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Leandro Cano, la moda con mujeres mayores que desde Jaén fascinó a Lady Gaga

Leandro con integrantes de la asociación

Ventas del Carrizal es una pedanía jienense de medio millar de habitantes, perteneciente al municipio de Castillo de Locubín y atravesado por la carretera nacional que conecta Granada con Badajoz. Y aunque su actividad económica deriva principalmente de la agricultura y el transporte, es un lugar donde, acercando lo suficiente la lupa al mapa, puede verse a un grupo de mujeres haciendo punto de cruz, macramé, crochet, bordados...

Técnicas artesanales de costura que son a su vez la actividad primordial de la asociación creada por Leandro Cano (Ventas del Carrizal, 1984) en su pueblo natal, formada íntegramente por mujeres entre sesenta y noventa años y que llegó a fascinar a divas internacionales como Katy Perry o Lady Gaga. "Lo de Lady Gaga fue bastante interesante cuando nos llamó diciendo que quería todas las prendas para un videoclip y nos compró más de media colección. Eso fue además el segundo año de la marca, en 2013", rememora divertido y con orgullo el diseñador en conversación con infoLibre.

Fue en 2012 cuando Cano creó su propia marca, con la que ha llegado hasta capitales de la moda como Nueva York, Berlín, París o Madrid. Todo empezó con el fallecimiento de su abuela -"la que me crio toda la vida", remarca-, pues era quien de alguna manera "coordinaba" toda la costura en el pueblo, por lo que el resto de mujeres "estaban por casa siempre". Ese fue el punto de inflexión a partir del cual el joven Leandro tomó la decisión trascendental.

"Al morir mi abuela, la gente se dispersó y yo decidí que me gustaría que no se cerrara la casa, porque cerrar la casa era como si realmente ella se hubiera ido. Por eso me apetecía tener la casa abierta, porque así de alguna manera la abría a ella y sus amigas volvían a estar activas. Así creé esta asociación de mujeres mayores del pueblo con la que seguimos intentando que se perpetúe la artesanía y todo lo que llevamos trabajando durante tanto tiempo", explica.

Una improbable batalla en la que estas mujeres son las manos de Leandro en su lucha permanente por llamar la atención de un Goliath al que demostrarle todo su potencial. "Somos pequeños entes en un mundo gigantesco y solos no podemos hacer nada, pero dando pequeñas voces a lo mejor alguien nos escuchará", apunta, destacando la ayuda de estas costureras. Ellas son sus artesanas: tejen, bordan, cosen, sugieren cambios en el patrón, ayudan a mejorar la pieza... y quieren seguir trabajando, traspasando su conocimiento y sintiéndose valoradas. Se ríen, charlan y se divierten mientras elaboran las piezas todas juntas alrededor de una mesa camilla. Y son las mismas que le vieron nacer, crecer y que le criaron junto a su familia.

De ahí la importancia de la mujer en la vida y la obra de Leandro, que es quien es por la influencia directa de una matriarcado formado por su abuela Carmen, su hermana Priscila, su madre María y su sobrina Carmen. Ellas estuvieron siempre ahí cuando se convirtió en una adorable (e improbable) anomalía interesada por la moda en un pueblo en el que nadie entendía eso: "Empecé estudiando fotografía y diseño gráfico y más tarde hice moda. En mi vida había visto una revista de moda o nada que tuviera que ver con moda. Pero sí que había una cierta inquietud por parte de mi madre que es como muy llamativa ella a la hora de vestir, peculiar, y yo quería de alguna manera reivindicar a mi madre. Ella fue la que me inculcó y me sacó ese mundo más de la moda".

Esa influencia le llevó a adentrarse profesionalmente en este mundo y a poner en marcha la asociación con toda la determinación. "La mujer, el mundo rural, la despoblación rural y la artesanía son las bases de mi trabajo desde el principio", resume, añadiendo acto seguido que vive "por y para las mujeres", pues le "ayudaron en momentos complicados" de su vida, desde el bullying de la infancia hasta este presente en el que sigue apostando "por y para" su pueblo y su provincia: "Soy muy de aquí, me encanta rehabitar esta zona que está tan despoblada, ahora que se lleva tanto hablar de despoblación rural. Yo me considero muy de aquí y siento que lo que Jaén tiene conmigo es una necesidad. Se trata de que no esté todo tan localizado en Madrid y Barcelona porque, además, hay mucha gente que vive fuera de ahí y que necesita de su visibilidad".

Con el lógico orgullo, habla Leandro de "sostenibilidad social" al referirse a la asociación, pues, según explica, "de alguna manera" así les pudo dar a las mujeres de su pueblo una "segunda vida", puesto que ellas mismas consideraban que por edad ya no estaban para hacer nada más. "Las obligué un poco, no voy a negarlo", reconoce con media sonrisa, y aún prosigue: "Me costó mucho que lo entendieran y que me entendieran a mí, pero finalmente lo hicieron y están súper orgullosas. Tienen al lado de sus televisores las prendas en las que han participado al lado de las fotos de comunión de sus nietos. Fue duro, pero es muy gratificante porque saben lo que quiero, me conocen y ese es nuestro fuerte".

En todo este proceso de trabajo diario, la pandemia fue un período especialmente "difícil" puesto que seis de las mujeres murieron por covid. En plena remontada, lamenta el diseñador que cada vez haya menos personas mayores para mantener estas artes tradicionales, aunque al mismo tiempo pone en valor que hay jóvenes interesados en "reavivar todo esto". "Hay jóvenes que tienen una visión un poco más actualizada de que esto no es de sus abuelas, como puedo ser yo en este caso por tener un cierto reconocimiento y visibilidad más mediática. Eso les puede llamar la atención y ese es el plato fuerte que nos hace convencerles", explica.

A pesar de las dificultades, o precisamente espoleado por ellas, defiende el valor cultural de lo que hacen y lamenta el escaso apoyo público para mantenerlas. "Para mí, sin duda, la artesanía es cultura y hay que potenciarla, promoverla, que no caiga, que no desaparezca, porque es un patrimonio cultural nuestro que estaríamos perdiendo. Yo lo veo clarísimo, a ver si las instituciones lo ven", argumenta, para luego detallar: "Nosotros hacemos una colección artística al año que deriva en diferentes colecciones comerciales. Pues en esa colección artística me considero que soy un poco más artista".

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Ventas del Carrizal es el punto de partida de todas esas colecciones. El epicentro desde el que todo comienza. En la asociación hacen las técnicas artesanales y, a partir de ahí, en muchas ocasiones se acaban y se ensamblan las piezas en otros talleres o en el taller propio que tienen en Madrid. Todo elaborado a la manera tradicional, con ese cariño especial que no tienen las cadenas de montaje, "saltando obstáculos" en una carrera larga con tantísimos contrincantes. "En ocasiones lo valoran más fuera de España que en España, más lejos que cerca", lamenta. 

Y remata: "Son diez años y ahora se ve un poquito la luz al final del túnel. Y hago lo que quiero y vivo como puedo. Pero es muy satisfactorio levantarte todos los días sabiendo que estás haciendo algo que te gusta y que además es un bien social y material. Es muy gratificante porque con nuestros diseños no dejamos de embellecer y engrandecer a la persona en sí, lo cual es muy bonito".

Una concepción de la moda como medio de expresión a través del diseño, tratando a las prendas como auténticas obras de arte, que le ha otorgado multitud de reconocimientos internacionales y la oportunidad de trabajar con Marc Jacobs. Muchas de sus piezas han sido expuestas en el Museo de Artes Decorativas de Frankfurt y, por ejemplo, presentó su colección artística Ofrenda en la Semana de la Moda de París en 2019. Además, ha realizado el vestuario de la obra de teatro Los cuerpos perdidos (Carlota Ferrer), y ha vestido para sus trabajos a la bailaora Rafaela Carrasco o las cantantes María José Llergo y Zahara.

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