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Fotografía

Marta Soul: “Vivimos una época en la que las mujeres parecemos malabaristas de circo”

Marta Soul: “Vivimos una época en la que las mujeres parecemos malabaristas de circo”

Dice Marta Soul que lo que pretende con sus fotografías es trasladar un mensaje positivo, como sería “el sueño por conseguir metas profesionales”. Pero lo que subyace bajo la dulce apariencia retro y los tonos pastel de sus fotografías no es otra cosa que la frustración al no poder conseguir ese objetivo. Es decir, que si eres mujer en España, con este desértico panorama laboral, lo único a lo que puedes aferrarte es a la ensoñación sobre un trabajo idílico.

En WelljobWelljob, el último proyecto de la fotógrafa madrileña, que se expone en la Fábrica de Madrid hasta el 23 de noviembre, retrata a ocho mujeres en busca de un éxito profesional difícilmente alcanzable en los campos del arte, la ciencia, las comunicaciones, la tecnología o la política, mezclando una estética sesentera con la denuncia de un problema contemporáneo, agravado por la crisis, pero que nunca ha dejado de estar de moda para las mujeres trabajadoras.

Y de una meta, la de la realización laboral, a otra como es la realización personal, donde juegan un papel clave toda la ristra de estereotipos sobre la feminidad. Welljob también pone el foco en esa la exigencia continua que sienten las mujeres “de demostrar su valía a sí mismas y a los demás en todos los niveles, incluida la apariencia física”. “Creo que vivimos en una época en que las mujeres parecen malabaristas de circo, alguien que tiene que poder con todo y al mismo tiempo le cuesta centrarse en algo concreto”, critica.

Soul trabaja constantemente sobre la construcción de estereotipos, un análisis que hace, sobre todo, a través del tratamiento estético de los elementos de la fotografía. Faldas por debajo de las rodillas, tacones, manicura impoluta y mucha laca en el pelo, son algunos de los recursos de los que se sirve la fotógrafa en Welljob para dar una mayor fuerza visual a la hora de representar esos clichés sobre la feminidad. Son símbolos, además, rescatados de otra época, de los cincuenta y los sesenta, ya que asegura que “la mujer del pasado se relaciona muy bien con el deseo por alcanzar el reconocimiento en el ámbito laboral”.El resultado es una mezcla ambigua de tiempos y conceptos que resaltan la teatralidad de la puesta en escena, recordando a las poses imposibles de las modelos en las revistas de moda.

Welljob incluye una especie de anexo compuesto por varias cartas de rechazo enviadas a un mismo candidato. Mensajes que le dan la enhorabuena por el trabajo realizado hasta entonces, pero en los que la empresa se disculpa porque el resto de candidatos seleccionados cumplían mejor con sus criterios; u otros donde la institución asegura lo difícil que ha sido la decisión de escoger a otra persona, a la vez que le sugieren becas a las que postular. Con esta serie, la fotógrafa busca ir un paso más allá que la mera recreación teatral del escenario laboral y hace un guiño “a todas esas personas anónimas que reciben actualmente cartas de este tipo”.

Un anonimato que se acentúa en otro apéndice, titulado Perfiles, no incluido en la exposición de La Fábrica, pero sí en la página del colectivo NOPHOTO, de la que Soul es miembro, y en el que se recopilan una serie de imágenes en blanco y negro en las que aparecen únicamente las siluetas de las ocho mujeres de Welljob.

Permisos de paternidad para mujeres, hombres y viceversa

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Este trabajo recuerda, tanto en la forma como en el fondo, a otro proyecto de Soul titulado Wellhome, protagonizado por mujeres extranjeras retratadas en viviendas de nueva construcción durante la burbuja inmobiliaria. El sueño, en este caso, era el de obtener “la aparente comodidad social” de España. “Siete años después [de aquel trabajo] las soñadoras son otras. Ha habido que bajar un peldaño en la escala de necesidades. Las mujeres han estado tratando de buscar el éxito profesional durante todo este tiempo, pero ahora, dada la situación que tenemos, esa es una prioridad más clara”, explica.

El paralelismo entre ambas series no se debe sólo a los recursos narrativos y al protagonismo de las mujeres y sus anhelos más íntimos, sino también a la estética retro y la cuidada producción de la puesta en escena: vestuario impecable, peinados muy elaborados y un trabajo de iluminación muy preciso. Cada sesión suele durar en torno a las dos o tres horas, pero lo más difícil, señala la fotógrafa, es la tramitación de los permisos para poder trabajar en las localizaciones adecuadas, que van desde fábricas, a laboratorios o fábricas.

Esto se debe principalmente a la reticencia de las empresas e instituciones que “no están preparadas para colaborar en proyectos artísticos” y rechazan implicarse en proyectos de esta naturaleza. “Precisamente, en esta serie nos ocurrió que, después de tener todos los trámites resueltos, el vestuario y el equipo preparados en el espacio elegido, la directora de prensa del Museo de Arte Reina Sofía anuló la imagen porque consideró que el aspecto tan descaradamente femenino de la modelo daba una mala imagen a la institución”, por lo que finalmente decidieron cambiar la locación al MUSAC, donde señala, mostraron “una actitud más abierta hacia la creación artística”.

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