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Premio Cervantes

Juan Goytisolo: “Digamos bien alto que podemos”

Sin el tradicional chaqué ni tampoco chilaba. Prometió que a sus 84 años no se “disfrazaría” para recoger el galardón que culmina una extensa y prolífica carrera de más de seis décadas. A su llegada al Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el escritor barcelonés Juan Goytisolo, abrumado “como Luis Bárcenas al llegar al juzgado”, ha insistido en que ni va ahora ni fue nunca “buscando premios”. Viéndolo desde más allá de sí mismo, como un “doble” de su propio ser, ha recibido hoy no obstante, y por primera vez de manos de Felipe VI como rey, el mayor reconocimiento de la literatura en castellano, el Cervantes de las Letras.

Llevaba traje de chaqueta y corbata verde de rayas que aseguró cuenta más de 35 años. Parsimonioso, elegante en esa época de su vida que dice abominar, la vejez, se dirigió a su estrado para pronunciar un discurso somero, sintético, haciendo gala de su capacidad extraordinaria de expresar el máximo con los mínimos recursos, en el que reivindicó con fuerza y lucidez una solución común a los problemas que atraviesa el país. Con el título de A la llana y sin rodeos, disertó Goytisolo sobre los tiempos que corren —“el panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social”, dijo—, y estableció un paralelismo entre su propio devenir y el de Miguel de Cervantes, el primer gran narrador en español de quien hoy se conmemora su muerte hace 399 años.

Mediano de tres hermanos escritores, el fallecido poeta José Agustín y el menor Luis, Juan Goytisolo aseguró que “los escritores se dividen en dos esferas: quienes conciben su tarea como carrera y quienes la conciben como adicción”. Inserto por determinación en el segundo apartado, el escritor reconoció sus inicios en el primero, desde donde pasó de ser “literato” a transformarse ya para siempre en un más humilde “aprendiz de escribidor”. El “dulce señuelo de la fama”, afirmó Goytisolo, sería “patético” si no fuera porque es de por sí “absurdo”. No lo persigue por ello, porque reniega de la “actualidad efímera” en pos de la “modernidad eterna de las obras destinadas a perdurar”.

"¿Cuántos lectores de El Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció (Cervantes)?, preguntó el autor de Makbara y otras seis decenas de obras en prosa, poesía, ensayo y reportaje periodístico, que han levantado un sólido puente entre dos culturas, la occidental en la que nació y la musulmana que lo adoptó. Residente en la medina de Marrakech, en Marruecos, desde mediados de los años 90, enclave a cuyos habitantes dedicó el premio, así como a la memoria de Francisco Márquez Villanueva, catedrático de la Universidad de Harvard, Goytisolo reivindicó como patria el español, siendo su nacionalidad la cervantina, esa que ya reclamó para sí Carlos Fuentes, y que él abraza por su “instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido”.

"Fin de la cita"

Aunque volátil, no ha dejado de hacer referencia Goytisolo a la más estricta actualidad, que también pone al autor de La Galatea en primera línea de fuego al conmemorarse este 2015 el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de su gran obra. “En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel?”, subrayó Goytisolo que, aunque no incluida en el texto de su discurso no pudo dejar de lanzar una pulla al ausente presidente del Gobierno Mariano Rajoy, al soltar después de una frase un pícaro “Fin de la cita”. Declarada ya su “simpatía” por Podemos, el partido de Pablo Iglesias, el escritor concluyó con un llamamiento de claro doble sentido: “Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”.

Indignado, porque “hay muchos motivos”, e igualmente dolido por la situación que atraviesa España, Goytisolo no coincidió en su radiografía de la realidad con la que presentó en su discurso el ministro de Cultura, José Ignacio Wert. Mientras que al autor de Juego de manos le preocupan coyunturas como que “más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro”, de acuerdo con el político, que realizó un repaso de la vida y obra de Goytisolo, poniéndolo en relación con otros miembros de su generación, “hoy felizmente Jaime Gil de Biedma, casi coetáneo de Goytisolo, no tendría la tentación de escribir esos versos hermosos y desgarradores que dicen que De todas las historias de la Historia, sin duda la más triste es la de España, porque termina mal ni otro destacado miembro de la Generación del 50, el poeta Ángel González volvería a escribir Nada es lo mismo, nada permanece. Menos la Historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten". "En eso hemos ganado”, sentenció Wert.

Siempre lúcido y muchas veces incómodo, prohibido por la censura franquista y autoexiliado primero a París y en estos años en Marruecos, homosexual declarado en unos tiempos oscuros para la libertad personal, Goytisolo es un gran conocedor del mundo árabe y su lengua, que domina a la perfección. Siguiendo la tradición, dejó hace unos días en depositó dos manuscritos en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, que se abrirán en 2031, en el centenario de su nacimiento. “Cervantear”, resumió, “es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias”.

Discurso de José Ignacio Wert.

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