PORTADA DE MAÑANA
Ver
La bolsa o la vida: las negociaciones secretas que imponen en Europa las farmacéuticas

FESTIVAL DE CANNES Día 4

Bienvenidos de nuevo al universo provocador (y poco amable) de Yorgos Lanthimos

Yorgos Stefanakos, Willem Dafoe, Yorgos Lanthimos y Emma Stone durante la presentación de 'Kinds of Kindness' en Cannes.

Alberto Mira

Enviado a Cannes —

Cine ventana: el que nos muestra una sección del mundo, un mundo que puede sernos más o menos cercano, pero que se presenta como incompleto, visto desde una perspectiva limitada. Los personajes entran y salen en el plano. Al final, sabemos que sus vidas van más allá de lo que hemos visto, que empezaron mucho antes de la película, que continuarán en ese mundo cuando la narrativa acabe. Andrea Arnold es una especialista en el cine-ventana. Quizá la quintaesencia de su aproximación sea el documental Cow, sobre, sí, vacas, que se presentó aquí el año pasado. Los personajes se creaban desde su mirada sobre estos animales. Pero Arnold ofrece mucho más cuando nos presenta a gente joven que vive en la marginalidad. Los protagonistas, más específicamente las protagonistas de Arnold, suelen ser de clase trabajadora, viviendo precariamente, afirmándose frente al riesgo de exclusión. La directora se reveló con Fish Tank en 2009, pero quizá su mejor película sea American Honey, en la que buscaba a sus personajes en una tribu de jóvenes que recorrían los Estados Unidos. Este año presenta en la sección oficial Bird, localizada en la ciudad inglesa de Gravesend, Kent.

Bailey (Nykiya Adams) es una adolescente de doce años, que vive en una especie de comuna con su padre, interpretado por Barry Keoghan, que no ha cumplido los treinta y que se comporta como un hermano mayor, algo caprichoso, exhuberante, a veces más infantil que la propia Bailey (su idea para hacer dinero consiste en sacar toxinas a un sapo para convertirlas en drogas alucinógenas). Es un mundo extraño en el que los adolescentes, casi niños, se organizan para dar palizas a hombres que maltratan a sus hijos. Y aquí se presenta Bird, el pájaro, interpretado por Frank Ragowski, un joven de identidad fluida que busca a su familia. Esta parte de la historia adquiere tintes fantásticos, pero rima temáticamente con el mundo de Arnold: la necesidad de afirmación y, sobre todo, la necesidad de defenderse contra el mundo de los adultos. La película resulta conmovedora al observar a estos jóvenes en un espacio perfectamente definido. Las aves tienen por supuesto un sentido simbólico, y hay cierta ambigüedad respecto al personaje de Bird, que suele aparecer encaramado en terrazas o pilones y que funciona como una figura peterpanesca que se opone al padre, dedicado pero juerguista. Al final se ha producido una transformación, pero la clausura es, necesariamente, precaria. El mundo y las vidas proseguirán. Nada acaba del todo.

Otras películas de este año funcionan como ventanas. Hoy se ha presentado en la sección Un certain regard, Vingt Dieux, de la realizadora.

Coppola regresa con 'Megalópolis' a Cannes: ¿hay que tomársela en serio o es un disparate?

Coppola regresa con 'Megalópolis' a Cannes: ¿hay que tomársela en serio o es un disparate?

Y hay películas que son como lienzos: micro-universos perfectamente construidos, acabados, cerrados. Yorgos Lanthimos epitomiza hoy por hoy el cine de lienzos. Sin que se hayan apagado los ecos del entusiasmo por Pobres criaturas, ya presenta el realizador griego su siguiente película en la competición por la Palma de Oro. Kinds of Kindness (Tipos de amabilidad), consiste en tres mediometrajes, siempre con Jesse Plemmons, Emma Stone, Willem Dafoe y Margaret Qualley. No es que haya un hilo conductor claro, no sé si el título precisa la conexión entre las tres partes, y sospecho que el uso de la palabra “amabilidad” es un desafío para que consideremos qué significa eso para cada uno de nosotros. En realidad centrarnos demasiado en el título, el sentido o la sustancia de la película nos distrae de sus placeres.

Y sus placeres están, al menos para quien esto escribe, en la concepción de un universo que es de Lanthimos, que tiene un sistema gravitatorio y unos ritmos distintos al nuestro, pero que está lo suficientemente cercano al nuestro como para que la tensión sea productiva. Tras dos películas oscarizadas en las que trabajaba con mundos ajenos, aquí vuelve a colaborar con su co-guionista de Canino, Efthimis Filippou, para ofrecernos historias que tonalmente recuerdan el mundo de Kafka, Donald Barthelme, George Saunders, David Lynch o Charlie Kaufman (quizá sea la presencia de Plemmons lo que trae ecos vívidos de la excelente y raruna I’m Thinking of Ending Things).

No serviría de nada detallar las tramas. La película funciona mucho mejor si el espectador va descubriendo sus secretos. Pero para ello, tendrá que mantenerse abierto, activo. No es necesario cerrar la interpretación o encontrar un sentido, pero dejarnos empapar por el mundo que proponen Lanthimos y FIlippou nos cambia, nos invita a pensar de otro modo. El primer episodio, quizá el más divertido, presenta a Plemmons como un empleado que decide que su jefe (Dafoe) determine todos los detalles de su vida (incluidos su peso y el número de páginas de Anna Karenina que ha de leer cada día). Si el espectador todavía no admira profundamente a Plemmons, que ya cuenta con una carrera que se remonta a las series Friday Night Lights y Fargo, y al que vimos hace un par de años en The Power of the Dog, lo hará ahora constatando su versatilidad en tres papeles muy distintos. En el segundo es un policía que no pierde la esperanza de que su mujer, desaparecida en una expedición, regrese, pero cuando lo hace empieza a sospechar que no es su mujer. En el tercero es el investigador de un culto que busca a una mujer que resucite a los muertos. También Stone logra con éxito establecer conexiones entre tres personajes muy diferentes en un mundo que no es el nuestro. 

Más sobre este tema
stats