Que no vuelva a suceder lo que nunca ha sucedido

Alejandro Pedregosa

No será este país

Alfonso Salazar

Sonámbulos (2022)

 

Este libro es un biombo de tres piezas. Un biombo tras el cual una mujer se desnuda. Solo le vemos la cara y a veces un brazo con el que lanza la ropa lejos, a nuestros pies. La mujer se llama España, viene a ser algo así como nuestra madre y nunca, nunca, conseguiremos verla desnuda.

Digo que el biombo tiene tres bastidores. El primero lleva por título Exil aixois (un exilio en Provenza) y se trata de una novela breve donde España aparece recordada, lejana en el tiempo, pero nunca perdida del todo. La memoria la presta Jean Sessa, que es francés, granadino, coreógrafo y exiliado. O al menos, en algún momento de su dilatada vida, participó de esos cuatro atributos. Empiezan aquí a entrelazarse la vida de dos familias, los Sessa y los Solárzano, dos familias incrustadas en la epidermis de lo español porque a lo largo del siglo XX se aman, se odian, se respetan, se admiran y, a ratos, se matan. Alfonso Salazar cuenta en unas notas finales que concibió esta ficción durante su estancia con una beca de escritura en la localidad de Aix-en-Provence. Un exilio temporal y voluntario el del autor muy distinto al de Jean Sessa que viene a demostrar un axioma ibérico y ampliamente secular: España se cuenta (y se explica) mejor en la distancia.

El segundo bastidor del biombo se titula Mildium. El mildium es una enfermedad de la vid, producida por un hongo microscópico y, en un sentido simbólico, es también la enfermedad que pudrió la savia de este país vinícola con la sublevación militar de 1936. No exagero si digo que Mildium me ha reportado uno de los placeres lectores más sinceros del pasado 2022. Es una novelita delicada y terrible, sencilla en su complejidad y bella en su monstruosidad. Mildium nos introduce en las entrañas de un circo fantasmal, repleto de artistas muertos –asesinados buena parte de ellos– que acampan en tierras de la Castilla manchega. No se sabe muy bien qué hacen, qué esperan o qué mal andan purgando. Antes de la Guerra eran el Circo Fraternidad, pero terminada la contienda pasaron a llamarse Circo Nacional y asumieron en su seno toda la panoplia de historias miserables, heroicas y dolorosas que nuestra guerra trajo consigo. La galería de personajes que pueblan la vida de la compañía tiene mucho de El jardín de las delicias –otro tríptico–, pero más aún del Triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo. Rosa Flordespina, Adalías Feloaga, Madre Pucheros, Juan de Tánger, Feliciana de la voz… son las figuras que van conformando un lienzo gigante, desgarrador e hipnótico que no te deja apartar la vista del cuadro, es decir, de la lectura. En tanto que muertos hablantes, hay en estos personajes algo de aquel veneno maravilloso que Juan Rulfo descorchó en Comala, y, como seres reales-maravillosos que son, se hermanan también con la gracia de Cunqueiro y hacen de lo fantástico una crónica fiel de la realidad vislumbrada y creíble. Los Solárzano y los Sessa, por supuesto, andan también enredados en este circo fantasmagórico, de hecho, están en el origen y en la hecatombe del mismo (¿no es así como España se hizo durante siglos, a golpes de apellido?).

Sobre humanos y bestias

El bastidor final del biombo se llama Expaña y es la historia que viene a cerrar este triángulo de reflexión sobre la piel de toro. Un joven estudiante de cine imagina qué hubiera pasado en su país si un intento de golpe de estado hubiera triunfado en 1936. Sí, "si hubiera triunfado", porque Expaña (un lugar imaginario) siguió en los años treinta del pasado siglo la senda del resto de democracias liberales europeas; es decir, tuvo sus momentos de fascismo, como Italia y Alemania, pero tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial los gobiernos democráticos de uno y otro signo se fueron alternando en Expaña hasta alcanzar el presente siglo sin grandes sobresaltos. En las fabulaciones históricas del protagonista se van dibujando un conflicto cainita, criminal y terrible que, curiosamente, al lector le suena bastante. Lo más singular de esta parte del biombo es que nos hace abrir la boca ante nuestra propia historia de un modo casi incrédulo. Nos sitúa frente a un espejo un pelín deforme –como los del Callejón del Gato– y la contemplación de ese reflejo, paradójicamente, nos impulsa a activar los resortes de la memoria. "Que no vuelva a suceder lo que nunca ha sucedido", piensa el lector, y con ese contrasentido, mitad amargura, mitad esperanza, cierras el libro y recuerdas que por historias como esta decidiste un día amar la literatura.

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Alejandro Pedregosa es escritor. Su última novela publicada es Siempre es verano (Sonámbulos Ediciones, 2022),

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