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La reforma laboral ya no "manda a los españoles al paro”, ahora “es buena”: el nuevo viraje económico del PP

El diputado del PP Alberto Casero, que permitió la aprobación de la reforma laboral por error, ley que hoy sí acepta el candidato de su partido, Alberto Núñez Feijóo.

“Yo no he dicho que no voy a respetar la reforma laboral”, ha afirmado este jueves el candidato del PP a la presidencia del Gobierno, Alberto Núñez Feijóo. "Yo he dicho que esa reforma laboral es producto del acuerdo entre sindicatos y patronal, que es muy importante”, ha añadido. El objetivo de Feijóo es consultar a los agentes sociales para dilucidar si tienen críticas para acometer modificaciones parciales. “Si entienden que la reforma debe mantenerse intacta, no formará parte de mis prioridades”, ha añadido.

Feijóo ha añadido que “entiende” que la reforma laboral es una “buena reforma”, que sustancialmente sigue en vigor “la reforma laboral de Rajoy” y que el tronco “se mantendrá”. El líder conservador ha aducido que quizás se le ha malentendido cuando en otras ocasiones se ha referido a la ley: “Quizás es porque yo no me he explicado de forma correcta o porque no se me ha entendido”.

No hace tanto tiempo desde la última vez que se refirió a la reforma laboral. El 6 de junio, el candidato Feijóo dijo que algunos aspectos de la nueva normativa iban “en contra de los trabajadores y de la competitividad”. Es un mensaje que iba en línea con lo que históricamente ha defendido su partido: “¿Es esta la reforma laboral que necesitan nuestros sectores económicos? No, señora ministra”, espetó Cuca Gamarra, portavoz del grupo popular, a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, el día que se aprobó la reforma gracias al voto erróneo del diputado conservador Alberto Casero. 

3 de febrero de 2022: la reforma laboral tendrá efectos negativos 

“¿Sus efectos serán positivos o negativos? Negativos, señora ministra”, continuó Cuca Gamarra, el 3 de febrero de 2022. “¿Responde este real decreto a las necesidades del campo? No (...). “¿Y responde la reforma a las peculiaridades del sector de la automoción? Pues, señora vicepresidenta, tampoco”, añadía Gamarra. “Si esta reforma viniera a mejorar el mercado laboral, contaría con nuestro apoyo. La gran debilidad que tiene es justo que mira hacia el pasado y no hacia el futuro”, espetaba la portavoz del PP.

La beligerancia de Gamarra iba en línea con el voto del partido, aún liderado por Pablo Casado: el PP votó no. “Señoría, esta reforma no es ni ambiciosa ni supone un salto necesario para resolver los problemas estructurales que tiene nuestro mercado laboral”, añadió. Posteriormente, indicó que la reforma laboral “corre justo en sentido contrario a las nuevas realidades del mercado de trabajo”: “El Partido Popular no puede ni transigir ni permanecer indiferente ante un cambio que es objetivamente malo. Algunos respiran satisfechos porque no nos retrotrae a los tiempos de Atapuerca. Para nosotros eso es insuficiente. El Partido Popular ni transige ni contemporiza ni se resigna cuando está en juego el empleo de los españoles”, criticó.

Gamarra, hoy secretaria general del PP, fue más allá, y sugirió que su partido la derogaría en caso de llegar al Gobierno: “Aun cuando se convalide este real decreto, no le quepa ninguna duda de que va a tener corta vida porque pronto el Partido Popular desde el Gobierno, como en el 2012, con una mayoría absoluta, podremos volver a tomar las riendas y devolverle a este país el futuro que necesita. Y lo haremos, además, con pasos que sí que llevan adelante, con reformas que sí son estructurales”, dijo.

La reforma no iba a ser aprobada. Los dos diputados de UPN, que iban a votar a favor con votos que resultaban decisivos, decidieron romper la disciplina de voto de su partido y cambiar su voto en el último momento, lo que garantizaba la muerte de la reforma laboral antes de nacer. El PP votó en contra, junto a Vox, Esquerra, PNV, Bildu, JxCat, CUP, BNG y Foro Asturias. Pero en el recuento, salieron 175 votos a favor frente a 174 en contra: el diputado del PP Alberto Casero se confundió, lo que dio vida a la ley. 

Gamarra protestó al final del pleno. Tomó la palabra en el último minuto y se dirigió a la presidenta de la Cámara Baja, Meritxell Batet: “Señora presidenta, con carácter previo a la votación se ha puesto de manifiesto a la Mesa un error informático…”. Batet respondió: “Señora Gamarra, precisamente porque la Mesa es conocedora y ha podido analizar lo que usted me va a plantear, y es una cuestión técnica de la Mesa, de decisión de la Mesa, y no de tratamiento de Pleno, no le voy a dar la palabra”. El pleno terminó entre gritos de “tongo” a las 6.40 de la tarde. 

Una reforma que había nacido muerta

La reforma laboral nace muerta”, dijo a los pocos días el por entonces presidente del Partido Popular, Pablo Casado. El dirigente tachó la aprobación de la ley como un “atropello democrático” y anunció que llevaría el proceso hasta el final, en el Tribunal Constitucional, y que pedírían responsabilidades por posible prevaricación.

Antes de eso, Casado había desarrollado una agresiva campaña contra la modificación de la reforma laboral de Rajoy, en la que llegó a defender, unas semanas antes de la votación, los efectos dramáticos que esta tendría en el mercado de trabajo: “¿Sabe la gente que la reforma laboral lo que va a hacer es destruir o dejar de crear un millón de empleos?”, criticó en diciembre.

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La presidenta de la Comunidad de Madrid también la criticó en varias ocasiones: “Esta reforma laboral ni es reforma ni es para el empleo”, dijo el 4 de febrero, día después de la reforma. Ese día, Ayuso declaró que era un día “muy triste”: “La reforma laboral nace fruto del pasteleo político, no pensando en el empleo y la empresa, que necesitan ayuda, flexibilidad y menos impuestos”.

El día 17 de ese mismo mes, tras una pregunta de la por entonces portavoz del grupo parlamentario de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, Carolina Alonso, Ayuso respondió: “Mire, esta pregunta tráigamela dentro de unos meses y veremos el efecto que ha tenido su reforma, verá cómo se están equivocando”. Ayuso criticó que la reforma no tenía la unanimidad de los empresarios, ni la voz de las pymes, que además dijo que iban a ser “dañadas”.  

Tras estas intervenciones, el actual presidente del PP asume con extrañeza cuando ve titulares que le acusan de rectificar, tras afirmar que la reforma laboral es “buena”, que no ha dicho que "no iba a respetarla" y que pretende dejarla “intacta” si se lo pueden los agentes sociales. La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha respondido escueta en Twitter: “¿Y entonces, por qué votaron en contra?”. 

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