Idafe Martín, periodista: “Vox no se hundirá hasta que no deje de interesarle al PP”

Bélgica atraviesa una coyuntura política extraña y única: pese al auge del voto ultraderechista, es el país europeo que mejor ha sido capaz de controlarlo. Esta paradoja es posible gracias a muchos factores, pero uno destaca sobre el resto: la formación de un cordón sanitario hacia la extrema derecha por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos belgas. Este es el punto de partida del libro que el periodista y durante varios años columnista de infoLibre, Idafe Martín acaba de autopublicar, Un país sin fachas.

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Martín es corresponsal en Bruselas para Clarín. Lleva desde 2004 viviendo en Bélgica y ha sido testigo del cordón sanitario que le ha impuesto el país a la extrema derecha de Vlaams Belang, mientras en el resto de Europa le han dejado la puerta abierta.

Titula el libro Un país sin fachas en referencia a Bélgica, sin embargo, también están viviendo un auge de la extrema derecha ¿por qué ese título?

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Siempre he dicho que vivo en la aldea de Obélix. Cuando en Europa comenzó el auge de la extrema derecha, los países iban cayendo uno detrás de otro. España no fue de los primeros, por eso allí no se hablaba tanto del tema. De hecho, cuando no existía extrema derecha en ningún sitio en Europa, en Flandes iban ya por el 10-15%. Lo que yo veía era que en Bélgica, pese a su auge, había unas condiciones sociopolíticas y culturales que le cerraban la puerta al avance del fascismo, que se resistía a claudicar ante esto.

¿Cómo se crea un cordón sanitario efectivo a la extrema derecha?

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Es sencillo, aquí con Vlaams Belang no se pacta, no se debate. Se intenta invisibilizarlo. En Bruselas no se sabe quién es el líder de la extrema derecha, no sale en los medios y no le invitan a debates electorales y nada del estilo. Toda la sociedad, incluyendo los servicios secretos, la policía, la justicia, las universidades, los sindicatos y el ejército, trabaja para parar el crecimiento de la extrema derecha. 

Este cordón sanitario se ha reforzado a lo largo de la historia, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y tras episodios como los "años de plomo" y el caso Dutroux, que llevaron a una toma de conciencia sobre la necesidad de proteger la democracia de la extrema derecha. 

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¿El libro puede ser un manual de lo que se hizo mal o lo que no se logró en España?

Los contextos históricos son diferentes. Más bien, es una reflexión sobre lo que se pudo hacer con tiempo y cómo funciona un país que considera que la extrema derecha es una amenaza para el sistema democrático. Creo que en España, pese a la opinión popular, ni se intentó hacer un cordón sanitario. Se pudo hacer en su momento, pero no se hizo. Además creo que por contexto habría sido inviable. PP y PSOE se tendrían que haber puesto de acuerdo y realizar un cordón sanitario a la extrema derecha implica sacrificios que la izquierda española no está dispuesta a asumir. 

¿España ha tratado demasiado bien a la extrema derecha?

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Los medios de comunicación en España no invisibilizaron a Vox cuando se debería haber hecho. Tampoco hay un acuerdo generalizado, como la "Carta de la Democracia" belga, que comprometa a medios, partidos, universidades y sindicatos a mantener un cordón sanitario. Es una realidad que a Vox se le ha impulsado económica y mediáticamente y ahora hay partidos como el PP, a los que le interesa que siga. Vox no se hundirá hasta que no deje de interesarle al PP. Las investigaciones de la corrupción con Disenso son recientes, no se ha empezado a ir a por la formación ultra en serio hasta hace poco y ya es demasiado tarde.

¿Qué tiene que suceder en España para tener más atado al fascismo?

La derecha española, a diferencia de la de otros países europeos, no ha sido antifascista. Se necesita un cambio de cultura política donde el antifascismo no sea visto como algo "de rojos". Pero, al final, el cordón sanitario tiene que salir de la derecha, específicamente del PP. Los populares tendrían que poner sobre la mesa que no irán a ningún sitio con Vox, ni siquiera para aprobar leyes o presupuestos.

Cita en el libro a Martínez-Almeida con una frase: "Seremos fascistas, pero sabemos gobernar". ¿Qué dice de la cultura política española que eso se pueda decir y no tenga prácticamente consecuencias? 

Almeida lo dice porque sabe que no importa. Es decir, no tiene un poder de oposición negativa contra él. Sería absolutamente demencial que un señor conservador francés, belga, holandés, británico dijera, 'Yo soy fascista’ pero ni como un chiste. No se puede ser demócrata sin ser antifascista. Aunque España no vivió la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial, sí vivió una dictadura de 40 años y esto debería haber generado una mayor conciencia sobre el fascismo. 

La gran pregunta que deja abierta en el libro es si el cordón mediático puede sobrevivir en la era de las redes sociales...

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Los partidos de extrema derecha pensaban que con las redes sociales lo iban a romper, pero no ha ocurrido. La razón es que las redes sociales necesitan alimentarse de contenido político, y si los medios tradicionales no publican sobre ellos, no hay contenido para las redes. Sin embargo, las redes son incontrolables y ahí siempre tendrán un caldo de cultivo. 

El libro termina con una frase de un veterano socialista belga en referencia a este cordón a la ultraderecha: "Durará mientras la gente recuerde por qué se construyó"

El fascismo será siempre una amenaza, por eso no hay que darle cancha. Aplicar un cordón sanitario en el caso español es ya inviable porque la extrema derecha está completamente integrada en el ecosistema. Aún así, todavía se puede combatir.

Bélgica atraviesa una coyuntura política extraña y única: pese al auge del voto ultraderechista, es el país europeo que mejor ha sido capaz de controlarlo. Esta paradoja es posible gracias a muchos factores, pero uno destaca sobre el resto: la formación de un cordón sanitario hacia la extrema derecha por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos belgas. Este es el punto de partida del libro que el periodista y durante varios años columnista de infoLibre, Idafe Martín acaba de autopublicar, Un país sin fachas.

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