilla viene, entre "filoetarras" y separatistas nombrados aunque no vengan a cuento, enfangando el buen hacer de una sociedad que forja patria, de uno en uno, de una en una, así tomadas las buenas gentes de este país, acudiendo al curro, bueno o malo, por levantar el país entre todos, levantando el hogar propio, incluso y sobre todo entre quienes somos distintos y pensamos diferente, con el lastre de unas derechas, tanto montan que montan tanto la una como la otra, equiparables en su miseria moral, al menos la de sus dirigentes, enarbolando la deslealtad contra quienes más hubieran necesitado el alimón de sus gobernantes.

Empezando por haberse dispuesto a cumplir la ley, seguramente empezando por la fundamental: la Constitución, a la que corrompen a diario, mintiendo sobre la observancia a aquella, suspirando por no perder el apoyo de los jueces de “su cuerda”.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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