EL NUEVO GOBIERNO

Ana Redondo, la apuesta por un "feminismo integrador" sin pedigrí violeta

Ana Redondo interviene durante un acto del PSOE.

El pasado mes de junio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconocía su congoja ante el avance de un "discurso incómodo" en materia de igualdad, planteado "desde la confrontación" y en detrimento de un deseable "feminismo integrador". El líder socialista respira desde este lunes aliviado: el Ministerio de Igualdad volvería a ser espacio de conciliación. Ana Redondo asumirá la cartera en sustitución de Irene Montero. Adiós a las trincheras y al ruido. Al menos así han sido las primeras conclusiones tras el anuncio. Redondo llega con un perfil técnico, discreto y sin pedigrí violeta. Compromiso con la igualdad, sí. Militancia feminista, no que se sepa.

Entre las más prontas ovaciones, la de una histórica socialista: Carmen Calvo. "Creo que soy la segunda [persona] más contenta de toda España", reconoció ante los medios de comunicación. Y matizó: "Para no ser la primera, que nunca debe una postularse como la primera". La diputada cree un acierto que "el feminismo desde el que se va a mover el PSOE y el Gobierno sea el feminismo de la igualdad", es decir, aquel encaminado a conseguir un nuevo contrato social marcado por la equidad entre sexos y sin roles de género. Lidia Falcón y Amelia Valcárcel han sido tradicionalmente teóricas de esta corriente dentro del feminismo, voces especialmente críticas con la línea seguida por Irene Montero durante su mandato.

"No la conocemos"

Redondo cosecha elogios por su gestión y su experiencia en política institucional. Hasta el pasado 28M, destacó como teniente de alcalde y concejala de Turismo y Cultura en el Ayuntamiento de Valladolid. Antes había ejercido como portavoz socialista en las Cortes de Castilla y León, durante la mayoría absoluta de los conservadores en la región. 

¿En qué se traduce, entonces, su compromiso con la igualdad? Entre las organizaciones de mujeres, se hace el silencio. "No la conocemos", dicen unas; "ni yo ni nadie de mis entornos feministas la conocíamos. Parece que han elegido perfil bajo", dicen otras. Pero entre todas anida un punto común: la cautela. "Tiene mucha tarea, esperamos mejoras en la coordinación", comentan las expertas consultadas.

Sin militancia feminista (conocida)

¿Qué dicen sus vecinas vallisoletanas? Una cosa está clara: la nueva ministra no ha hecho del feminismo su bandera, ni presume de vínculos con el tejido feminista de su ciudad. Tampoco desde un punto de vista académico: las publicaciones que llevan su firma en el departamento de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid no destacan por contener análisis desde una perspectiva de género, ni ninguna investigación que ponga en el centro los derechos de las mujeres.

"Si la pregunta es si tuvo algún compromiso especial con que las actividades y los presupuestos tuvieran en cuenta la igualdad, la respuesta es que sí, en determinadas fechas como el 8 de marzo y el 25 de noviembre". Charlas, exposiciones y presencia en determinadas movilizaciones. Así lo expresa Nina Infante, presidenta del Foro Feminista de Castilla y León. Infante habla desde Valladolid y no cuestiona el compromiso "personal" de la próxima ministra con la igualdad, pero lo cierto es que no ha estado "ligada al movimiento feminista de la ciudad", por lo que su nombramiento no deja de sorprender a las activistas que sí han hecho del feminismo su militancia. "Sobre todo porque dentro del PSOE hay feministas de larga trayectoria", analiza Infante.

Al otro lado del teléfono y tras el balance, termina rompiendo una lanza a su favor: "Las mujeres, cuando se nos encomienda una tarea, nos ponemos a trabajar enseguida". 

Compromiso con el colectivo LGTBI

Quien sí se apresuró a aplaudir a la flamante ministra fue la Fundación Triángulo, organización en defensa de los derechos LGTBI. Su portavoz en Valladolid, Yolanda Rodríguez, destaca en conversación con infoLibre el apoyo sin matices de Ana Redondo, siempre en el plano de sus competencias, desde la gestión cultural. "Apoyo desde el minuto uno" a cada una de las iniciativas que han nacido en el seno del colectivo y "participación activa" en las concentraciones. "Sí, destaca por su compromiso, así lo ha demostrado", subraya la activista, quien también pone de relieve "su sensibilidad" con la comunidad LGTBI.  

Y la gran pregunta: ¿se ha posicionado públicamente respecto a la libre determinación de género? Fue, sin duda, una de las brechas más profundas entre los morados y los socialistas en materia de igualdad durante la anterior legislatura. Irene Montero y Carmen Calvo protagonizaron una contienda sin precedentes que terminó con la inclusión de la autodeterminación para las personas trans en la ley estatal, pero que provocó meses de incertidumbre para todo el colectivo. "No recuerdo un posicionamiento claro ni explícito, porque no era su área de trabajo. Pero sí ha habido siempre un compromiso con las personas trans como parte del colectivo. Nunca ha habido un posicionamiento que relativizara o pusiera en cuestión a las personas trans. Estamos tranquilas por ese lado", asegura Rodríguez. 

¿Posición en los grandes debates?

Sin ninguna significación reseñable, al menos públicamente, la nueva ministra llega sin un posicionamiento de partida en algunos de los grandes debates que se instalan en el movimiento feminista. Entre ellos, la prostitución, la pornografía y los derechos del colectivo trans. Respecto a los dos primeros, lo cierto es que la línea que ha seguido el Partido Socialista, en base a los acuerdos en sus comités federales, es la del abolicionismo, por lo que cabe esperar que la dirigente siga la estela marcada por su partido. La incógnita es más difícil de despejar en relación a la libre determinación de género.

Desde una pretendida discreción, alejada del ruido, tal vez la nueva ministra inaugure una etapa donde quepan los los matices. "Aporta calma desde una posición comprometida, didáctica y dialogante", asiente Rodríguez. Valores que cree fundamentales en un contexto especialmente convulso debido a los discursos de odio y el negacionismo de la extrema derecha. 

Mar Cambrollé, presidenta de la Plataforma Trans, cree justo reivindicar el legado del anterior equipo: "Tenemos un marco legal inigualable en más de cuatro décadas de democracia, las políticas de igualdad son reconocidas y valoradas en toda Europa". Por eso, añade, lo deseable para su organización habría sido la continuidad de Irene Montero. Pese a ello, se mantiene "expectante". Su mayor temor tiene que ver con la instalación de políticas transexcluyentes que la entidad que preside liga a la gestión de Carmen Calvo, pero confía en "seguir trabajando" en todas aquellas "cuestiones que quedaron fuera de la ley".

Algunos retos, poco ruido

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"Muy orgullosa de pertenecer a una cadena de luchadoras y feministas" que ha hecho que el país se haya convertido "en un referente en materia de igualdad". Son las primeras palabras de la próxima ministra, en declaraciones a Europa Press. Y en esa cadena, quedan por enganchar algunos eslabones importantes. 

El principal, sacar adelante aquello que quedó por el camino: una Ley integral contra la trata, una Ley antirracista y una Ley de representación paritaria, principalmente. Redondo hereda algunas de las normas más polémicas de la legislatura, como la Ley trans o la ley del sólo sí es sí. Asume, eso sí, un desafío clave: el completo desarrollo de las normas aprobadas. En ese sentido, deberá velar por que los hospitales públicos garanticen el acceso a la libre interrupción del embarazo y tendrá que acelerar la creación de centros de atención a violencia sexual en cada provincia, cuya apertura se prevé para finales del año que viene. También fraguar un pacto específico por los derechos LGTBI, un compromiso anunciado por Pedro Sánchez durante la investidura. 

En violencia machista, el reto perpetuo: reforzar las políticas existentes e implementar otras nuevas para conseguir una protección real de las víctimas. En el centro estará la renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. En la última década, el total de víctimas mortales por violencia machista asciende a 1.237. Pero el impacto de las políticas públicas se ha dejado ver en la estadística, año tras año. En 2003, fueron 71 las mujeres asesinadas a manos de hombres que eran sus parejas o exparejas. En 2022, fueron 50. El desafío pasa no sólo por reducir las cifras, sino por desterrar definitivamente la violencia de la vida de las mujeres.

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