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Investigación

La exportación legal de residuos plásticos españoles se hunde un 66% tras el cierre de las fronteras de China, primer reciclador mundial

La ministra de Medio Ambiente de Malasia, Yeo Bee Yin, mostraba en mayo de 2019 unos contenedores de basura plástica procedentes de Australia y llegados al puerto de Klang. Sólo unos días antes había enseñado a la prensa otros con origen en España.
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La Unión Europea es el primer exportador mundial de residuos plásticos. Desde que la ONU empezó a medir los flujos comerciales globales, en 1988, y hasta 2016, los europeos han enviado fuera de sus fronteras el 32% de los 215 millones de toneladas de desperdicio plástico que se han exportado en todo el planeta. Estados Unidos y Canadá, menos de la mitad, el 14%. España es la responsable de depositar 2,86 millones de toneladas durante tres décadas en ese inmenso cubo de basura, tal y como figura en la base de datos Comtrade del organismo internacional.

El plástico es moldeable, ligero pero resistente, y barato. Todo un éxito de la industria. De hecho, no hay otro material cuya producción haya crecido tanto: en 1950 sólo se fabricaron dos millones de toneladas en todo el mundo, pero en 2015 ya eran 322 millones. Hasta 2017, el planeta acumulaba una producción de 8.300 millones de toneladas de plástico. De esa cifra, han acabado convertidas en residuos 6.300 millones, el 76%. Que, además, como alertaba una cantante californiana en los 90, son “para siempre”: una botella de polietileno (PET) puede tardar un milenio en degradarse. Puesto que sólo se recicla el 9% del plástico que se tira al cubo de la basura y el 12% es incinerado, el 79% restante termina en vertederos o en el medio ambiente, según un estudio realizado por expertos de las universidades de California y Georgia. La revista Science calcula que entre cuatro y 12 millones de toneladas de este tipo de residuo contaminante y eterno son arrojadas al mar cada año.

Pero que sea un desperdicio no quiere decir que carezca de valor económico. Desde 1993 hasta 2016, las exportaciones de estas basuras se multiplicaron un 817%, buena prueba de la rentabilidad y plenitud del negocio. Además, se trata de un mercado peculiar. Hasta enero de 2018, la mitad de esos millones de toneladas desechadas en todo el mundo se exportaba a un único país: China. Si a la cifra se añaden los cargamentos dirigidos a Hong Kong, que funciona como puerto de entrada hacia el vecino gigante, las ventas a ambos destinos acaparaban hasta hace dos años el 72,4% del comercio mundial.

En esa fecha, el Gobierno de Pekín prohibió la importación de la basura plástica de peor calidad, en un intento por devolver la salud a un medio ambiente que tenía muy maltratado. Un buen número de plantas recicladoras, situadas en zonas costeras, fueron obligadas a cerrar. Y el resto del planeta se quedó sin dónde enviar sus millones de envases. Acomodados a los precios irrisorios de los barcos que cargaban la basura y a los de su posterior reciclaje en las plantas chinas –inferiores al coste de enviarla en camión a una instalación local–, la dependencia de un solo importador es global: ni Europa ni Estados Unidos han desarrollado una industria de tratamiento que pueda digerir los residuos ahora rechazados por el gigante asiático.

Así que el cataclismo en el mercado mundial de residuos y reciclaje ha sido tremendo y tendrá largo alcance. El cierre del mercado chino provocará el desplazamiento de unos 111 millones de toneladas de residuos plásticos hasta 2030, de acuerdo con los cálculos realizados por Amy L. Brooks, Shunli Wang y Jenna R. Jambeck, tres investigadores de la Universidad de Georgia (Estados Unidos). Esa cantidad de basura con nuevo rumbo equivale a casi la mitad de los desperdicios plásticos importados desde 1988. Ya no viajará a China, sino a otros destinos. O tendrá que ser reciclada en el mismo país que los produzca. O ya está aumentando las escandalosas cantidades de residuos incinerados o arrojados a vertederos. O lo que es peor, ha disparado las exportaciones ilegales de basura y el interés en ellas del crimen organizado.

De 302.774 toneladas a sólo 92.176 en dos años

La primera consecuencia en España se ha dejado ver enseguida en las cifras de exportaciones de residuos plásticos. Según los registros del Departamento de Aduanas, que depende de la Agencia Tributaria, en 2017, el año previo a que entrara en vigor la prohibición china, España exportó un total de 302.774 toneladas de este tipo de basuras, las encuadradas bajo el código TARIC 3915. En 2018, el primer año sin China, las exportaciones españolas al resto del mundo cayeron a la mitad, 157.462 toneladas de plástico. En 2019 el desplome continuó: 92.176 toneladas. Para 2020 sólo están disponibles aún datos hasta septiembre. En nueve meses sólo han salido del país 59.182 toneladas de desechos plásticos.

Es decir, las exportaciones españolas de estas basuras han descendido al nivel que tenían en 2006, de acuerdo con los datos de Comtrade. La prohibición china las ha dejado en un tercio del volumen que solían tener. El año en que España vendió al exterior más residuos de este tipo fue 2014, con 359.484 toneladas.

Al mismo tiempo, se han disparado las importaciones. En 2017, España compró 103.169 toneladas de residuos plásticos. En 2018 ya fueron 138.594 toneladas. En 2019 se elevaron a 157.428. Desde 2016, las importaciones se han duplicado.

¿Qué ha ocurrido con las más de 200.000 toneladas que han desaparecido de los registros de aduanas? ¿Cómo se explica que, tras el cerrojazo de China, España importe más basura plástica de la que exporta –un 70% más–, cuando hasta 2017 sus ventas llegaban a triplicar las compras?

Interpol publicó el pasado mes de agosto un informe donde analiza las tendencias criminales emergentes en el mercado global de residuos plásticos desde enero de 2018. Tras recopilar información procedente de 40 países, la organización internacional de policía constata que en estos dos últimos años se ha producido un “gran desvío” de las exportaciones de basura sintética desde China hacia otros destinos alternativos en el sur y sureste de Asia. En concreto,hacia Malasia y Tailandia. Pero también han aumentado los envíos a Europa central y del Este. Esas nuevas rutas son tanto legales como ilegales. Y las ilegales a veces utilizan países de tránsito para camuflar el origen de los cargamentos.

Además, como el volumen de residuos vendidos legalmente a estos nuevos importadores es menor que el absorbido antes por China, en los países exportadores se están acumulando excedentes de basura plástica. Así que también han crecido de forma significativa la quema y el vertido ilegal de estos desechos sintéticos en sus territorios de origen.

Nuevas rutas para la basura plástica

España no escapa de esta tendencia general. Al desplome del volumen de exportaciones legales se le ha añadido un nuevo mapa de envíos. En 2017, un total de 115.911 toneladas de residuos plásticos salía de España rumbo a las plantas de reciclaje chinas. El 38,3% de los cargamentos. A Hong Kong embarcaban otras 47.015 toneladas. En conjunto, casi el 54% de las exportaciones. El tercer destino preferido de los contenedores nacionales era Italia, con 28.104 toneladas. Después, de acuerdo con las cifras de Aduanas, aparecen Vietnam y Malasia. Tras el veto chino de 2018, el principal comprador de basura plástica española pasó a ser Malasia, con 24.388 toneladas, aun prácticamente con la misma cantidad que el año anterior. El segundo era Vietnam, con una cifra similar a la de 2017. China ya importó sólo 14.529 toneladas; Hong Kong, 13.504. Después aparecía Tailandia, con 11.986 toneladas. La reducción de exportaciones a China no se traduce en un aumento de las ventas a Malasia y Tailandia, al menos no legalmente.

En 2019, Hong Kong se convierte en el principal importador, con 10.943 toneladas, seguido de Malasia, con sólo 9.678. Alemania es el tercer comprador, con 9.219 toneladas, una cuantía que no ha variado en los últimos años. Pero ese año ya escalan en la clasificación nuevos protagonistas, que se afianzarán en 2020: Turquía –sólo en los nueve primeros meses de 2020 ya ha comprado un 56% más de plásticos que en todo 2017–, Rumanía –que multiplica por 37 sus importaciones españolas desde 2017–, Egipto –que cuadriplica en los nueve primeros meses de 2020 los cargamentos de todo 2019– y Ghana –1.654 toneladas, cuando en 2017 no compraba nada–. España también envía residuos plásticos a países europeos como Francia, Portugal o Países Bajos, pero sus cantidades no han cambiado apreciablemente tras la prohibición china.

Como explica el informe de Interpol, la primera reorientación de las rutas hacia países del sureste asiático como Malasia, Tailandia o Vietnam sufrió enseguida un nuevo viraje. Tras verse inundados por los cargamentos de residuos plásticos que China ya no admite, los gobiernos del sureste asiático instauraron sus propias restricciones a la importación. Muchos de ellos devolvieron a los puertos de origen decenas de barcos llenos de porquería que causaban serios problemas medioambientales y sanitarios al pasar meses o incluso años en sus muelles.

En septiembre de 2019, Indonesia mandó de regreso a Australia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, España, Bélgica y Gran Bretaña 547 contenedores, pero había intervenido hasta 2.000. Unos meses antes, Malasia había ordenado la vuelta a Valencia de 24 contenedores llenos de envases plásticos. En enero de 2020, repatrió otros 150: 42 a Reino Unido, 40 a Francia, 17 a Estados Unidos, 11 a Canadá, 10 a España y nueve a Hong Kong. Sri Lanka hizo lo propio con 241 contenedores procedentes del Reino Unido que llevaban desde 2017 apestando el puerto de Colombo.

Efecto dominó

De modo que el negocio ha tenido que buscar nuevos destinos para unos desechos cuya producción no mengua pese a la batalla promocional de gobiernos y ecologistas contra el plástico. Interpol lo describe como un efecto dominó. En Asia, los barcos basurero han empezado a dirigirse hacia Laos y Myanmar. En Europa, la República Checa, Rumanía y Polonia han aumentado sus importaciones de residuos plásticos procedentes de otros países de la UE, como los Países Bajos, y del Reino Unido. Rumanía, un 50% entre 2017 y 2019, según los datos de Comtrade. Chequia, un 29% en 2018 respecto al año anterior. Polonia, un 21,3%.

El crecimiento de Turquía ha sido mucho mayor: un 66,8% en sus compras de desperdicios sintéticos en 2018 respecto al año precedente. Las importaciones turcas ascendían a 436.909 toneladas el primer año de la prohibición china, el triple de lo que compra España. Comtrade aún no tiene datos de 2019.

En África, el informe de Interpol señala a Malawi, Ghana y Suráfrica como nuevos importadores de este tipo de basura. Greenpeace llama la atención sobre Ghana especialmente para las exportaciones españolas. Sobre todo, porque en 2014 la Unión Europea prohibió exportar desechos plásticos a ese país del Golfo de Guinea. Sin embargo, aparece en los registros de Aduanas desde 2018, con 1.478 toneladas, y con 1.654 toneladas en 2019. Hasta septiembre de 2020 España le había enviado ya 1.124 toneladas. Según Comtrade, Ghana ha duplicado su volumen de importaciones de plástico entre 2018 y 2019: de 2.911 a 5.936 toneladas. De las registradas en 2018, más de la mitad procedían de España; de las consignadas en 2019, una tercera parte. Sólo la vecina Burkina Faso le vende más.

En el último informe que ha publicado sobre el reciclaje de plásticos, Greenpeace cifra en 30 anuales el número de operaciones españolas con Ghana, pese a que su capacidad para reciclarlos es nula: sólo trata entre un 2% y un 5% de sus propias basuras sintéticas; el 38% termina en vertederos, el 23% en el mar, el 28% son enterradas y el 11% incineradas.

El plástico parece pues haberse añadido a la basura electrónica, en la que Ghana se ha convertido en un desgraciado referente mundial. En el barrio de Agbogbloshie de la capital, Accra, se amontonan toneladas de ordenadores, móviles o televisores descargados de barcos con origen en Europa o Estados Unidos. Allí miles de personas rebuscan y queman los aparatos en busca de metales que revender. Como revela Interpol, las mismas rutas marítimas que servían para los residuos tecnológicos se están utilizando ahora para los plásticos.

Todas estas cifras se refieren a movimientos legales de basura plástica. Pero, según un informe del Tribunal de Cuentas Europeo, en 2011 el 20% de los cargamentos de residuos con origen en la UE eran ilegales. El porcentaje se eleva hasta el 33% en el caso de mercancías peligrosas, que es la consideración que suelen tener la mayoría de los desechos plásticos. El auge que pueden haber experimentado estos envíos desde el veto chino de 2018 es difícil de calcular por su obvio carácter clandestino. Aunque Interpol explica, por ejemplo, que el 45% de los contenedores inspeccionados por las autoridades de Indonesia en 2019 procedía del tráfico ilegal de residuos plásticos.

Incendios en vertederos y plantas de tratamiento

Pero como no todo lo que antes se embarcaba hacia China ha sido desviado, legal o ilegalmente, al sureste asiático, a África o a Europa del Este, la incineración y el vertido ilegal también están creciendo en el territorio del primer exportador mundial de residuos plásticos, la UE. Según Interpol, es lo que ha sucedido en Francia, Italia, Irlanda, Suecia y Eslovaquia. Y en España.

En concreto, la organización policial destaca que los incendios en vertederos y plantas de tratamiento de basuras se han disparado aquí un 100% entre 2017 y 2018. Esos datos han sido aportados por la Guardia Civil, cuya Unidad Central Operativa Medioambiental (Ucoma) confirma a infoLibre el aumento de los incendios en plantas de gestión de residuos plásticos. Intencionados, sospecha el instituto armado. “El fuego sirve para encubrir la falta de gestión de las basuras”, explica su responsable, el capitán Carlos Astrain, “no es casual que, por ejemplo, no afecte a la maquinaria ni a la estructura, sino a zonas muy concretas de las instalaciones y al material acumulado”. La Guardia Civil cifra en un 15% el número de siniestros intencionados.

Según las cuentas de Greenpeace, en España se han producido 267 incendios en otras tantas plantas de residuos desde 2012. Treinta y cinco de ellas, aseguran, pertenecen a recicladores homologados de Ecoembes, el cuasimonopolio del reciclaje de envases domésticos. La organización ecologista asegura que algunas de estas instalaciones han sufrido más de cinco siniestros en los últimos ocho años.

La patronal Anarpla (Asociación Nacional de Recicladores de Plástico) reconoce el “alarmante” aumento de los incendios en el sector, pero niega que se estén produciendo en plantas de reciclaje, sino en las que se dedican a “recuperar” y “seleccionar” los residuos. Según destaca, el coste de los siniestros declarados en instalaciones de reciclaje autorizadas durante los últimos cinco años no llega ni al 1% del coste de las pólizas con que estaban aseguradas, sólo 27.997 euros.

Por su parte, la Federación Española de Recicladores y Recuperadores (FER) responsabiliza al aumento de siniestros a las “campas ilegales que han proliferado” pese a sus continuas denuncias ante los gobiernos autónomos competentes. Para su directora general, Alicia García-Franco, son una competencia desleal y un grave riesgo para el medio ambiente. “¿Alguien en su sano juicio puede creer que un gestor de residuos que cumple con todas sus obligaciones fiscales y ambientales va a quemar intencionadamente su planta de residuos con toda su costosa tecnología, maquinaria y recursos humanos por la indemnización que supuestamente le dará el seguro y que no llegará ni en el mejor de los casos tras la correspondiente investigación pericial a una décima parte de su valor real de mercado?”, se pregunta para negar la implicación de estas empresas en la ola de siniestros.

En cualquier caso, tanto los recuperadores como los recicladores se quejan de la subida de precios de las pólizas y del endurecimiento de las condiciones que exigen al sector las aseguradoras por culpa de los incendios. “Nos meten a recicladores y recuperadores en el mismo saco, no discriminan, y nos piden a todos los mismos precios”, protesta el gerente de Anarpla, Óscar Hernández. En algunos casos, lamenta, las compañías se han negado incluso a asegurar a las empresas.

Operación contra el tráfico ilegal al sureste asiático

Lo que la Guardia Civil no ve aún en España son organizaciones criminales que estén aprovechando el vuelco del negocio tras el veto chino. “Hay un primer nivel de gestores de residuos que son empresas nacionales”, explica Carlos Astrain, “éstos proveen de género a brokers chinosbrokers, que son los encargados de enviar los cargamentos fuera de España”. Legal o ilegalmente. Pero, por lo general, las implicadas son empresas legales que, “por mala praxis o por obtener un beneficio económico cometen ilícitos”. Como quemar los residuos acumulados a los que no consiguen dar salida desde que China prohibió la importación. No hay mafias ni conexión con el tráfico de drogas como ocurre en otros países, “pero sí estructuras orquestadas para cometer un ilícito continuado”, precisa.

Así, la Ucoma de la Guardia Civil y  la Fiscalía de Medio Ambiente llevan tiempo embarcadas en una operación contra el tráfico ilegal de residuos plásticos que se centra en esos empresarios chinos, con compañías en España y en el país asiático, que exportan estas basuras ahora a Vietnam, Tailandia o Indonesia. La investigaciónincluye también a los gestores españoles que se las venden. Los brokers chinos les pagan buenos precios, asegura la Guardia Civil. Además, los empresarios españoles, de acuerdo con la ley, son responsables de la salida al extranjero de los desechos. La operación, que comenzó nada más devolver Malasia el cargamento de basuras plásticas a Valencia y cuenta con la coordinación de Interpol, ya está casi cerrada en España, tan sólo pendiente de que terminen sus investigaciones los países asiáticos implicados.

Por su parte, Óscar Hernández explica la caída de las exportaciones desde 2018 por el aumento del reciclaje nacional y por el desvío de parte del residuo plástico a la generación de energía. Dice que el sector está “sobrado de capacidad” para asumir el excedente acumulado tras el veto chino. De hecho, su producción de plástico reciclado, tan limpio con la “materia prima virgen”, creció casi un 32% en 2018 respecto al anterior, hasta alcanzar 1,24 millones de toneladas. España, además, importa mucha basura plástica de Francia y Portugal, asegura. “Estamos invirtiendo en aumentar nuestra capacidad porque hay demanda”, resume.

Un ejemplo pueden ser los plásticos empleados para levantar invernaderos. La Guardia Civil se declara “sorprendida” por el aumento de las importaciones desde países del Magreb, Marruecos y Argelia, de estos polímeros. Óscar Hernández explica que probablemente se debe a que España cuenta con la única planta de Europa especializada en procesar plásticos agrícolas. Se encuentra en Murcia y utiliza el alto contenido en tierra de estos plásticos para hacer compostaje.

Sólo cinco autorizaciones en dos años

El Ministerio de Transición Ecológica también ha alertado sobre el “importante” aumento del traslado ilegal de basura plástica a países del sureste asiático. Lo hizo ya en febrero del año pasado. Pero achaca el alza a “la falta de conocimiento” por parte de las empresas de la normativa internacional y nacional sobre el transporte de estos desechos. En todo caso, el ministerio sólo está al tanto de los envíos que precisan autorización. Y ésos son muy pocos. Como los cinco permisos que concedió en 2018 y 2019 a una misma empresa, que los había solicitado para mandar unos cargamentos a Egipto.

Poquísimos si se tiene en cuenta que en 2018 y 2019 se llevaron a cabo unas 4.600 exportaciones, de acuerdo con los registros de Aduanas consultados por Greenpeace. Pero los controles en los puertos son aleatorios y sólo alcanzan al 4% de las operaciones. El responsable de Ucoma aclara que el fraude más común es no declarar los desechos plásticos como residuo –lo que activaría inmediatamente el control medioambiental, precisamente lo que se pretende evitar–.

Tanto Anarpla como Ecoembes se desvinculan por completo de los cargamentos ilegales de basuras que han aparecido al otro lado del mundo. “A nosotros no nos llega material sucio, sino sólo el que ha sido previamente seleccionado, con más valor que el exportado a China o a países del sureste asiático”, advierte Óscar Hernández. Si un plástico excede el contenido máximo de impropios acordados con Ecoembes, detalla el gerente de Anarpla, a los recicladores españoles no les sirve. En cambio, sí los aceptaban las plantas chinas hasta enero de 2018. Una tonelada de residuo puede valer hasta 250 euros, revela Hernández. Por encima de ese precio deja de ser considerado basura.

Si se miran los registros de Aduanas, puede medirse no sólo el volumen sino también el valor de los desechos plásticos que se exportan a según qué países. Y deducir el tipo de basura vendida. En 2017, el kilo de los residuos españoles exportados a China salía a 28 céntimos, pero el que se enviaba a Alemania o Italia superaba los 80. Los vendidos a Polonia o Rumanía llegaban a 12 y 13 euros el kilo. Por el contrario, el plástico transportado a Vietnam y Malasia no llega a 18 céntimos. Los precios no varían demasiado en los años siguientes. Es decir, los desperdicios vendidos a Polonia, Alemania o Italia son de mejor calidad; los que llegan a Vietnam y Malasia, apenas reciclables.

Ninguna empresa ha perdido su homologación

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“Son piratas”, acusa por su parte Álvaro Otero, responsable de Asuntos Corporativos de Ecoembes, a quienes se dedican al tráfico ilegal de residuos. A su juicio, resultan “excepcionales” los casos de empresas que caen en estas prácticas y Ecoembes, una “víctima” de la generalización en la que cae la opinión pública cuando se hacen públicas estas infracciones. Por el contrario, Greenpeace, muy crítica con la organización, no duda en señalar en su último informe a una de las empresas homologadas, Iber Resinas SL, como responsable del cargamento que fue devuelto por Malasia en 2019. El transporte lo realizó a través de una empresa canadiense domiciliada en su misma sede social, una dirección de Valencia. El Ministerio de Transición Ecológica le abrió un expediente, que aún no se ha resuelto. Cuando se cierre, asegura Otero, Ecoembes tomará una decisión sobre la recicladora. Dice que su vigilancia es “máxima” y que el incumplimiento de los criterios exigidos por la organización implica la pérdida de la homologación. Algo que no le ha ocurrido nunca hasta ahora a ninguna de las empresas adheridas al sistema.

En todo caso, Ecoembes sólo se encarga del reciclaje de envases domésticos –además de plásticos, de metal, briks y papel-cartón–, no de los desechos comerciales, agrícolas o industriales. Sólo un 7% de la basura, resalta Álvaro Otero, que acusa a Greenpeace de extender su responsabilidad a ámbitos que no corresponden a la organización. “España exporta pocos envases domésticos porque su industria es capaz de asumir el volumen que genera”, sostiene, por lo que cree que el impacto del veto chino ha sido limitado. De las 422 empresas homologadas por Ecoembes, apunta, 420 operan en España y sólo dos trabajan fuera: una en Portugal y otra en Egipto. Al contrario, ensalza la prohibición china como una “buena noticia”, una “oportunidad” para el desarrollo de la economía circular en Europa. “En realidad, ha sido un catalizador, un acelerador para que los países sean capaces de gestionar su propia basura y no oculten su incapacidad debajo de la alfombra exportando al sureste asiático”, defiende.

Transición Ecológica está preparando una nueva ley de residuos que establecerá la obligatoriedad de enviar al ministerio el documento de identificación de todos los cargamentos de residuos plásticos que no necesitan autorización previa. “Deberá entregarse antes de cada salida y redundará en un mayor control”, apuntan fuentes del ministerio. La ley actual, de 2011, no precisa cuándo las empresas responsables de los envíos deben trasladar a las autoridades ese documento, que especifica el tipo de material exportado, la cantidad, su origen y destino; de ahí que muchas veces, reconocen las fuentes, no se remita. “Ese vacío legal ha sido un foco de problemas”, lamentan. También la Comisión Europea está pendiente de actualizar su propio reglamento de transporte de residuos a países que no pertenecen a la OCDE, como es el caso de la mayor parte de los importadores que han tomado el relevo de China en la compra de plásticos.

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