GEOPOLÍTICA Y RECIBO DE LA LUZ

El estallido de la tensión en Ucrania puede encarecer aún más un gas que seguirá en precios altos todo 2022

El presidente ruso, Vladimir Putin, se prepara para una sesión de esquí.

Nueva crisis geopolítica. Se ha estado gestando durante meses y esta semana está alcanzando el pico de tensión, con España como participante activa al ser miembro de la OTAN. Rusia, siempre celosa de su influencia en las ex repúblicas soviéticas, ha aumentado su presencia militar y sus maniobras en la frontera con Ucrania, cuyo Gobierno prosigue su acercamiento a Estados Unidos y la Unión Europea. Los gobiernos comunitarios, así como el gabinete de Joe Biden, temen abiertamente una invasión, ya sea de la región prorrusa del Dombás o del país entero. Putin niega las acusaciones mientras ensaya con sus tropas las vías de entrada al país.

Las consecuencias de un conflicto armado serían múltiples: un escenario que no parece probable, pero que tampoco se puede descartar en estos momentos. En primer lugar, las más obvias: la pérdida de vidas humanas y el sufrimiento habitual de quienes menos tienen que ganar y más tienen que perder en la guerra. Pero también podría tener consecuencias en el suministro de un bien básico para Europa, sobre todo en invierno: el gas natural, que sigue en un rally de precios que tensiona las democracias continentales. Rusia siempre ha tenido mucho poder con respecto a la energía y no hace falta que se dispare un solo tiro para que se agrave la crisis energética.

La crisis en el este agrava y puede agravar más los precios del gas. Pero no únicamente por razones políticas, con Putin abriendo y cerrando un grifo a placer: hay razones económicas y en demasiadas ocasiones, el dinero es una explicación más razonable que las oscuras conspiraciones entre despachos. En estos momentos, la razón fundamental de la escalada se explica por la oferta y la demanda: la primera está estancada porque pocos quieren invertir en más exploraciones y extracciones de un combustible que puede quedarse obsoleto en unas décadas. Y la demanda aumenta sobre todo por Asia, que quiere salir del golpe de la pandemia más fuerte de como entró.

No es que Rusia esté generando la crisis en Europa, ni mucho menos. Al menos, aparentemente. Así lo explica el responsable de Energía y Clima del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano. "Está cumpliendo escrupulosamente con los contratos firmados". Sin embargo, "es difícil dar una respuesta tajante" a la hora de descartar la mano negra de los rusos: la sospecha de que Gazprom, la gigantesca empresa estatal, está mandando menos gas del que podría mandar, destinándolo a los metaneros en forma de gas natural licuado y con destino Asia, donde les van a pagar más, explica el especialista. ¿Es eso una razón política o económica?

Al autócrata que dirige el inmenso país eslavo, en cualquier caso, le gusta presumir de su poder con respecto a la seguridad energética europea: en octubre, los precios cayeron después de que Putin ordenara rellenar las reservas en el continente. Lo hizo mediante un mensaje televisado.

Sin embargo, las tensiones geopolíticas influyen, y mucho. Ya lo están haciendo, de hecho. Así lo explica Gonzalo Escribano: "Todos los elementos de mercado son complejos y, entre ellos, están las tensiones geopolíticas. En un escenario de tensión entre la oferta y la demanda como el actual", asegura, los roces entre potencias hacen subir la prima de riesgo y se notan en los costes durante semanas... o durante meses, si el escenario actual se enquista. Lo sufriremos en la factura de la calefacción y en la de la luz, debido al diseño europeo del mercado eléctrico y a una tarifa regulada que, ante la ausencia de una reforma, sigue sufriendo los vaivenes y la subida de la subasta marginalista.

¿Y si las presiones, la tensión, las sanciones y las amenazas van a más, incluso llegando al conflicto armado? Escribano no descarta que Rusia, finalmente, acabe limitando los hectómetros de gas que envía a Europa, aun a costa de su propio negocio. Tendría consecuencias no tanto a nivel de seguridad de suministro, pero sí a nivel de precio, que se marca a nivel global independientemente del país suministrador. Baja (aún más) la oferta, la demanda sigue igual de alta. España, por ejemplo, recibe el recurso mayoritariamente de Argelia, pero sufre las dinámicas del mercado en su globalidad.

Sin embargo, el experto no cree que Putin pueda clausurar o limitar el suministro a Europa indefinidamente. No nos hace un favor: es también un negocio para ellos. "Lo de que todo el gas lo van a mandar a China... surge de la ignorancia. El gas que se manda por Yamal [el gaseoducto que cruza Ucrania para surtir al continente] no puedes coger y mandarlo en taxi si no hay tubo. ¿Hay tubo hasta China? ¡No, no hay!", insiste Escribano con un deje de ironía. Licuarlo y mandarlo en barco hasta el otro lado del mundo no es sostenible, por los altos costes. La vía marítima más accesible, la que atraviesa el Ártico, solo es viable durante el verano por motivos obvios.

El mercado del gas beneficia a importador y a exportador y, considera Escribano, en ocasiones se olvida cuando se habla de combustibles y geopolítica. Igual pasa con Nord Stream II, una pieza más en el tablero: el gaseoducto que podría conectar Alemania y Rusia sin pasar por Ucrania y que se espera que entre en funcionamiento el próximo invierno. El país germano tiene un evidente interés en el proyecto, aunque la entrada de Los Verdes en el Gobierno y el rechazo preliminar del regulador lo complican. Pero Putin también: Yamal supone la principal fuente de ingresos externos de Ucrania, por derechos de paso. Y la Comisión Europea lo utiliza para presionar porque sabe del interés ruso. El comisario de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, lo ha dejado claro: el futuro de esta conexión es el futuro del conflicto en la frontera.

Escribano no cree que, en todo caso, la entrada en funcionamiento del segundo gaseoducto vaya a aumentar la oferta y así bajar los precios, porque lo que busca Rusia es cambiar una conexión por otra. "En la cantidad de gas que se manda no habría muchos cambios". El analista del grupo ASE Juan Antonio Martínez discrepa: Putin sí que busca aumentar los flujos, "lo cual es bueno para el mercado mientras evita los costes de pasarlo por Ucrania".

¿Fin de la crisis energética en mayo de 2022?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, auguró recientemente que a partir de mayo los precios empezarán a caer. Pero no será un descenso brusco, sino progresivo; y es probable que nunca se vuelva a la vieja normalidad en cuanto al coste de este combustible fósil. Así lo predicen los mercados de futuros, en los que se basa el líder del Ejecutivo para sus predicciones, y la realidad política en torno a la transición ecológica. "Vamos a pagar el doble o el triple de lo que pagábamos antes", pronostica Escribano. "Todo apunta a que, a largo plazo, seguirá así", dispara Martínez. "El gas está en plena transición". Y no tiene vuelta atrás: si todo sigue según lo planeado, cada vez querremos menos gas. Aunque a día de hoy lo necesitamos, por desgracia para nuestros bolsillos.

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