Harry Potter y las espinosas bodas de plata

J.K. Rowling junto a Rupert Grint, Daniel Radcliffe y Emma Watson durante el estreno de la primera película de la saga en 2001: 'Harry Potter y la piedra filosofal'.

"El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías".

Era un inicio tan inofensivo que nadie pareció vislumbrar la sacudida que se avecinaba en el mundo editorial. Y sin embargo… "Este es un libro que hace una defensa inexpugnable del poder de la narración fresca e inventiva frente a la fórmula de terror y el romance enfermizo".

La reseña que el 18 de junio de 1997, pronto hará 25 años, publicó el diario The Scotsman levantó la liebre. Unos días más tarde, The Guardian citaba esa pieza en un artículo titulado Autora debutante y madre soltera vende libro infantil por 100.000 libras esterlinas, cuyo autor, Dan Glaister, no salía de su asombro. "Suena como una película: una madre soltera recorre las calles lluviosas de la ciudad, empujando a su bebé recién nacido en su cochecito. Con el bebé dormido, ella se sienta en los cafés tomando café y garabateando un cuento infantil". Tres años más tarde, la joven madre vendió su historia terminada a un editor, dos estudios de Hollywood están interesados y acaba de entregar su segundo libro.

A esas alturas, Harry Potter y la piedra filosofal, de la "divorciada sin blanca Joanne Rowling", era "la comidilla del mundo editorial". El cronista explicaba que el libro había proporcionado a su autora un escape de la servidumbre diaria de su vida en Edimburgo. "Simplemente me sentí como una no persona, estaba muy abajo y tenía que lograr algo. Sin el desafío, me habría vuelto completamente loca", declaraba la debutante, de 31 años.

Unos meses después, Rowling se sinceraba en The Independent. "Nunca soñé que esto sucedería". La periodista Ann Treneman tomaba nota de que la novelista hacía esas declaraciones "mientras su hija Jessica, de cuatro años, juega con un muñeco de Hércules a su lado" y explicaba que la historia de cómo surgió Potter era casi tan interesante como el propio niño mago: tuvo la idea en 1990 durante un viaje en tren de Manchester a Londres. "Fue extraordinario porque nunca había planeado escribir para niños. Harry vino a mí de inmediato, al igual que la escuela y algunos de los otros personajes como Nearly Headless Nick, el fantasma cuya cabeza no está del todo cortada. El tren iba con retraso y durante horas me senté allí, pensando y pensando y pensando." Cuando llegó a casa, empezó a escribir la historia de ese niño, al que calzó unas gafas porque quería demostrarle al mundo que él también era vulnerable.

El resto es historia, y muy probablemente, una historia que quienes ahora me leen habrán leído, o de la que sabrán mucho. Potter dejó pronto de ser un fenómeno literario para convertirse en un fenómeno cinematográfico… era sólo el comienzo, lo que el niño mago tocaba con su magia se transformaba en fans y dinero, y en un tiempo en el que no había Internet y las redes sociales ni siquiera estaban en la imaginación de unos pocos.

Al calor del éxito... las polémicas

"No tengo la menor idea de dónde vienen mis ideas o cómo funciona mi imaginación. Simplemente estoy agradecida de que lo haga, porque me brinda más entretenimiento que a cualquier otra persona." Rowling se manifestó en esos términos en el año 2000, cuando su saga ya había conquistado el mundo. Pero la lista de posibles influencias es larga, y en alguna ocasión ha sido conminada a reconocer su deuda.

En Art, Information, Theft and Confusion, Ursula K. Le Guin reflexionaba sobre la diferencia entre ser influenciado por un trabajo ajeno y admitirlo, y ser influenciado por un trabajo ajeno y no admitirlo. A modo de ejemplo de la segunda posibilidad, citaba lo que Harry Potter debía a su obra Un mago de Terramar. "Yo no inventé la idea de una escuela para magos; si alguien lo hizo fue T.H. White, aunque lo hizo en una sola línea desechable y no la desarrolló. Fui la primera en hacer eso. Años más tarde, Rowling tomó la idea y la desarrolló en otras líneas. Ella no plagió. Ella no copió nada. Su libro, de hecho, difícilmente podría ser más diferente del mío, en estilo, espíritu, todo. Lo único que me irrita es su aparente renuencia a admitir que alguna vez aprendió algo de otros escritores". Una actitud que le parecía poco generosa y, a la larga, imprudente.

Aunque para imprudente, Nancy Stouffer: acusó a Rowling de haber copiado ideas y personajes de su libro La leyenda de Rah y los muggles. Sin embargo, la justicia determinó que la mentirosa era ella, y que incluso había alterado documentos para apoyar su caso. Nada nuevo bajo el sol.

Tampoco es novedad que los más fanáticos, los más cerriles, la tomen con una obra a la que consideran portadora de los siete males. Un episodio entre varios posibles: en un aquelarre que se nos antojó propio de otros tiempos (cuando en realidad era solo el comienzo de los nuevos), centenares de libros de Harry Potter fueron lanzados a la hoguera en una comunidad cristiana de Alamogordo (Nuevo México). "Detrás de esa carita de ángel se esconde el poder satánico de las tinieblas", bramó el pastor Jack Brock. "Harry Potter es el diablo y está destruyendo a la gente".

La polémica, ya lo leen, acompaña a la autora y a sus personajes desde el inicio. Y sigue. Con la particularidad de que, en tiempos recientes, la generadora de controversia es la escritora; y no por sus escritos.

Empecemos por el final. En las recientes celebraciones del 20 aniversario de las películas de Harry Potter, la mujer que está en el germen de todo brilló por su ausencia. El mucho trabajo, dijeron algunos, la retenía lejos; pero otros apuntaron a las malas relaciones que sostiene con quienes encarnaron a sus personajes. "No estoy necesariamente de acuerdo con todo lo que dice mi tía, pero sigue siendo mi tía. Es complicado", reconoció Rupert Grint (la "tía" es J.K.). "Estoy muy agradecido por todo lo que ha hecho. Creo que tiene muchísimo talento y quiero decir que, claramente, sus obras son geniales. Pero sí, creo que puedes tener un gran respeto por alguien y aun así no estar de acuerdo en ciertos asuntos".

Todo comenzó en junio de 2020, cuando la escritora publicó un tuit en el que ironizaba sobre el término inclusivo "personas que menstrúan".

La reacción en su contra fue fulminante. Cierto, personalidades de la cultura británica, entre ellos Ian McEwan o Tom Stoppard, salieron en su defensa con una carta abierta en la que la consideran víctima de "una tendencia insidiosa, autoritaria y misógina". Y ella misma puso su firma al pie de un manifiesto en el que intelectuales como Noam Chomsky, Gloria Steinem o Margaret Atwood defendían el "necesario ajuste de cuentas" que sigue a las protestas antirracistas y las exigencias de igualdad e inclusión pero lamentaban la intensificación de "una nueva serie de actitudes morales y compromisos políticos" que debilitan el debate.

"El libre intercambio de información e ideas, que son el sustento vital de una sociedad liberal, está cada día volviéndose más estrecho. Aunque esperábamos esto de la derecha radical, lo censurador se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: la intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver asuntos complejos de política en una certitud moral cegadora".

Sin embargo, en la familia Potter los aires soplaban distintos. "J.K. Rowling es incuestionablemente responsable del curso que ha tomado mi vida", escribió Daniel Radcliffe, agradecido. "Pero, como ser humano, me siento obligado a decir algo en este momento: las mujeres transgénero son mujeres. Cualquier declaración en sentido contrario borra la identidad y la dignidad de las personas transgénero y va en contra de todos los consejos dados por las asociaciones profesionales de atención médica que tienen mucha más experiencia en este tema que Jo o yo". También Emma Watson echó un cuarto a espadas apoyando a las personas trans, que "son quienes dicen ser y merecen vivir sus vidas sin ser constantemente cuestionadas o decirles que no son quienes dicen ser".

Más aún, la polémica saltó a otra franquicia rowlingiana y Eddie Redmayne, protagonista de Animales Fantásticos, emitió su propio comunicado: "El respeto por las personas transgénero sigue siendo un imperativo cultural y, a lo largo de los años, he estado tratando de educarme constantemente. Es un proceso en marcha".

Llegados a este punto, la propia Rowling publicó en su blog personal una larga reflexión ("Me niego a agachar la cabeza ante un movimiento que, según creo, está haciendo un daño demostrable a la hora de erosionar [el concepto] de ‘mujer’ como clase política y biológica, y ofreciendo como nunca de este modo cobertura a depredadores") al final de la cual  revelaba su condición de víctima de violencia de género. Revelación que originó otra pelotera mediática, la que protagonizó su ex al declarar al diario The Sun: "Abofeteé a J.K. y no lo lamento".

Por si todo fuera poco, a la vuelta de ese verano tenso-tensísimo, el colectivo LGTBI volvió a sentirse atacado en Troubled Blood, novela de la serie que J.K. publica bajo el seudónimo de Robert Galbraith. "Es todo un clásico del imaginario que viene a reforzar la falsa idea de que las mujeres trans son, al final, solamente eso: hombres disfrazados que quieren engañar a las mujeres cis para violarlas, asesinarlas y cometer un sinfín de atrocidades, en lugar de personas que se enfrentan a una sociedad que no las espera ni las contempla, al desconocimiento de sus propias familias y, muchas veces, al rechazo y la expulsión", explicó Saida García Casuso, vicepresidenta de la Asociación EUFORIA: Familias Trans-Aliadas.

La última cuenta de este collar la ha ensartado el cómico Jon Stewart al señalar el tufillo antisemita en ciertos personajes de la saga Potter. "Así es como sabes que los judíos todavía están donde están. La gente piensa ‘oh, mira eso, es Harry Potter’. Y tú piensas ‘no, esa es una ilustración de un judío en una obra literaria antisemita. J.K. Rowling pensaría ‘¿podemos hacer que estos tipos dirijan nuestro banco?’" Posteriormente, Stewart matizó: "No acuso a Rowling de antisemitismo".

Al cabo, nada os debo. Me debéis cuanto escribo

25 años después, Harry Potter es un referente ineludible de la cultura popular, un hito editorial, un gigante cinematográfico, una fábrica de dinero, un patrimonio de varias generaciones. Es frecuente que sus lectores expliquen (aquí, aquí o aquí) las razones por las que esos libros cambiaron nuestra forma de ver el mundo para siempre. Siguen siendo válidas. Esas y otras. Por ejemplo, que gracias a Potter, gracias a J.K. Rowling, muchos para los que los libros no iban a ser una opción o que los habían abandonado, volvieron a abrazarlos. La deuda es eterna.

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