A Dolores, Antonia y Laura Valentina las asesinó el mismo hombre, en Miranda de Ebro (Burgos). José se aproximó el martes por la noche a casa de su expareja decidido a cometer el crimen. Colocó unos colchones a sus puertas y les prendió fuego. Las tres perdieron la vida, otras cuatro personas fueron heridas –dos menores de edad– y él se entregaría en comisaría horas después. Dolores, su expareja, ha sido confirmada ya como víctima mortal de violencia machista. ¿Pero qué hay de Antonia y Laura Valentina?
La primera tenía 78 años y era la madre de la víctima confirmada. La segunda, apenas había cumplido los 24. Era vecina de ambas. Y sus asesinatos son también feminicidios. Aunque el Ministerio de Igualdad todavía no los ha calificado como tal, fuentes próximas al departamento confirman que con toda la probabilidad serán incorporadas a la estadística oficial que se publica cada semestre.
Antonia formará parte de las cifras oficiales como feminicidio familiar, aquel que incluye a las mujeres asesinadas a manos de un hombre con "relación de parentesco por consanguinidad o afinidad". Laura Valentina, en cambio, será catalogada como feminicidio social, vinculado al asesinato de una mujer tras una agresión por parte de un desconocido o un hombre con el que no existía una relación de pareja o parentesco. Por ejemplo, el asesinato tras un robo, el asesinato de una mujer por parte de un compañero de trabajo o cuando el agresor es un vecino.
El foco en todas las víctimas
Existen otras dos categorías de feminicidios fuera de la pareja o expareja, además de las mencionadas. Las instituciones contemplan también el feminicidio sexual, donde van a parar las víctimas de trata con fines de explotación sexual, prostitución o aquellas que sufren las consecuencias de la mutilación genital femenina o el matrimonio forzado.
La panorámica la completa el feminicidio vicario, que no sólo pone la lupa sobre los hijos e hijas, sino que también reconoce a cualquier otra mujer asesinada con el objetivo de maltratar a una tercera.
La estadística es reciente y pionera. Nació con un propósito firme: sacar del destierro a aquellas víctimas mortales que cada año se quedaban en un limbo, sin reconocimiento oficial ni social, sin espacio en el pésame de las autoridades.
Hace ahora cuatro años, el Ministerio de Igualdad pone en marcha la iniciativa para reparar casos como el de Laura, asesinada en 2015 por la expareja de su amiga Marina. Hace más de una década, Sergio Morate acabó con la vida de las dos, pero solo una sería considerada víctima de violencia machista. Tampoco fueron tenidas en cuenta Alba y Elena, asesinadas a manos del mismo hombre: José Luis Abet. El autor del triple crimen de Valga (Pontevedra) asesinó a su exsuegra y a su excuñada después de arrebatar a tiros la vida de su exmujer en 2018.
87 feminicidios en cuatro años
En estos cuatro años, han sido registrados un total de 87 feminicidios no íntimos. La mayoría (54) corresponden a feminicidios familiares, como el de Antonia. Le siguen los sociales (21), donde se enmarcaría la tercera víctima mortal del crimen sucedido en Miranda de Ebro. Por detrás, se encuentran los sexuales (11) y los vicarios (1).
Los crímenes vicarios sólo engloban, en este caso, a mujeres mayores de edad, puesto que los menores tienen su propia estadística: desde que existe registro en 2013, son un total de 67 menores de edad las víctimas mortales que deja la violencia machista. En lo que va de año, dos pequeños han perdido la vida en estos contextos.
La mayoría de agresores (25,3%) se sitúan en la franja de edad que va de los 31 a los 40 años, mientras que el grueso de las víctimas (19,5%) está entre los 71 y los 84 años. Estos datos cobran sentido si se tiene en cuenta un hecho relevante: la inmensa mayoría de los agresores eran hijos o nietos de las víctimas (43,7%). En cuanto al vínculo afectivo, les siguen otros familiares, vecinos o compañeros de piso y otros conocidos.
"Entornos de proximidad y relaciones de dominación"
Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, expresa dudas respecto a la metodología escogida para la clasificación. Bajo su punto de vista, repartir los crímenes machistas en compartimentos tan específicos termina por diluir la raíz machista de los feminicidios.
El exdelegado explica sus matices poniendo un ejemplo. A su entender, existen diferencias sustanciales entre el asesinato que comete un hijo contra su madre y aquel que perpetra un maltratador contra la madre de su pareja en el contexto de una agresión machista. Si bien ambos serían categorizados como feminicidio familiar, el exdelegado cree que los contextos difieren entre sí.
Una de las características de la violencia machista, ahonda al otro lado del teléfono, es que se trata de una violencia extendida: el agresor puede ejercer violencia contra quien él considere que esté influyendo en su relación o con el objetivo de hacer daño a su víctima. El confirmado este miércoles es, siguiendo esta lógica, un caso de "violencia de género con tres víctimas", zanja.
Graciela Atencio, periodista y directora del portal Feminicidio, lleva desde 2010 contabilizando los crímenes contra mujeres más allá de las relaciones de pareja o expareja. Desde entonces y hasta el año pasado, su equipo ha contabilizado 1.677 feminicidios y otros asesinatos de mujeres, siendo el 61,5% feminicidios íntimos.
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Su estadística, producto de años de trabajo, amplía visiblemente a la oficial e incorpora otras muchas categorías –el feminicidio infantil, por prostitución o el asesinato por violencia comunitaria, entre otras–, pero las conclusiones coinciden en que "la mayor parte de la violencia letal contra las mujeres se produce en entornos de proximidad y relaciones de dominación y poder preexistentes".
Atencio elogia el impulso institucional por recoger datos precisos respecto a los crímenes machistas, pero recuerda que son necesarios muchos más indicadores e información más detallada, como aquellos crímenes que siguen quedando fuera de las cifras oficiales y los motivos por los que están al margen o un seguimiento de las mujeres desaparecidas de alto riesgo, casos donde subyacen, en gran medida, situaciones de violencia machista. Ocurrió con Salma, en Murcia; con Susana, en Asturias; y con Ramy Virginia, en Guadalajara.
La experta cree fundamental afinar la investigación, especialmente en un contexto de rearme reaccionario contra las mujeres. En ese sentido, recuerda que el triple crimen conocido esta semana "se ha dado en el marco del 8M, aunque se perpetró después". A su juicio, la escalada de la "misoginia social y el ataque contra las mujeres" son parte del contexto, un marco que tiene incidencia en la "legitimación de este tipo de crímenes".