Las lagunas de la recuperación

España se sitúa en la cola de la productividad de los países ricos por la menor inversión y la ineficiencia empresarial

España tiene una de las productividades más bajas de los países ricos.

La economía española ha creado más de dos millones de puestos de trabajo desde 2014, pero lo ha hecho sobre todo en sectores de baja productividad. Lo mismo ha ocurrido en el resto de la OCDE, según destaca en su último Compendio de Indicadores de la Productividad la organización que agrupa a los 35 países más ricos del mundo. La consecuencia es que la productividad general del trabajo, que la OCDE mide como el PIB por hora trabajada, se ha hundido arrastrada por ese tsunami de nuevos empleos de baja calidad, creados en los tres sectores que más puestos han generado entre 2010 y 2016: restaurantes, salud y atención residencial.

La preponderancia de este tipo de empleos poco productivos se traduce también en sueldos más bajos que, a su vez, también tiran hacia abajo el salario medio en cada uno de estos países. España es un caso claro: los salarios reales –ajustados con la inflación– cayeron de media entre 2010 y 2016 un 0,58%. Sólo la superan los sueldos de Grecia –que se hundieron un 3,06%–, Portugal –un 1,2%– y Reino Unido –0,79%–. Como resultado, la OCDE teme que a largo plazo “la desconexión entre los salarios y la productividad” termine “impulsando desigualdades en los ingresos y la riqueza”.

La productividad del trabajo en España alcanza los 52,24 dólares por hora trabajada, por debajo de la media de la UE, 53,42 dólares, y a distancia sideral de los campeones europeos: Irlanda, con 95,45 dólares, y Luxemburgo, con 93,72. Alemania llega a los 67,98 dólares y Francia a los 66,65. Medida como porcentaje de la productividad media por empleado de la OCDE, la de España es el 97,8%, mientras que la de Irlanda supone el 182,7% y la de Francia, el 110,2%.

Aun así, la organización no deja de destacar que la recuperación basada en los empleos poco productivos es una tendencia planetaria. Según sus cálculos, el 90% de los puestos de trabajo creados en Francia entre 2010 y 2016 corresponden a sectores con salarios y productividad inferiores a la media, en Estados Unidos equivalen al 77% y en Alemania y Reino Unido superan el 60%. En cifras absolutas, la OCDE explica que en 2016 Estados Unidos tenía 9,7 millones de empleos poco productivos más que seis años antes; lo que cuadriplica los 2,4 millones contabilizados entonces. En Alemania, pese a tener un mercado de trabajo bien distinto, la cifra se disparó de 600.000 a 1,5 millones, casi el triple.

Menos capital por hora trabajada

El informe no incluye datos sobre el porcentaje de empleos poco productivos y peor remunerados creados en España en esos años, pero un documento de Caixabank Research cifra en un 78% los puestos de trabajo con productividad inferior a la media generados entre 2013 y 2017. Los sectores que los generan son los que mayor peso tienen en la economía nacional: el comercio, la hostelería y el transporte concentran el 32% del empleo creado esos años.

El documento de la OCDE atribuye el bajo crecimiento de la productividad a su declive en la industria, tanto en las empresas de alta tecnología –ordenadores y electrónica– como en las de menor sofisticación –textil–. Aun así, sigue siendo superior a la productividad del sector servicios, donde las finanzas y los seguros –los más productivos– están acusando todavía la resaca de la crisis.

Sin embargo, el factor que mejor explica la atonía de la productividad es la debilidad de la “intensificación del capital”, el dinero que las empresas y los estados invierten por hora trabajada. Da igual que sean inversiones en TIC o en activos tangibles, todas ellas se han frenado en la mayoría de los países tras la crisis. Es más, en España, al igual que en Portugal, la contribución de la “intensificación del capital” fue negativa en 2014 y 2015. Según otro informe de Caixabank Research, mientras en Estados Unidos el porcentaje del PIB destinado a la formación bruta de capital se deprimió 2,6 puntos porcentuales entre 2012 y 2016 en relación con 1970-2000, en España la caída fue de 4,2 puntos.

España no trabaja de forma inteligente

Bajando al detalle, el crecimiento de la productividad española, un 1,12% entre 2010 y 2016, se descompone en 22 décimas de inversión TIC, 84 décimas de inversión en activos físicos y sólo cinco centésimas de lo que los economistas denominan productividad total de los factores o multifactorial. Ésta se refiere a la eficiencia para combinar capital y trabajo en el proceso productivo. “Trabajar de forma más inteligente”, resume la OCDE. La productividad crece si se produce más por cada hora trabajada, lo que se consigue aumentando el capital invertido en cada puesto de trabajo o mejorando la eficiencia general con la que se combinan capital y trabajo, explica el informe. Por regla general, para conseguir esa compenetración las empresas deben recurrir a mejoras tecnológicas u organizativas y un buen entorno institucional y legal, recuerda por su parte el estudio de Caixabank Research.

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Y ahí la economía española pincha de nuevo. Junto con Italia, es el país de la OCDE con la tasa más baja de crecimiento de la productividad total de los factores, de esa eficiencia organizativa, tecnológica e institucional. Si entre 2010 y 2016 creció sólo cinco centésimas, entre 1995 2010 fue incluso negativa. Por el contrario, donde más impulso lleva es en Corea del Sur, un 1,04%, y en Irlanda, un 1,76%.

Según la organización internacional, el parón que sufre la productividad total de los factores, no sólo en España sino en todo el mundo, se debe a que las estructuras organizativas y los modelos de negocio no se adaptan con la velocidad necesaria al progreso tecnológico. Pero también lo achaca a desajustes entre la oferta y la demanda de cualificaciones profesionales, a la asignación inadecuada de capital e incluso a la menor velocidad con que se difunden las innovaciones desde las empresas más productivas hasta las que lo son menos.

La OCDE advierte también de que no siempre el recorte de los costes laborales unitarios es una medida del aumento de la competitividad internacional de una economía. España, Grecia, Portugal e Irlanda sufrieron grandes recortes de sus costes laborales unitarios durante la crisis financiera. Pero el informe subraya que no son señal de una mejora de su competitividad relativa, sino que se deben más bien a las “significativas caídas de la producción y del nivel de empleo” padecidos entonces.

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