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Entrevista con el periodista colombiano

Hollman Morris: “Cuando apuestas todo a la seguridad, terminas perdiendo la libertad”

Hollman Morris: “Cuando apuestas todo a la seguridad, terminas perdiendo la libertad”

"Cuando apuestas todo a la seguridad, terminas perdiendo la libertad y, al final, generas inseguridad". Eso lo sabe bien el periodista colombiano Hollman Morris, que lleva casi media vida informando sobre un conflicto armado que ha provocado 50.000 desaparecidos y entre cuatro y cinco millones de desplazados, lo que le hizo merecedor en 2011 del premio Núremberg de Derechos Humanos y en 2007 del galardón que entrega anualmente la ONG Human Rights Watch por su defensa de los derechos humanos.

Morris –que ha conversado con infoLibre aprovechando su estancia en España para participar en un debate con el exjuez Baltasar Garzón sobre el papel del periodismo en la defensa de los derechos humanos– fue vinculado públicamente a las FARC por el expresidente Álvaro Uribe, lo que provocó una persecución en su contra que, según denuncia, estaba orquestada por el propio Estado y que incluyó amenazas y pinchazos telefónicos que le obligaron incluso a salir en dos ocasiones de Colombia.

Durante sus años como presidente, Uribe –que niega la existencia de ningún "conflicto armado" y asegura que esta denominación supone el principio del reconocimiento de la legitimidad" de los grupos terroristas– utilizó los métodos más duros contra las diferentes organizaciones paramilitares y guerrillas que participan en un conflicto que lleva enquistado más de 50 años. Entre ellas las más conocidas son las ultraizquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero también han participado otros grupos como las derechistas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), ya defenestradas, por no hablar del papel que juegan los cárteles de la droga.

"Mano firme, corazón grande"

El lema de campaña del exmandatario colombiano fue "mano firme, corazón grande". La dureza de sus métodos, en los que el ejército tuvo un papel preponderante, suscitó duras críticas que, en palabras de Morris, provocaron que la "persecución" se aplicara también contra los opositores. "Mientras Uribe sostenía en la mañana un discurso de seguridad y respeto, en la noche hablaba públicamente y decía que los defensores de los derechos humanos, los periodistas independientes, los defensores de la paz... eramos terroristas", relata.

"Estos mensajes, dichos a los organismos de seguridad, al ejército, etcétera, se fueron convirtiendo en ordenes asumidas por estos organismos de tal manera que, como nunca antes, los aparatos de seguridad del estado colombiano se utilizaron en una cacería criminal contra todo el que pensara diferente, incluyéndome", abunda el periodista. Desde luego, él lo sabe bien: ha tenido que vivir durante varios años con escolta, ha sufrido junto a otros informadores escuchas telefónicas –destapadas en 2009 por varios diarios colombianos– y ha recibido amenazas en forma de coronas de flores con su nombre, o incluso de una muñeca ensangrentada que fue enviada a su hija.

Morris fue tan sólo uno de tantos opositores que sufrieron la persecución y el espionaje del Estado. Pero, a pesar de que la justicia colombiana está actuando en algunos de los casos, el periodista asegura que la mayor parte de las veces existe "impunidad". "Por las interceptaciones ilegales, los seguimientos ilegales, las campañas de desprestigio [...] han sido capturados y encarcelados en algunos casos, con penas menores, mandos medios. Pero los autores intelectuales, quienes dieron las órdenes, entre los cuáles creemos que se encuentra el expresidente Álvaro Uribe Vélez y otros miembros muy cercanos de su entorno, no han sido juzgados ni llevados a la cárcel", señala. 

Su opinión la comparte la Corte Suprema de Justicia, el máximo tribunal de la justicia ordinaria colombiana, que en 2010 tachó de "empresa criminal dirigida desde la Casa de Nariño [el palacio presidencial]" las operaciones del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el servicio secreto, que además de a informadores incluían el espionaje de altos magistrados, políticos y activistas por los Derechos Humanos. Por ello, el periodista ha llevado su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, un organismo dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), pese a que, según denuncia, "el expresidente Uribe está haciendo todos los esfuerzos para que esto se mantenga en la impunidad".

Terrorismo de Estado

Morris no duda al afirmar que las prácticas de Uribe cayeron precisamente en aquello que trataban de combatir. "Los organismos de seguridad dejaron en muchas ocasiones de perseguir a terroristas para perseguir a todos los que pensáramos diferente, y comenzaron precisamente a caer en prácticas de terrorismo psicológico, terrorismo informático, amenazas...", explica el periodista, que no obstante señala que la persecución que ha sufrido no proviene solamente del Gobierno de Uribe, sino también del "entorno" del expresidente, por no hablar de la guerrilla. ¿Se podría hablar de terrorismo de Estado? Su respuesta es tajante: "Sí, claro. Por supuesto".

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"Nada justifica la persecución por métodos ilegales o legales solamente por el hecho de pensar diferente. Eso corresponde a las peores dictaduras", afirma taxativamente Morris. Su crimen fue tener "diferencias radicales" con las políticas del Gobierno. "Como lo dice la historia, los conflictos internos terminan siempre en una mesa de negociación, como estamos viendo ahora", señala. Pero su discrepancia mayor tenía un carácter más amplio: opinar que "todo no se le puede apostar a la seguridad, porque cuando apuestas todo a la seguridad terminas perdiendo la libertad y, finalmente, generando inseguridad".

Desde 2012, no obstante, el periodista trabaja como director de Canal Capital, la televisión pública de Bogotá, una cadena que se empeña en calificar de "más humana" y en la que también colabora el exjuez Baltasar Garzón. Su labor, explica, busca "promover los derechos humanos y una cultura de paz" a través de la emisión de programas en los que se ofrecen los testimonios más diversos de un conflicto enquistado desde hace generaciones en el corazón de Colombia. El programa dirigido por Garzón, Hablemos de Paz y Derechos Humanos, ha recabado los puntos de vista de víctimas, militares, excombatientes e incluso expresidentes, como el exmandatario español José Luis Rodríguez Zapatero o incluso el propio Álvaro Uribe.

Sin embargo, no deja de resultar curioso que mientras la Administración central presuntamente le espiaba, la de la capital le pusiese al mando de un medio público. ¿Se trata de un símbolo de polarización política y social? Para Morris, sí. "Mientras que nosotros tratamos de construir una propuesta en una televisión democrática, no cesan los enemigos y las hostilidades de parte de todo ese entorno uribista y de diferentes liderazgos del uribismo en contra del Gobierno de Bogotá y de la televisión pública de Bogotá, con el ánimo de cobrar venganza a quienes señalamos y denunciamos el proyecto paramilitar al cual ellos eran afines", remacha.

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