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“La vida moderna”

Pako Martí

A mi profesor J.C. Palmer

La fucking condición humana se encuentra a las puertas del infierno.

Llueve fuego inmisericorde sobre Gaza. Llueve muerte y devastación sobre la población civil. No hay tregua. Un nuevo genocidio irrumpe a las puertas del siglo XXI sin ningún tipo de ambages. Yahvé y Alá deciden quién vive y quién muere, mientras toman cervezas en oriente próximo. Todo acontece en la vida moderna. Setenta años después y tras ocho guerras ¿oficiales? de Israel con sus vecinos árabes, la novena se muestra feroz e inhumana.

Hay que joderse.

Los delitos de lesa humanidad son injustificables. No valen errores de cálculo en la trayectoria de un misil. No valen falacias o bulos. No se engaña ni se evita la muerte de inocentes por más empeño que pongan los que las provocan. Esa carta no debe echarse sobre la mesa, está marcada y todo dios conoce sus irreversibles consecuencias: matanzas salvajes de civiles. La del hospital de Al-Ahli en la Franja no debió haber ocurrido nunca.

Los titulares arrojan a diario centenares de cadáveres. No hay tregua. El éxodo de las familias buscando refugio, intentando dejar tras de sí la muerte, retrata la sanguinaria respuesta bélica de Netanyahu. Tierra quemada. La guerra en Palestina se suma a la de Ucrania, ambas con el mismo procedimiento bélico, a cara de perro, ambas con dos individuos que les importa una mierda el número de bajas civiles. El flashback, la secuencia de eventos, resulta difícil de adjetivar sin echarse al monte. No hay tregua.

Occidente actúa con miedo, hipocresía y una amoralidad vergonzosa: rechaza la ocupación de Rusia en Ucrania, pero ¿por qué no rechaza la ocupación de Israel?

Occidente actúa con miedo, hipocresía y una amoralidad vergonzosa: rechaza la ocupación de Rusia en Ucrania, pero ¿por qué no rechaza la ocupación de Israel?

Hay que joderse.

Más pronto que tarde, lloverá fuego inmisericorde sobre todos nosotros. Hezbolá calienta motores y gatillos en la frontera y, créanme, la retina, desgraciadamente, tarda muy poco en acostumbrarse al dolor humano.

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Pako Martí es socio de infoLibre.

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