La ‘machosfera’ se cuela en el supermercado: la moda de la proteína esconde mucho más que una salud duradera

La nueva moda está en la proteína. No hay producto que se le resista. Cereales con proteína, yogur con un plus de proteína, batidos, galletas… Hasta Starbucks ha sacado una línea de café con proteínas. Y no es lo único. Los estadounidenses ya consumen té helado con proteína, nachos (marca Kardashian) con proteína, lechuga con proteína y hasta agua con proteína. 

Publicidad

Y la locura por este macronutriente se está notando en los datos. Según un estudio del Consejo Internacional de Información Alimentaria, en 2025 el 70% de los estadounidenses querían consumir más proteína. Un 20% más que hace tres años. Aun así, lo cierto es que ya tomamos la suficiente. Según un estudio de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, el consumo medio está alrededor de un gramo por kilogramo de peso corporal, un rango que ya está dentro de lo recomendado. 

En España, parece que la fiebre se ha contagiado. Ya el año pasado, el Observatorio de Tendencias de Cofares detectó que la demanda de proteínas había aumentado en los últimos meses. En concreto, la venta de estos suplementos creció un 175%. 

Publicidad

Pero esta nueva obsesión por lo proteico no se basa solo en una ambición por ser más saludable. Tampoco por una nueva investigación científica o por sus aparentes beneficios. Su subida al estrellato de la nutrición tiene dos vertientes más alarmantes: la llegada a la cultura popular de la machosfera y el auge de la extrema delgadez. 

La ‘machosfera’ se sienta a la mesa

Es uno de los pilares de cualquier hombre que vea los vídeos de Lladós o crea que Alvise puede salvar a España del terrible feminismo. La obsesión por el gimnasio y los batidos de proteínas siempre han sido algo especialmente masculinizado, pero para la machosfera es algo más. No va de salud, va de éxito.

Publicidad

“La moda de la proteína tiene una relación muy estrecha con la machosfera y el antifeminismo. La comida, y sobre todo la que vemos representada en las redes sociales, funciona como una forma de comunicar una cierta identidad, una cierta disciplina y un cierto control”, apunta Silvia Díaz, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid y experta en machosfera

Pero todo tiene una misma causa. Nuestra percepción de nosotros mismos pasa por una pantalla. “Desde el auge de la era digital y las redes sociales, nos vemos demasiado en foto y esto altera la percepción del propio cuerpo. La presión estética ha estado desde siempre sobre las mujeres pero ahora, también sobre los hombres”, asegura la Dra. Marina Pibernat Vila, antropóloga por la Universitat Autònoma de Barcelona. 

Publicidad

La consecuencia principal está en lo que se conoce en internet como gymbros (algo así como colegas de gimnasio). Esos chicos cuya principal ocupación es, llueva o truene, ir al gimnasio. Su bebida por excelencia es, por supuesto, el batido de proteínas. “Estas ideologías te dicen que si tienes una disciplina casi espartana y haces ejercicio, tendrás éxito en la vida. Porque hay que estar en forma: es una especie de forma de disciplinar el cuerpo, y eso se supone que te va a dar éxito”, reitera Pibernat. 

Del ‘protein-maxxing’ al ‘looks-maxxing’

Aunque ir al gimnasio no es malo, como es evidente, llevarlo al extremo sí puede serlo. Aquí llega el looks-maxxing. Este es un término especialmente controvertido que tiene su origen en la cultura incel. Para ellos, todos sus males tienen su origen en una única cosa: las mujeres. Las culpan de su falta de felicidad, vida social o éxito, porque ellas prefieren tener relaciones con hombres más musculados y atractivos que ellos. Hasta tienen una teoría de que el 80% de las mujeres se acuestan con tan solo el 20% de los hombres (a nadie le salen las cuentas). 

Solo hay una solución en la comunidad incel que no está directamente relacionada con ejercer violencia contra las mujeres: tratar de colarse en ese 20%. Por ello, estos chicos se someten a todo tipo de intervenciones para así intentar ser más atractivos. 

Publicidad

“Es como crear un personaje en un videojuego e intentar usar tantos puntos como puedas para mejorar tu aspecto”, comienza una guía de YouTube sobre ello. Operaciones estéticas, técnicas para tratar de marcar más la mandíbula, ir al gimnasio, dietas para bajar peso y por supuesto, una obsesión por la proteína. Por eso es especialmente relevante la forma en que se está denominando esta obsesión de las redes: protein-maxxing. Parece casi el mismo concepto. 

El Ozempic y la extrema delgadez

Los incels creen que mejorar su aspecto físico les traerá éxito. Que estar delgado es lo mejor que pueden hacer. Pero no solo ellos. En los últimos años, la obsesión con la extrema delgadez se ha ido insertando poco a poco en la cultura popular hasta llegar a la situación actual. 

Ya lo expresó la directora de cine Chloe Wallace en sus redes sociales tras la gala de los Óscar. “Cada alfombra roja, cada evento, cada vez que abro Instagram, ahí están, más delgadas que la semana pasada (...), más y más, como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, denunció en Instagram. 

Precisamente, la pérdida de peso es uno de los grandes componentes que explican la nueva moda de la proteína. Y el auge del Ozempic, también. El fármaco, que en realidad sirve como tratamiento para la diabetes, ha sido popularizado por famosos como Kim Kardashian o Elon Musk como un milagro para la pérdida de peso. 

Y en el delirio del Ozempic se necesita proteína. Según la AARP, una organización estadounidense que busca mejorar la calidad de vida de personas mayores de 50 años, consumir suficiente proteína es vital para evitar varios efectos secundarios del consumo del fármaco, como la pérdida ósea y muscular. 

Pero la razón principal que hace que el Ozempic se haya convertido en sinónimo de delgadez es que provoca la pérdida del apetito. El fármaco consigue reducir la necesidad de comer de quien lo toma y así la bajada de peso se consigue en tiempo récord. La proteína sigue la misma lógica: si en una comida incluyes más proteínas, podrás comer menos para mantenerte saciado durante más tiempo. 

Por supuesto, esta nueva obsesión tampoco tiene nada que ver con la salud. “La tendencia de la extrema delgadez te impulsa a poner el foco en tu cuerpo, en vez de en tu conocimiento o tu formación, por ejemplo. Son discursos que surgen del mercado de diversas industrias, desde la alimentaria hasta las de la moda o la belleza, que asumen que estás mal con tu aspecto porque vemos una gran cantidad de imágenes que no se corresponden con la realidad”, argumenta Pibernat. 

“Ahora lo que tenemos en mente son los cuerpos estilizados de la publicidad, del cine y de la televisión. Esto nos ha distorsionado la idea de qué es un cuerpo normal, corriente y perfectamente sano. Como tenemos esa distorsión provocada por ese consumo cultural, hay una mayor incomodidad con el propio cuerpo. Y ahí hay un mercado inmenso”, zanja la experta. 

La nueva moda está en la proteína. No hay producto que se le resista. Cereales con proteína, yogur con un plus de proteína, batidos, galletas… Hasta Starbucks ha sacado una línea de café con proteínas. Y no es lo único. Los estadounidenses ya consumen té helado con proteína, nachos (marca Kardashian) con proteína, lechuga con proteína y hasta agua con proteína. 

Más sobre este tema
Publicidad