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Rodolfo Jaime Corella

En pocos días cerrarán los prostíbulos en Extremadura, para, en teoría, ayudar a la lucha contra el covid-19. Ya se sabe que en esos sitios la distancia de seguridad se respeta, pero que lo de la mascarilla va por barrios.

A veces, cuando uno se las quiere dar de cultivado, comenta que ha ido a tal o cual museo, que en el teatro estuvo viendo tal obra y se encontró con fulanito o, ya popularizando la cosa, que fue al cine con unos amigos. Esos son sitios a los que uno va y lo cuenta. Si haciendo una prueba PCR nos encontráramos con alguien que estuvo la semana pasada en la ópera y diera positivo, seguro que es fácil encontrar a la gente que estuvo alrededor (y alguno más por aquello de presumir). Por eso las medidas de seguridad en estos sitios se mantienen a costa de la taquilla. Porque en el teatro el contagio es fácil, excepto en el romano de Mérida, que la piedra desinfecta. Cualquiera diría que La 2 es el canal más visto en la televisión y que la crisis perpetua del teatro es más farsa que realidad, puesto que todos vamos al menos una vez al mes. No ocurre lo mismo con los lupanares donde nadie acude y que, si se mantienen a flote, es gracias al milagro de Colón (Panamá), que deja los billetes más limpios; aunque lo cortés no quita lo valiente.

Décadas oyendo hablar del delito de trata de seres humanos, de la violencia que supone forzar a una persona (generalmente mujer) a la prostitución y resulta que estaba en manos de las comunidades autónomas el cerrar o no las casas de citas. ¡Lo que son las cosas!

¿Con qué cara hablarán el próximo 8 de marzo de igualdad y respeto a la mujer? ¿De dónde se sacará para decirle a las forzadas a la prostitución que la cosa era así de sencilla, pero que no había coraje para hacerlo? Ante la prensa veremos a presidentes hablar de igualdad, de respeto a la ley y, por supuesto, rechazando la violencia contra las mujeres, como si en los prostíbulos las mujeres pudieran entrar y salir libremente, como si las amenazas y las palizas que denuncian entidades como APRAMP fueran mentira.

¿No se podría haber hecho antes? ¿Quién decidió que todo eso era aceptable mientras no hubiera una pandemia? Aquí no vale mirar a otro lado. Administraciones de uno u otro color han quedado retratadas y no me refiero solo a socialdemócratas de tercera vía, o liberal conservadores. Conservadores, liberales, democristianos, socialdemócratas de tercera vía, socialdemócratas de toda la vida y socialistas antes que marxistas han gobernado en comunidades autónomas donde los clubes de carretera no eran lugares donde discutir trazados, rutas paisajistas o ventajas de uno u otro modelo de vehículo.

¿De qué sirvieron las consejerías de igualdad? ¿De cortina de humo mientras se toleraba la prostitución a plena luz del día?

Supongo que este es un melón delicado de abrir, pero que ya se está pasando de maduro.

Rodolfo Jaime Corella es socio de infoLibre

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