Rocío Jurado: icono feminista, referente LGTBI y símbolo de una España en transformación

El 1 de junio de 2006 murió la mujer y nació el mito, dejando un legado eterno que veinte años después reverbera, si cabe, con más fuerza. Rocío Jurado rompió los estereotipos de la folclórica clásica para ser una mujer moderna, libre y reivindicativa. La más grande, dicen. "Un icono cultural que forma parte de la memoria sentimental pop de nuestro país", resume a infoLibre Lidia García, escritora, investigadora y doctora por la Universidad de Murcia con una tesis sobre copla.

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No vamos a relatar ahora su biografía, pero sí a recordar que María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado nació en Chipiona (Cádiz) el 18 de septiembre de 1943 (aunque el año está siempre envuelto en cierto misterio, cosas de personajes legendarios). Desde muy pronto empezó a ser conocida como “la niña de los premios”, pues ganaba todos a los que se presentaba en las emisoras de radio de la época, y, sin haber cumplido la mayoría de edad, viajó a Madrid acompañada por su madre (menuda figura mitológica la de la madre de folclórica). A partir de ahí, el resto es historia.

Cientos de portadas en las revistas del corazón, minutos y más minutos en programas de televisión (tanto actuando como escudriñando su vida privada). Una figura magnética que significaba, ni más ni menos, el paso de España del tardofranquismo a la democracia desde la copla y el flamenco a la canción melódica. La evolución de todo un país en unas interpretaciones arrolladoras (y polémicas en muchas ocasiones por su vestuario atrevido) y un posicionamiento claro ante el mundo que la rodeaba.

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Último eslabón entre las folclóricas clásicas y las nuevas generaciones, bisagra social, feminista, aliada del colectivo LGTBIQ+, víctima de la censura franquista, esposa de torero (otro cliché mitológico), madre abnegada. Su devoción por la Virgen de Regla, las letras de sus canciones, un inolvidable y atrevido estilismo que se alejaba de las tradicionales batas de cola de la época, su arrojo y valentía, la dualidad entre la artista (Jurado) y la mujer de casa (Mohedano), sus historias de amor, su relación con la prensa, su enfermedad y muerte. Todos ellos ingredientes necesarios para la construcción del mito.

"Fue muy transgresora desde el principio", recalca García, una de las autoras participantes en el ensayo colectivo Rocío Jurado. La voz que nos hizo sentir libres (Dos Bigotes, 2026), que pone el foco en el significado de la gran mayoría de las canciones de distintos compositores —Manuel Alejandro, principalmente— que fue incorporando a su repertorio: "Tiene mucho de esas ansias de libertad que se podían palpar en la sociedad, y eso explica que se convirtiera en el icono que es".

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Si amanece, Como una ola, Lo siento mi amor, Señora, Como yo te amo, Ese hombre, Se nos rompió el amor, A que no te vas, Muera el amor, Vibro...”Desde sus inicios, Rocío transmitió con sus canciones la imagen de mujeres independientes, libres, que no tienen miedo a romper las normas establecidas, que hablan del deseo o la masturbación femenina. Fue una pionera que convirtió sus temas en himnos y que proyectaba una imagen diferente a la de la cantante de copla clásica”, sostiene Marta Jaenes, subdirectora de infoLibre que firma el capítulo dedicado al activismo feminista de la artista. “No solo era revolucionaria sobre el escenario, también lo era en su vida cotidiana. Mientras estuvo casada con Pedro Carrasco, ella era el motor económico de la familia y la que viajaba por todo el mundo. Eso también le valió muchas críticas que la acusaron de mala madre. Críticas que nunca se hicieron a cantantes de la época que tenían su mismos situación. ¿Sabes que cambiaba? Que ellos eran hombres”, señala Jaenes.

"Rocío Jurado es una figura esencial y muy maltratada por la prensa del corazón, un terreno en el que ella misma se metió, pero que no está tan reivindicada desde el ámbito académico ni se le ha reconocido el papel que ocupa en la historia de la interpretación en la España del siglo XX", defiende el gestor cultural y musicólogo Carlos García de la Vega, quien destaca la importancia de la cantante para abrir nuevos horizontes a las mujeres españolas a través de sus canciones.

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Porque, en una sociedad en la que era tabú el sexo en general y el placer femenino en particular, las mujeres vivían en un patriarcado asfixiante, contra el que cantaba sin rodeos la Jurado. "¿Qué pensarían las mujeres que vivían una vida normal de ama de casa, de barrio, cantando esas canciones sin llegar a imaginarse la posibilidad de divorciarse ni nada por el estilo?", se pregunta García de la Vega, quien también participa en el libro mencionado con un texto propio. "No se imaginaban de ninguna manera una infidelidad, una aventura, el derecho a disfrutar del sexo, pero escuchaban lo que ella cantaba, que era tan tremendo", añade a infoLibre

"Yo veo en ella un nivel de autoconciencia feminista que muchas teóricas hicieron para sí", tercia de nuevo Lidia García, que añade otro elemento esencial para entender su trascendencia: "Cómo se muestra física y corporalmente en medio de toda la censura que todavía existía". "Era consciente de qué papel ocupaba en la sociedad, de la importancia y la visibilidad que tenía, y esto, por supuesto, rema a favor. Al mismo tiempo, no hay que olvidar que ha habido un movimiento de base feminista en España que ha posibilitado un avance social que solo con estas grandes figuras no hubiera existido. Pero es cierto que tiene un gran valor poner su visibilidad al servicio de unas ideas que incomodaban a tanta gente", apunta. “Convirtió su vestuario es una performance política. Era capaz de salir con transparencias y escotes de vértigo para cantar un himno patriótico o con un varonil (en aquel momento) traje de chaqueta para interpretar una copla. No solo era un desafío a las normas establecidas, era una forma de señalarles a las mujeres el camino a la libertad”, concluye Jaenes.

"Que su figura haya alcanzado la dimensión que ha alcanzado tiene que ver, en primer lugar y desde luego, con su excelencia artística. Era una artista enorme, pero no solo eso, ya que a través de la manera en que se fraguó su personaje público, en actuaciones y entrevistas, dejaba traslucir también la mujer que había detrás y al sujeto político, sin miedo a hablar, que existía detrás de esa diva. Todo eso es lo que conforma su personalidad y explica que la sigamos celebrando tanto tiempo después", prosigue García.

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La doctora señala otro punto nuclear de esa personalidad tan influyente: su condición de referente queer. Algo que, en realidad, viene prácticamente de serie, pues "la vinculación de la copla en general con lo LGTBI está en el sustrato del propio género y es muy evidente", lo cual no quita que la chipionera lo llevara, como "catalizadora", a un nivel más alto de desafío contra lo establecido.

"Tiene mucho sentido porque, al final, la folclórica como concepto no deja de ser como la decantación propiamente española de la figura más internacional de la diva, por lo que tiene una serie de elementos que hacen que todos los miembros de esta divina comunidad vayamos como polillas hacia ellas", explica García, y destaca atributos interpretativos de la artista como "la teatralidad y la celebración del exceso estético". "Todo eso se unía a una posición muy clara a favor del colectivo, algo que se ve más claro en las entrevistas que daba en los años 70, en un momento en el que se estaba empezando a fraguar la visibilidad del movimiento. Ella siempre estuvo de nuestro lado y muy desde el principio se veía muy claro el componente homoerótico en algunas canciones de Rafael de León", argumenta.

A todo lo anterior se une, por encima de todo, un talento innato para la canción y el escenario. Es justo por eso que García de la Vega lamenta que no exista un "libro bueno" sobre Rocío Jurado. "Si yo tuviese delante a su hija, Rocío Carrasco, le diría: ‘Deja de gastarte el dinero en tonterías, en musicales o lo que sea, y gástatelo en pagar a una investigadora —que no sea un tío— que ponga a tu madre en el sitio que le corresponde, y que ese libro esté en las mejores bibliotecas de humanidades del mundo’".

El 1 de junio de 2006 murió la mujer y nació el mito, dejando un legado eterno que veinte años después reverbera, si cabe, con más fuerza. Rocío Jurado rompió los estereotipos de la folclórica clásica para ser una mujer moderna, libre y reivindicativa. La más grande, dicen. "Un icono cultural que forma parte de la memoria sentimental pop de nuestro país", resume a infoLibre Lidia García, escritora, investigadora y doctora por la Universidad de Murcia con una tesis sobre copla.

Rocío Jurado. La voz que nos hizo libres reúne siete ensayos inéditos de Alberto Conejero, Lidia García García, Supremme de Luxe, Laura Fa, Machús Osinaga, Carlos García de la Vega y Marta Jaenes, además de un prólogo firmado por Carlos Barea, coordinador de este volumen. Cada autor aborda una faceta distinta de la artista: su lugar en la canción popular española, su dimensión escénica, sus trabajos cinematográficos, la construcción de su imagen pública y la relación con la prensa del corazón, su papel como referente feminista o su impacto en el transformismo y la cultura queer.

El lanzamiento coincide con el vigésimo aniversario de la muerte de la artista, que tuvo lugar el 1 de junio de 2006. Dos décadas después, su figura sigue ocupando un lugar central en la cultura popular española no solo por su voz o por la importancia de su carrera, sino también por todo lo que significó a lo largo de cuatro décadas en las que conectó con públicos de diversas generaciones.

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