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Literatura

Las hijas de Mary Shelley

La famosa escritora de ciencia ficción Mary Shelley.

La muerte de Ursula K Le Guin, una extraordinaria escritora a la que los letraheridos han rendido cumplido homenaje, ha permitido colocar en las primeras páginas de los medios, siquiera sea el tiempo que dura el dolor y se extiende el reconocimiento, un género literario habitualmente minusvalorado: la ciencia ficción. Más aun cuando quien lo practica es una mujer.

Y eso a pesar de que en el origen de la ciencia ficción hay una mujer: Mary Shelley, creadora de FrankensteinFrankenstein, quien años más tarde reincidió con El último hombre, convirtiéndose así en "pionera del género postapocalíptico que hoy tanto gusta en cifi". Lo dice Enerio Dima, escritora e ilustradora, antes de denunciar que "a día de hoy es muy difícil conseguir obras de la propia Le Guin y de otras grandes como Octavia Butler o Margaret Atwood: hace apenas un año, en España no se podía comprar El cuento de la criada". Sin embargo, Asimov, Philip K. Dick o George Orwell nunca han desaparecido de las librerías. "Si las mujeres se descatalogan al poco de publicarse y los hombres permanecen, es lógico que se acabe dando una imagen de que este se trata de un género propio de los chicos, cosa que nunca ha sido".

Claro que, como apunta Carme Torras, la preponderancia de los varones es general en la mayoría de ámbitos y se acentúa en aquellos que tienen que ver con la ciencia y la tecnología. Ella, que es profesora de investigación en el Instituto de Robótica e Informática Industrial (CSIC-UPC) de Barcelona además de escritora, lo sabe bien. "La ciencia ficción todavía se percibe como ligada a la tecnología futurista y las luchas galácticas cuando, a mi entender, es el género literario que mejor puede abordar (y aborda) cuestiones sociales que nos atañen a todos y que suelen interesar más a las mujeres, como la evolución acelerada que estamos sufriendo y los problemas que dejaremos a las generaciones futuras si no les ponemos remedio".

Como dijo el colombiano René Rebetez, "la ciencia ficción no es sólo un género literario, sino algo más: un estado de conciencia". Tiene, además, la capacidad de cambiar la realidad o, al menos, de abrir caminos. Asimov fue un pionero al plantear sus famosas tres leyes de la robótica. "De hecho ―dice Torres― en algunas universidades se utilizan obras de ciencia ficción para motivar a los alumnos en estos cursos". Lo sabe por experiencia propia: su obra La mutación sentimental será publicada en marzo por MIT Press, una prestigiosa editorial de textos científicos y tecnológicos.

Creando mundos

"He escrito novelas de intriga y psicológicas, pero las de ciencia ficción son las más ambiciosas y en las que mejor he logrado ilustrar las implicaciones sociales y éticas de las tecnologías que estamos desarrollando", asegura. Ella, especialista en robótica, transita con conocimiento de causa el camino que va de la ciencia real a la ciencia ficción, y sabe de la exigencia de verosimilitud que su formación le impone "no como una molestia, sino como una vía de exploración sincera de los beneficios y riesgos que comportan los robots sociales en que estamos actualmente trabajando". En su última novela Enxarxats, aborda las implicaciones de internet y las redes sociales en que vivimos inmersos y lo hace sirviéndose de su trabajo en informática e inteligencia artificial "para aumentar la intriga y suscitar en el lector la duda de qué es real y qué es ficticio en lo que describo".

Enxarxats demuestra la vitalidad de la ciencia ficción escrita en catalán (representada por la Societat Catalana de Ciència Ficció i Fantasia), en cuya genealogía encontramos a autoras relevantes como Rosa Fabregat, "la gran dama de la ciencia ficción catalana, farmacéutica de profesión y que hace más de 30 años, en su novela Embrió humà ultracongelat núm F-77, anticipó las posibilidades y dilemas que plantean las técnicas de reproducción asistida".

El caso es que, "hasta hace relativamente poco, cuando cualquier persona del planeta pensaba en alguien que escribiera ciencia ficción, pensaba en un varón, blanco y occidental. Históricamente, este tipo de literatura estaba emparentada con las novelas de aventuras y de viajes, y con la ciencia, territorios transitados mayoritariamente por varones. Los hombres accedían a las carreras técnicas y científicas, y se interesaban más por todo lo relacionado con ellas, lecturas incluidas". Lo afirma Cristina Jurado, escritora de ciencia ficción, fantasía, terror y new weird, y editora de antologías y de la revista SuperSonic, en cuya opinión el cambio comenzó a mediados del XX, cuando "asistimos a una paulatina incorporación de las mujeres  al mundo laboral y a todas las ramas del saber. Sus aportaciones comenzaron a ser consideradas, tímidamente al principio, para ir adquiriendo una mayor visibilidad a partir de los últimos años del siglo pasado y los primeros de este que nos contempla. Todo esto ha hecho que las editoriales estuvieran más predispuestas a publicar a autores: ellos eran quienes enviaban manuscritos, copaban las apariciones en los medios y en las convenciones... Pocas mujeres se animaban y, las que lo hacían, debían luchar contra los prejuicios de los editores, de los lectores varones, de los medios...".

Nacida en 1972, Jurado es consciente de la importancia de ese reconocimiento público, tener un espejo en el que mirarse. "Recuerdo que en mis comienzos no se me ocurría colocar a personajes femeninos en funciones activas, como emprendedoras. Poco a poco me di cuenta de que estaba reproduciendo los roles de género socialmente adquiridos. Es muy peligroso encasillar a personajes en roles preconcebidos.".

Evidentemente, en la Edad de Oro de la ciencia ficción, la dominada por los Asimov, Bradbury o Clarke, "la sociedad no era igual que ahora, pero la ciencia ficción, como literatura que se basa en imaginar distintos futuros o pasados y presentes alternativos, debería ser la punta de lanza a la hora de reflejar distintos tipos de sociedad. Si podemos imaginar que viajamos a Alfa Centauri a velocidades supersónicas, ¿por qué no imaginar sociedades que no se basen, o no solo se basen, en los roles tradicionales impuestos por el patriarcado?".

¡Zasca!

Una referencia ésta que me devuelve al tema central de este texto. Porque de las respuestas de mis interlocutoras se deduce la importancia de la perspectiva de género en la ciencia ficción y la fantasía femeninas…¡Alto ahí! ¿Literatura femenina?

 "Da la impresión de que lo que escriben las mujeres es una categoría propia y separada, de mujeres y para mujeres, y no es así", argumenta Dima, y Jurado la apoya: "Prefiero ciencia ficción y fantasía 'escritas por mujeres'. Porque estos géneros literarios no son territorio exclusivo de hombres o de mujeres (sin contar con quienes no se identifican con ningún género normativo) sino de personas".

Tienen razón, por supuesto. "Si me preguntas si, cuando las mujeres escriben cifi o fantasía, incluyen una perspectiva de género, te diré que depende de la autora", asegura Dima, en el bien entendido de que la escritura es un hecho intrínsecamente ligado a las experiencias personales y por ello es lógico que las mujeres aporten una perspectiva de la que los hombres carecen. "No obstante, el canon literario actual es muy masculino, lo que en muchos casos hace que las propias mujeres adapten (de forma inconsciente incluso) sus escritos a lo que el canon masculino supone. Por ello es muy importante buscar a autoras en general, pero también en especial a aquellas que aportan un punto de vista distinto al canon y descubrir que eso también puede ser calidad, que nuestras experiencias merecen ser contadas".

La cuestión es, apunta Cristina Jurado, que llevamos décadas estudiando las artes desde el punto de vista de lo tradicional, de lo que era considerado la norma, de los socialmente aceptable. Y no era un punto de vista igualitario. "Nunca se tenía en cuenta el rol de los personajes femeninos o queer, por ejemplo y, cuando se hacía, era desde la mirada masculina, sin tener en cuenta otras consideraciones. Se estudiaba el camino del "héroe" en fantasía, los "superhéroes" en cómics, los "guerreros" como Conan, Hari Sheldon, "los astronautas", el Dr. Who (no ha sido hasta ahora que ha pasado a ser encarnado por una mujer)... Si queremos desmontar los estereotipos debemos comprenderlos y superarlos. Por ello, creo que la mirada feminista permite comprender la literatura de una manera más global".

Una habitación propia

La brecha de género… literario

La brecha de género… literario

¿Dónde encontrar a estas autoras? La web La nave invisible ofrece una lista (en la que incluso aparece Emilia Pardo Bazán) y en la que comprobamos que muchas autoras optan por la autopublicación. ¿Por qué?, pregunto a Laura Morán y Laura S. Maquilón. ¿No hay editoriales, no quieren arriesgarse, no hay lectores…? "Por ninguno de los motivos que has señalado", responden (¡vaya artículo que llevo!). "Sí que hay editoriales, sí que quieren arriesgarse y sobre todo sí que hay lectores. La autopublicación es solo una vía más para que las autoras lleguen a su público que, en última instancia, es lo único que importa. A veces la única razón es tener las riendas de todo el proceso de publicación".

En cuanto a la existencia de un medio súper especializado como el suyo, defienden su necesidad "porque este es un campo en el que las voces de las mujeres están todavía más silenciadas que en el resto". Si ya se lee poca literatura de género española, la ciencia ficción y la fantasía escrita por mujeres ha tenido todavía menos relevancia en la historia. "Pero no significa que no hayamos tenido nuestros propios referentes. Las más sonadas siempre han sido Elia Barceló y Rosa Montero en ciencia ficción, y Pilar Pedraza en terror gótico. Sin embargo, Lola Robles lleva gran parte de su vida trabajando en la bibliografía de autoras de género fantástico, desde Emilia Pardo Bazán hasta la actualidad, pasando por María Victoria Rodoreda o Ángeles Vicente".

Como dice Dima, que colabora con ellas, hay que reservar esos espacios: cuando no se hace, los autores copan el hueco por completo. "Mi sueño es que un proyecto como La Nave no tenga que existir porque deje de ser necesario. Pero, mientras tanto, nos vemos en la obligación moral de rescatar y revindicar a todas esas mujeres, de dejar que se oigan sus voces".

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