Libros

Más editores que nunca

Feria del libro de Madrid.

Eva Orúe

Quizá esté harta de que lo traigan a colación, pero me animo a hacerlo porque, creo, fue un pequeño acontecimiento y, posiblemente, un revulsivo.

En 2006 (parece que fue hace siglos, pero…) Beatriz de Moura publicó en La Vanguardia un artículo de opinión en el que pudimos leer:

“Es sabido que las tortugas de mar recorren millas y millas para depositar miles y miles de huevos, de los que salen miles y miles de tortuguitas que, apenas rotos sus cascarones, corren desesperadamente por la arena hacia el mar antes de convertirse en pasto de pajarracos y peces de toda suerte para los que son manjar de dioses. Cuentan los estudiosos que apenas terminan por sobrevivir, siendo optimistas, un centenar, ¡y aún! Pues bien, lo mismo ocurre con miles de pequeñísimas editoriales que en los últimos diez años han proliferado en España y que ni siquiera sobreviven al quinto libro publicado.”

Exageraba, claro. ¿”Miles de pequeñísimas editoriales”? No eran tantas, aunque sin duda, eran muchas. Y verse así descritas no fue de su agrado. Algunas se sintieron aludidas, otras se mostraron indignadas.

Pero la editora de Tusquets tenía razón, y son legión las que no han sobrevivido: la falta de proyecto, los errores involuntarios, la crisis económica general y particular la crisis del mundo editorial han sido los factores que, juntos o por separado, han condenado a un sinfín de bienintencionadas editoriales.

Otras tantas, sin embargo, se han consolidado y al hacerlo, han alterado sustancialmente el panorama del libro. Constituyen una sólida generación editorial integrada por gentes de distinta edad, extracción social y formación cuyo éxito tiene que ver con la ilusión, las ganas y la capacidad de estos editores de nuevo cuño pero también con la eclosión de las (ya no tan) nuevas tecnologías.

“Hacerse editor es relativamente más fácil —admite Irene Antón, de Errata Naturae—, se puede gestionar una editorial sin tener una gran estructura, dando trabajo a colaboradores esporádicamente y trabajando tú como una mula. Eso facilita que accedan a este trabajo muchas personas que de otra manera no hubiesen accedido, en otras generaciones exigía más dinero y solo llegaba una determinada clase social o gente con habilidad para los negocios.”

Se ha producido una fractura. “El mundo editorial es súper endogámico, una labor familiar que se transmite de padres a hijos…”, corrobora David Villanueva de Demipage quien, quizá porque sabe que siempre ha habido excepciones a esa norma, añade: “…más o menos. En España ha ocurrido eso hasta hoy y los pequeños han significado una amenaza contra todas las editoriales consagradas”.

¿Qué hay de nuevo en este viejo sector?

Los editores que nos ocupan, y algunos actores más del sector (el recientemente fallecido Javier Cambronero, de la distribuidora UDL, auténtico vivero editorial), se dieron cuenta de que la deriva de los grandes grupos dejaba territorios libres para editores más pequeños. Y éstos no desaprovecharon la oportunidad, y aportaron, en palabras de Jan Martí Cervera, de Blackie Books, “nuevas colecciones, nuevas maneras de llegar al público”. Eso, “y la demostración de que se puede ser rentable con una estructura pequeña”.

Los caminos elegidos fueron variados. Hay quien ha elaborado su catálogo básicamente a partir de títulos libres de derechos, es decir, textos que se podían editar sin pagar un duro. Eso sí, encargaban nuevas traducciones, incluso los iluminaban con ilustraciones realizadas ex profeso. Lo cual ha redundado en una mejora indiscutible del fondo, lastrado por traducciones y ediciones manifiestamente mejorables.

No es el caso de los tres con los que hemos hablado quienes, no obstante, se muestran respetuosos con esa opción: “Sí, hay editores que apuestan por autores por los que no pagan derechos. Puede ser por una razón financiera, pero es loable, si tú eliges ese camino puedes crear un gran catálogo”, aplaude Villanueva quien, sin embargo, se sitúa lejos de esa opción. “Yo no creo en eso, pero no creo para mi catálogo, porque yo creo que un editor es alguien que divulga pero también es alguien que descubre, que se la juega intentando descubrir nuevos valores”.

Y el riesgo es bien real, máxime para quienes viven precaria y peligrosamente. “Las editoriales grandes —nos explican desde Blackie Books— pueden permitirse perder dinero con un 85% de sus apuestas, y recuperarlo y generar beneficios con un 15% de bestsellers (¡imagínense ser el autor de uno de los libros del 85%!). Nosotros intentamos generar beneficio con cada uno de nuestros libros, y de momento lo estamos consiguiendo.” Eso exige ser responsables con cada apuesta, lo cual no significa no arriesgar, “sino apoyar al máximo cada libro, durante mucho tiempo, para ayudarlo a encontrar su público y poder sentir que ese riesgo que tomamos ha valido la pena”.

Paradójicamente, en el tiempo transcurrido desde la publicación del artículo mencionado más arriba, son los paradigmas de la independencia editorial, Tusquets (que ha entrado en la órbita de Planeta) y Anagrama (que será heredada por la italiana Feltrinelli), las que se han visto forzadas a renunciar a su estatus, un camino que antes emprendieron otras.

La extraordinaria labor de De Moura y Herralde, editores de una estirpe a la que también pertenecen grandes como Manuel Borrás (Pre-Textos) por no citarlos más que a ellos, fue el espejo en el que estos editores se miraron cuando eran alevines. Me pregunto si piensan que mañana seguirán el mismo camino…

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Feria del Libro de Madrid

“No observamos la posibilidad de integrarnos en un gran grupo, nos gusta el trabajo tal y como lo hacemos —me dice Irene Antón—. Cuando te compra otro te tienes que integrar, acabas cediendo muchos territorios de libertad o de capacidad de exploración, para amoldarte a ese lugar nuevo. No sé cómo será el futuro, no puedo predecirlo, y nosotros apreciamos esta libertad que tenemos mientras los lectores nos respalden.”

Entonces, ¿por dónde pasa su futuro? “Por lo que en USA se llama un negocio non-profit —explica Jan Martí Cervera—. Seguir reinvirtiendo todo lo que ganamos en más libros, más proyectos de libros, más ideas alrededor de ellos. A nosotros nos basta con nuestro sueldo, no hay un plan de crecimiento más allá de esa autofinanciación de los libros.”

En definitiva, se ven donde se ve Villanueva: “En la lucha, y siempre sintiendo que te puedes equivocar, pero que vas haciendo cosas”. Editando, pues. Y por muchos años.

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