Las caras de Marc Biarnés (Barcelona, 1993) a punto de la embolia mientras ve vídeos de Ayuso diciendo cosas sin sentido son impagables y representan, en esencia, lo que cualquier persona normal puede llegar a sentir si escucha detenidamente a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Más allá de eso, el influencer se ha hecho popular gracias a sus irónicos comentarios sobre noticias de actualidad desde una perspectiva progresista mientras se come un plátano o picotea cualquier cosa en su cocina. Una naturalidad desprejuiciada gracias a la que suma ya casi dos millones (y subiendo) de seguidores sumando todas sus redes sociales.
El catalán también ha llamado nuestra atención y, por eso, será uno de los participantes en el curso de verano que infoLibre celebrará el 14 de julio en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (consigue tus entradas gratuitas aquí). Durante todo el día y bajo el título De la censura al algoritmo, por allí pasarán también Pepa Bueno, Arturo Lezcano, Antonio G.R., Elena Reinés o nuestro director editorial, Jesús Maraña. Una cita que nos sirve como excusa para charlar un rato con Biarnés.
¿Por qué es importante apuntarse al curso de verano de infoLibre en la Complutense?
Porque es un tema de mucha actualidad, ya que estamos librando una batalla diaria en las redes sociales y a nivel de información por la velocidad a la que van los acontecimientos y surgen las noticias. Por eso, me parece casi obligatorio estar informado al día, ya que lo que ayer era verdad hoy es mentira y todo cambia constantemente.
En esa batalla, es muy importante que la audiencia sepa diferenciar entre medios y pseudomedios. ¿En las redes sociales es especialmente difícil hacer esa diferenciación?
Exacto. Y es súper importante, ya que los más jóvenes se informan casi únicamente con el móvil a través de canales de creadores de contenido que se dedican a esparcir bulos que luego republican y mandan por WhatsApp y Telegram. Muchos jóvenes aparcan los medios de comunicación profesionales y van directamente a canales de personas individuales que trabajan por sí solas y que encima mienten. La gente mayor se informa por la mañana con Ana Rosa, que ya es un problema social, y luego están los jóvenes que, en su gran mayoría, lo hacen con redes sociales aparte de los medios de comunicación serios que no esparcen bulos. Tenemos aquí una batalla de dos generaciones distintas que luego encima son las que cambian las intenciones de voto.
Y ahí está Twitter, que es un ecosistema delirante. César Rendueles nos decía hace poco que "no es que en Twitter haya muchos nazis, es que tiene un algoritmo nazi".
Twitter es muy diferente, es un ‘batallero’. Para otras redes como Instagram o Tik Tok requieres de un vídeo, es algo más elaborado, pero Twitter es algo muy rápido. Además, yo soy muy impulsivo y me dejo llevar porque, claro, a veces recibes insultos y te dices: "¡Pero bueno! ¿Por qué tengo que aguantar esto?" Igual se tiene que acabar esto de que como uno es de cierta ideología y tiene ciertos valores no insulta y es siempre correcto. No, mira, si tu te cagas en algo mío a lo mejor te respondo. Al mismo tiempo, estamos hablando de una red social cuyo dueño es un tecnócrata fascista, por lo que, de hecho, todas las cuentas de izquierda estamos perdiendo cada día 200 o 300 seguidores por arte de magia y la gente ni se entera. Hay gente que me escribe y me dice: "Hostias, te he dejado de seguir y yo no le he dado al botón". Eso nos está pasando a todos, por lo que ya es una guerra, aparte de con los propios usuarios de la red social, con su propio dueño. Es una guerra agotadora contra la ideología.
"La gente mayor se informa con Ana Rosa, que ya es un problema social, y luego están los jóvenes que, en su mayoría, lo hacen con las redes
Mucha gente progresista abandonó Twitter cuando la compró Musk.
Efectivamente, muchísimos usuarios progresistas desaparecieron de Twitter, se fueron. Ahora, el tanto por ciento de personas progresistas que quedamos somos muy pocos comparadas con todas las fachas que se quedaron. Es una red social que tienen ganada, y entre ellos se retroalimentan, se comparten los bulos y los retuitean, los envían por grupos de WhatsApp. A mí me jode tener que estar en Twitter porque me hierve la sangre, me llega a desesperar por las cosas que leo, pero considero que hay que estar.
¿Está surgiendo un movimiento de cuentas de izquierdas, como puede ser No Solo Viernes, que confrontan sin tapujos con todo el odio esparcido desde perfiles de ultraderecha? Con el humor y la sátira por bandera, además.
El humor político, si es que existe como género, estaba muy poco explorado, y me he dado cuenta de que está funcionando muy bien porque es otra manera de que el mensaje cale en un momento en el que hay muchísima gente que está agotada. La política cada vez va más rápido, el Congreso a veces parece un zoológico, y eso hace que mucha gente desconecte, algo que también pasa con el típico creador de contenido político que parece que te está echando la bronca. Con el humor es más fácil recibir el mensaje de una manera diferente, y sé que funciona porque recibo a diario mensajes de personas que me dicen: "Hostia, pues yo esto no me lo había planteado así, ahora lo veo distinto, me has abierto los ojos". Está calando con la risa porque creo que he dado con la clave.
Óscar Puente tiene ese punto más canalla que a veces le falta a la izquierda
Es que sumando Instagram y Tik Tok ya supera el millón y medio de seguidores, a los que hay que sumar otros 25.500 en Twitter.
Más 120.000 de Facebook, que ni lo sabía, porque ahora va junto con Instagram. Pero me encanta, porque el público de Facebook es más adulto, de 50 y 60 años, que también me dicen que les parezco muy divertido. Entre eso y que las audiencias de Ana Rosa están bajando, todavía tengo esperanza [risas].
Aparte del humor, ¿por qué cree que sus vídeos conectan con el público? ¿Por qué dice lo que pensamos todos con naturalidad?
Por eso y porque creo que se ve un pensamiento detrás. Hemos pasado toda una primera etapa muy superficial en las redes sociales, más dedicada al consumismo, a la publicidad, a gente que viajaba, pero ahora está apareciendo gente con personalidad y pensamiento, que hace que más gente conecte. A mí hay gente que me tiene cariño, que me pega abrazos por la calle y me dice cosas que me hacen sentir como un paje de la cabalgata de los Reyes Magos [risas]. Yo por ahí detecto que es eso, que al final ven un pensamiento, una personalidad también, con un poco de carisma, y a todo eso se le suma la manera en la que se comunica, que es la clave.
Me jode tener que estar en Twitter porque me hierve la sangre por las cosas que leo, pero considero que hay que estar porque se está librando una batalla
En los vídeos se ve su formación en arte dramático, desde luego.
Claro, también soy actor, entiendo muy bien los silencios, las pausas. De alguna manera, cada día subo el telón desde mi cocina, hago un pequeño show y ya está.
Comiendo, muchas veces. ¿Al principio más que ahora quizás?
Sí, al principio más, aunque depende del tema. A veces me da miedo que salir comiendo banalice la cuestión, porque también hay otras que requieren de una tensión en el mensaje y me da miedo que se pierda.
¿Cuanta más política menos comida?
No lo sé. Lo que sí sé es que es un momento político muy importante. Antes no hacía tanto contenido político y ahora sí, aparte de por mi propia convicción, porque nos jugamos mucho. Si puedo aportar mi granito de arena, lo aporto, ya que hay mucho en juego. Si esta guerra no se gana, va a haber un cambio muy importante del que la gente no es consciente. Es una lástima que haya gente tan desconectada de la política, a la que no culpo, pero no sé yo si es momento de estar desconectado. Yo decido hablar de esto porque yo sí que tengo una preocupación por el futuro de mi país, de manera que tengo que hacer contenido político por cojones, porque de lo contrario no sería fiel a mí mismo.
Sería un sueño poder comentar la caída de Netanyahu o que una coalición de izquierdas ha ganado en 2027
¿Es momento de que los influencers hablen de temas más pegados a la realidad?
La gente se ha cansado de ver a otros de vacaciones en Tailandia o en Ibiza, porque esas vidas las tienen los que las tienen. La mayoría de los que están mirando eso desde sus casas tienen problemas para pagar el alquiler. Por eso, todas las cuentas de lifestyle y beauty están perdiendo muchos seguidores.
¿Ayuso es una fuente inagotable de humor? Entendiendo el humor a su manera, claro, porque ella no tiene ni pizca de gracia.
Bueno, es que Ayuso es un meme andante. De hecho, estoy convencidísimo de que el señor Miguel Ángel Rodríguez le dice que estire mucho este meme. Tengo comprobado que cada vez que salta una noticia gorda, como un traspaso de dinero a Quirón, por ejemplo [risas], ella aparece en un atril o en Twitter a decir cualquier burrada que opaca lo que haya sucedido. Estoy convencido de que en hasta esas escenas en las que se le ve incluso un poquito bebida se han dicho "ayer pasó lo de Quirón, están las redes moviditas, súbete ahí con cuatro cervecitas", y eso ya se convierte en la principal noticia.
Cada vez que salta una noticia gorda, como un traspaso de dinero a Quirón, por ejemplo, Ayuso aparece en un atril o en Twitter a decir cualquier burrada
¿Sale más humor por la derecha o por la izquierda?
A la izquierda le falta a veces esa parte de humor por estar demasiado pendiente de ser demasiado correcta constantemente. Tenemos que deshacernos un poco de ese encorsetamiento que llevamos, ha llegado el momento de mostrarnos también normales, porque a veces caemos hasta mal y a la gente le da la sensación de que nos creemos moralmente superiores. Que yo me considero moralmente superior, así de claro lo digo. Pero a veces parece que estamos echando la bronca, o que no somos claros. Por ejemplo, Rufián dice que hay que hacer algo en las izquierdas, y cuando estuve con él, y también el otro día por Twitter, le pregunté: "¿Pero cuándo?" Al final, da la sensación de que tenemos muchísima palabrería, algo que se ve con la vivienda, después de ocho años escuchando que es un bien para vivir: pues haga usted una medida que sea realmente efectiva. Eso mosquea muchísimo, ya sabemos que es un bien necesario que no puede ser empresarial, pero queremos cosas que funcionen y unas medidas para acabar con la especulación.
¿Tiene que hablar más claro la izquierda sin tantos remilgos?
Es que la derecha no se esconde: dice que dará más dinero a la tauromaquia y lo hace, pero nosotros nos perdemos muchas veces en la palabrería y en ser demasiado correctos. Por eso, me gusta cómo contesta Óscar Puente, por ejemplo, porque tiene ese punto más canalla que a veces le falta a la izquierda, donde tengo la sensación de que a veces hay un complejo rarísimo que está envuelto en la corrección más absoluta, por la moral y la ética más perfectas.
¿Qué noticia futura le haría especial ilusión poder comentar en sus vídeos?
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Me encantaría comentar que salen a la luz todos y cada uno de los archivos de Epstein, con todos los nombres y nada tachado, no esa pantomima que soltaron, y decir que esa gente va a ir ante un tribunal. También, por supuesto, sería un sueño poder comentar la caída de Netanyahu, o que ha ganado una coalición de izquierdas en 2027, porque respiraríamos un poco después de un momento en el que nos sentimos con el agua hasta el cuello. Yo estoy cada vez más nervioso y afectado por la actualidad, así que, amiga, me haría súper feliz comentar la noticia de que una coalición de izquierdas ha ganado las elecciones de 2027, pues vería por delante otros cuatro años de poder respirar.
¿Mantiene esa esperanza?
Yo soy de los que piensa que los otros hacen muchísimo ruido, pero no son tantos. Confío en que nosotros seguimos siendo una gran mayoría. Y tampoco es que pidamos nada loco, si ya ves tú, luego con cuatro derechos sociales nos conformamos.
Las caras de Marc Biarnés (Barcelona, 1993) a punto de la embolia mientras ve vídeos de Ayuso diciendo cosas sin sentido son impagables y representan, en esencia, lo que cualquier persona normal puede llegar a sentir si escucha detenidamente a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Más allá de eso, el influencer se ha hecho popular gracias a sus irónicos comentarios sobre noticias de actualidad desde una perspectiva progresista mientras se come un plátano o picotea cualquier cosa en su cocina. Una naturalidad desprejuiciada gracias a la que suma ya casi dos millones (y subiendo) de seguidores sumando todas sus redes sociales.