Las reparaciones históricas del pueblo afro: mirar al pasado para arreglar el presente

De izquierda a derecha, Isabelle Mamadou, Esther Mamadou. Integrantes del Equipo del Decenio.

Eva Gruss

A principios de diciembre de 2022 se celebró en Ginebra el primer encuentro del Foro Permanente de Afrodescendientes, un mecanismo consultivo de Naciones Unidas que busca mejorar la seguridad y calidad de vida de las personas afro. En él participó la actual vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez. “El primer punto de compromiso que quiero plantear aquí es establecer acciones de reparación histórica”, dijo la política en una declaración que fue recibida con aplausos. “Por muchos años este tema ha sido un tema eludido por las Naciones Unidas y los países miembros”, continúo Márquez. A lo que añadió: “Es necesario que si queremos avanzar se aborden acciones concretas de reparación histórica”.

Así, la primera mujer negra en ostentar el cargo de la vicepresidencia en Colombia ha vuelto a sacar a relucir un tema que incomoda mucho a los países occidentales, otrora esclavistas y colonialistas, y que es vital para la población que lo reivindica. Vital porque explica las violencias racistas de la actualidad y porque sin ese pasado no se entendería el presente, no ya de África, sino del mundo entero.

Reparación espiritual, moral y material

La RAE define la palabra “reparación” en su primera acepción como la “acción y efecto de reparar algo roto o estropeado”. Y eso significa exactamente el concepto de reparación histórica, arreglar el daño hecho en el pasado por dos sistemas sociales y económicos que han configurado el mundo que hoy conocemos: el esclavismo y el colonialismo. “La reparación sería un proceso político necesario para deshacer todo el daño que hizo la historia de la esclavitud y la construcción de la ideología de la supremacía blanca”, indica la defensora Esther Mamadou, integrante del Equipo del Decenio Afrodescendiente y consultora en la Coalición Internacional de Personas Afrodescendientes, una red compuesta por activistas de distintas regiones, que contribuyó a la creación del Foro Permanente de Afrodescendientes de la ONU.

Para el miembro del Foro Permanente Pastor Murillo, abogado especializado en derecho ambiental y especialista en análisis de problemas sociales con enfoque de derechos humanos, las reparaciones históricas deben de englobar tres áreas que recogen los elementos esenciales de las mismas. En primer lugar, debe de tratarse de una reparación espiritual, área que “tiene que ver con las reconstrucciones del ethos cultural de los africanos y afrodescendientes”, señala. En este sentido, hablaríamos de medidas como la de la restitución de los objetos saqueados por parte de los países imperialistas.

En segundo lugar, el abogado se refiere a la reparación moral. En este caso, la reparación iría enfocada en el sentido del reconocimiento: pedir perdón por los crímenes cometidos. Por último, Murillo habla de la reparación material, un aspecto que se refiere, según él mismo argumenta, a “acciones concretas orientadas a la superación del estado en el que se encuentran los africanos a consecuencia de la trata y la esclavitud”.

Es esta última área el que quizás más ampollas levante entre los antiguos países colonizadores, pues hablamos de medidas económicas tales como la condonación de la deuda externa o la creación de un fondo para el desarrollo de las personas afro en clave de reparación histórica, tal como apunta el integrante del Foro Permanente.

“Hay tantas resistencias por el tema económico, porque reconocer implica abrir la puerta a una conversación sobre la reparación y cómo reparar”, afirma Esther Mamadou. Poner el debate sobre la mesa, continúa “lleva a otras medidas y si tienes que perder tu deuda externa y tener otras relaciones financieras económicas en igualdad, entonces el mundo dejaría de ser lo que es”.

Sin embargo, al volver a abrir el diccionario de la RAE, nos encontramos con una segunda acepción que define el concepto de “reparación” como “desagravio, satisfacción completa de una ofensa, daño o injuria”. En lo que respecta a esta “satisfacción completa”, el historiador y activista panafricanista Antumi Toasijé indica que esta nunca podrá ser resuelta por el agresor. “Pueden ser reparados con esos recursos, pero los mismos pueblos agredidos son los que tienen que organizarse para reparar el mal que les causaron los agresores porque, sino, el foco de atención y de decisión vuelve a situarse sobre ellos”, señala. Por supuesto, no debe de perderse de vista que, se haga lo que se haga, el mundo nunca volverá a su estado anterior.

El legado que Europa dejó a las poblaciones negras “siempre corriendo atrás de la mayoría blanca”

Entonces, cabe preguntarse: ¿Cómo era ese mundo? ¿Cómo sería ahora si no se hubiera desarrollado el sistema de explotación del colonialismo? ¿Existiría entonces el racismo? “Es muy importante entender que el colonialismo y el esclavismo originaron el racismo y no al revés”, indica Toasijé, también actual presidente del CEDRE (Consejo de la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica) en España. El historiador indica que los factores que desencadenaron el pensamiento de la supremacía blanca comenzaron a darse a partir del siglo XV

“A partir de que los pueblos de la península ibérica vencen a los musulmanes y que los pueblos europeos se extienden por Abya Yala [término hasta ahora más antiguo referido a un territorio americano]”, se genera, indica el historiador, “una sinergia muy fuerte dentro del sistema europeo”. En palabras de Toasijé, a estos factores hubo que añadirles dos más: la motivación religiosa (Dios de parte de los vencedores) y la superioridad de la tecnología militar de los estados europeos. De esta forma, los estados occidentales comenzaron a percibir a los otros pueblos como inferiores.

Pero esta es solo una de las consecuencias, quizás la más importante, que el esclavismo y el colonialismo acarrearon (y aún hoy acarrean) a la población afrodescendiente. Otra fue la de la disposición territorial que impera en el continente desde la Conferencia de Berlín. África, en su época precolonial, no estaba dividida por las fronteras actuales. Había cinco grandes estados autóctonos: Egipto, Marruecos, el Imperio Otomano, el Sultanato de Zanzíbar y el Estado Afrikáner. El resto del territorio estaba configurado, en su gran mayoría, por pequeños estados de origen tribal.

Sin embargo, tras el reparto que se hizo del continente, quedó un lugar hecho a gusto de los europeos y así siguió tras el proceso de descolonización, lo que dejó como herencia una gran inestabilidad política con incontables ejemplos. Desde el genocidio de Ruanda hasta la terrible situación actual de la República Democrática del Congo (RDC).

En este último caso la también defensora de derechos humanos Isabelle Mamadou y coordinadora del Equipo del Decenio Afrodescendiente, que nació y creció precisamente en el Congo, indica que “Bélgica lo que hizo fue crear y fomentar unas prácticas de saqueo de recursos naturales a partir del siglo XIX que todavía hoy se están dando”, mientras el país colono, por su parte, se enriquecía a su costa. “Podemos decir incluso que la riqueza de Bélgica se ha construido sobre la sangre y la explotación de los cuerpos congoleños”, añade la defensora.

La configuración de un nuevo orden mundial norte-sur, la diáspora de millones de personas que fueron secuestradas de sus hogares y la evolución de un continente entero que nunca tuvo la oportunidad de desarrollarse de una forma “natural” son otras de las consecuencias directas de las prácticas esclavistas y colonialistas de los pasados siglos.

Esto se refleja, según indica Carlos Álvarez Nazareno, miembro de ALDA (Articulación Latinoamericana para el Decenio Afrodescendiente) e integrante de la Dirección Nacional de Equidad Étnico Racial, Personas Migrantes y Refugiadas en Argentina, en que “tristemente, las personas blancas siempre están en mayor posición de desarrollo y de ventaja que las personas afrodescendientes o descendientes de esclavizados y esclavizadas”. Quizás esta frase de Nazareno resuma aún mejor las consecuencias de los sistemas de dominación que imperaron en el siglo pasado: “Siempre estamos corriendo más atrás de la mayoría blanca”.

Diferentes demandas con un mismo fin

Como puede observarse, las consecuencias históricas de los sistemas de colonización y esclavización no pueden suscribirse solo a un país o continente determinado: toda la sociedad se ha construido sobre esa huella colonial. Ya sea como estado opresor que se ha beneficiado de la explotación de otro territorio, ya sea como estado explotado o ya sea como resultado de la diáspora.

Teniendo esto en cuenta, los actores involucrados en la petición de reparaciones históricas hacia los afrodescendientes son muchísimos: desde los estados africanos hasta las comunidades negras repartidas por todo el mundo. Pastor Murillo los divide en cinco grupos.

En primer lugar, tendríamos a los gobiernos del continente africano, donde son los propios estados los que demandan las reparaciones a los países colonialistas. En segundo lugar, están las peticiones procedentes de los miembros de la diáspora, que “reivindican la reparación directamente a las comunidades que fueron afectadas en su momento, no al gobierno”, señala el abogado.

Por otra parte, los estados caribeños, de mayoría de población negra o mestiza, concentran su plan de reparaciones en 10 puntos, establecidos por la Comunidad del Caribe o CARICOM, que centran su atención en la demanda de reparaciones en su desarrollo económico y tecnológico.

Quedan aún dos actores de envergadura a este respecto: Estados Unidos y América Latina. En el primer caso, las reparaciones se centran específicamente en la población afroamericana y, sobre todo, en el aspecto económico a través de la ley HR.40. Esther Mamadou opina que “esto presenta problemas”, pues “¿qué pasa entonces con la población nigeriana y senegalesa de Estados Unidos?”. “No son descendientes de personas esclavizadas, así que no entran en las reparaciones”, indica.

Por último, según afirma Pastor Murillo, América Latina “sitúa a la diáspora africana y los descendientes de la trata trasatlántica en el centro de sus demandas”, sin dejar de señalar a los países de esta región que prolongaron la esclavización.

Por ejemplo, indica el abogado, “cuando desde el gobierno de Colombia demandan la condonación de la deuda externa como una opción de reparación, desde el movimiento social de los afrodescendientes se piensa en que la condonación de la deuda, en el caso de que se hiciera, cómo podría llegar a las víctimas”. “No parece que estén de acuerdo en que se beneficie al conjunto del país que ha estado en poder de las élites que se han usufructuado y siguen usufructuándose de las víctimas del proceso de esclavización”, añade.

Asimismo, en América Latina tiene mucha importancia el tema del territorio ancestral, definido por el Diccionario Panhispánico como la “tierra sobre la cual tienen posesión ancestral e histórica, comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas”. Para Nazareno esta cuestión es fundamental: “Cuando hablamos del derecho al territorio esto implica reconocer nuestra existencia, pero también la pertenencia a esos territorios donde hemos estado históricamente”.

Todos estos grupos tienen un mismo fin: la reparación histórica. Sin embargo, plantean diferentes prioridades o formas de llegar a ello. “Yo diría que estamos en un momento de ebullición”, indica Murillo: “Digamos que hay una demanda global de reparación en favor de africanos y afrodescendientes. Estamos en el camino de encontrarnos en lo que sería la consolidación de una agenda que incluya prioridades, métodos… Y quizás el sentimiento es uno: reparaciones”.

Pequeños pasos hacia reparaciones históricas

A pesar de que, como señalan las voces del presente artículo, el camino en lo concerniente a las reparaciones históricas se encuentra apenas en su casilla de salida, ya ha habido algunos pasos en aquella dirección. Volviendo a las tres áreas de las que Pastor Murillo hablaba al principio del artículo, la reparación moral ha visto progresos en el reconocimiento que algunos países colonialistas han hecho de su implicación en crímenes de lesa humanidad.

Es el caso de Alemania, que hizo una petición de perdón a Namibia, país en el que se calcula que las tropas de Guillermo II masacraron, entre 1904 y 1908, a más de 70.000 personas. También de Bélgica, cuyo rey reconoció el sufrimiento causado a la República Democrática del Congo. Eso sí, sin mencionar expresamente a su antepasado, Leopoldo II, monarca que hizo del Congo su finca personal y bajo cuyo mandato fue asesinada la mitad de la población autóctona. A estos países se suman las peticiones de disculpas hechas por El Vaticano, Italia, Países Bajos y Reino Unido. Francia no ha pedido perdón, pero sí que ha reconocido sus crímenes del pasado.

Económicamente, también se han dado pequeños y tímidos pasos. En 2020 Países Bajos indemnizó con pequeñas sumas de dinero a los descendientes directos de las víctimas de su reinado colonial. Por su parte, en abril de 2022 la universidad de Harvard acordó destinar 100 millones de dólares para estudiar y reparar su implicación en la esclavitud.

La postura de España: un misterio en proceso de resolución

En lo que respecta a España, por el momento, no ha habido ningún postulado oficial sobre esta cuestión. “Me parece grave que tengamos una Ley de Memoria Histórica desde 2007 en la que sí se contemplan las reparaciones para las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, pero no haya ninguna medida de reparación para los descendientes de las víctimas de la esclavitud a pesar de la participación de España en los crímenes de lesa humanidad”, indica Isabelle Mamadou.

En realidad, lo mismo ocurre si comparamos el trato dado a las víctimas del colonialismo y el esclavismo con el trato dado a las víctimas del holocausto, siendo el colonialismo una práctica mucho más reciente, pues en los años 60 aún había 27 países africanos bajo dominación extranjera. “Esto solo hace reforzar que las vidas negras valen menos que las vidas blancas” añade la defensora de derechos humanos.

Pero volviendo a la postura de nuestro país, Antumi Toasijé, presidente del citado CEDRE, señala que este organismo “sí se ha implicado muy activamente en la redacción para el borrador de una ley integral para el racismo”. Un borrador en el que, asegura, se han incluido medidas específicas de reparaciones, sobre todo de memoria colonial. Aunque, añade, que “de momento, las reparaciones son una cuestión secundaria para el Consejo”.

En cualquier caso, y hablando globalmente, Isabelle reconoce que sí se van consiguiendo “logros pequeños que hacen que se ponga el tema de reparaciones sobre la mesa y se cree un debate, que es lo que permite abrir puertas hacia algo mucho más grande”.

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