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'Creedme': la súplica de una víctima de violación

Fotograma de 'Unbelievable', adaptación televisiva de 'Creedme'.

Sucedió una noche de 2008 en la localidad de Lynnwood, Washington. Marie estrenaba mayoría de edad cuando fue brutalmente violada por un hombre enmascarado en su propia casa. Al finalizar, el agresor le tomó varias fotografías y amenazó con difundirlas si acudía a la policía. Aun así, Marie denunció, pero nadie le creyó. La primera persona que sospechó de su relato fue Peggy, su madre adoptiva, que comparó la narración con un episodio de la serie policiaca Ley y orden. Más tarde lo hicieron los oficiales a cargo de las pesquisas. “A juzgar por sus respuestas y su lenguaje corporal, estaba claro que [Marie] mentía sobre la violación”, escribieron en un reporte.

Las irregularidades de aquella investigación policial, casi un antimanual de lo que no debe hacerse frente a crímenes sexuales, acabaron negro sobre blanco en A false report, un extenso y documentado trabajo de los periodistas T. Christian Miller y Ken Armstrong que aparece ahora en español en el sello Libros del KO con el título Creedme. Ambos reporteros trabajaban investigando sobre agresiones sexuales y su tratamiento en las comisarías cuando decidieron unir fuerzas y publicar al alimón esta obra que les valió el premio Pulitzer en 2016. La escalofriante sucesión de datos y testimonios, así como el paradigmático caso de Marie, fueron posteriormente llevados a la radio de la mano de la popular serie de podcastThis American Life. El 13 de septiembre será el turno de la televisión: Netflix estrena Unbelievable, la adaptación ficcionada de esta suplica de empatía.

Marie había tenido una vida complicada. Tras pasar por varias casas de acogida y dado tumbos por diferentes ciudades y colegios, en el momento de la agresión vivía sola por primera vez en su vida, tenía trabajo y un grupo de amigos. Los agentes le tomaron declaración numerosas ocasiones, llegando a recurrir a la Técnica Reid, un tipo de interrogatorio especialmente manipulador y reservado para sospechosos de atraco. La joven pasó de ser la víctima a convertirse en objeto de la investigación policial. Agobiada, agotada y dudosa de todo, terminó firmando una declaración en la que se retractaba de su denuncia. Aquello arrasó con la poca estabilidad emocional y económica que había conseguido. 

Los medios de comunicación tradicionales se hicieron eco de la noticia. La carroña cibernética también. False Rape Society, un blog que se dedicaba al recuento de noticias falsas, publicó dos entradas sobre el tema: “Nuevo caso en la aparentemente interminable catarata de denuncias falsasdenuncias falsas de violación. Y, una vez más, la acusadora es una joven”. Incluso una de sus amigas creó una página web donde hablaba de Marie y de su mentira sobre la violación. La virulenta respuesta de su entorno, que en la práctica se evaporó de su día a día, se terminó en 2011 cuando fue detenido Mark O’Leary, agresor sexual reincidente que almacenaba en su cámara de fotos cientos de fotografías de sus víctimas. Entre ellas, estaba Marie.

En su relato, Creedme yuxtapone las dramáticas consecuencias de una investigación negligente con la pulcritud y dedicación de otros equipos policiales que desembocaron en la captura de O’Leary. Cada página pone de manifiesto la falta de credibilidad que históricamente se ha concedido a las mujeres que sufren este tipo de crímenes. “Esperaban que [Marie] estuviera histérica, pero no era así. No podían entender el tono de su voz, cómo parecía estar emocionalmente distante”, explicaba Armstrong en una entrevista.

La mayoría de los personajes que aparecen en el libro -vecinos de las víctimas, testigos, agentes- opina sobre cuál cree que es la reacción natural ante una agresión sexual. En un artículo de 1995 publicado por la Asociación Internacional de Jefes de Policía y recogido en el libro se describía de esta manera la respuesta habitual de una víctima de violación: “Por lo general, la actitud y el aspecto de una víctima legítima de violación no frece dudas de que se ha cometido un crimen. En esos casos, la víctima está muy agitada, harto inquieta desde el punto de vista emocional; suele presentar histeria, cortes, cardenales o heridas. […] Se pueden tener dudas razonables sobre la validez de las acusaciones de violación si existen pocos o ninguno de estos indicios”.

“Las investigaciones demuestran que, cuanto más íntimo es un delito, más gente se centra en el comportamiento de la víctima. Y, huelga decirlo, no hay delito más íntimo que la agresión sexual”, valora en esas mismas páginas Joanne Archambault, antigua subinspectora de Policía y experta en la materia. Toda esa nebulosa de sospechas entorno a este tipo de agresiones derivan en que en Estados Unidos solo una de cada cinco mujeres llama a la policía después de ser violada, según los autores de esta investigación.

Otros datos también subrayan que, en Estados Unidos, solo entre el 2% y 8% de las acusaciones por delitos de violación son falsas, recuerdan Miller y Armstrong. Pese a ello, los agentes de Lynnwood que atendieron a Marie tras haber sido agredida decidieron basarse en su instinto en lugar de escuchar a la víctima y comprobar su relato. Cuando Marie empezó a ser tratada como una sospechosa, se rindió ante la presión. “Era la manera más sencilla de salir de allí –explicaba Armstrong en una entrevista–. Así que se retractó. Y, de acuerdo a como lo describe [Marie], cuando se desdijo, apareció una tremenda sensación de alivio”. Habían conseguido que hasta incluso ella misma desconfiase de sus palabras. 

 

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