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Buteflika optará a un quinto mandato en Argelia pese a su precario estado de salud

Buteflika en el momento en el que deposita su voto en las pasadas elecciones.

Rachida El Azzouzi (Mediapart)

El presidente argelino Abdelaziz Buteflika optará a un quinto mandato. No ha sido él quien lo ha anunciado (no se dirige a su pueblo desde mayo de 2012), sino que se ha sabido por un “mensaje a la Nación” difundido este domingo por la agencia oficial APS. Abdelaziz Buteflika, obligado desde hace meses a presentarse a la reelección, pese a su debilidad por razones de edad (pronto cumplirá 82 años) y de salud, será el gran favorito en las elecciones presidenciales argelinas previstas para el 18 de abril. Y, en la práctica, se convertirá en el próximo presidente dado el carácter de los comicios argelinos. Anclado a su silla de ruedas, encarna un poder agotado y que arrastra al país a una crisis grave y profunda. El Ejército –uno de los clanes que tira de los hilos del poder con total opacidad– dudaba entre un fantasma o como una momia en la última viñeta del dibujante Dilem del periódico Liberté-Algérie

Y, dado que resulta imposible ignorar la realidad de su estado de salud, que llama la atención de todo el mundo y lo hace incapaz de gobernar según sus adversarios, en el comunicado, anticipándose a las críticas, se pone en boca de Buteflika estas palabras: “Por supuesto, ya no tengo la misma fuerza física que antes, algo que nunca le he ocultado a nuestra gente, pero la voluntad inquebrantable de servir a la Patria nunca me ha abandonado y me permite superar las limitaciones relacionadas con los problemas de salud a los que todo el mundo puede tener que hacer frente un día”. Abdelaziz Buteflika, elegido por primera vez el 15 de abril de 1999, en una Argelia desangrada por el terrorismo, siempre se ha impuesto en la primera vuelta electoral en un contexto de abstención masiva del pueblo argelino. En 2014, ya muy mermado físicamente tras sufrir un año antes un derrame cerebral, fue refrendado sin hacer campaña, sin un solo discurso ni comparecencia ante los argelinos. Y ha sido el ausente en su cuarto mandato.

En su declaración de candidatura, Buteflika (o mejor dicho, los que lo llevan) promete grandes e importantes reformas, las mismas que no ha podido llevar a cabo, paralizando peligrosamente el país en todos los frentes durante las dos últimas décadas, hasta el punto de que los jóvenes (los menores de 25 años representan casi la mitad de los 42 millones de habitantes) sólo sueñan con el exilio. También promete convocar una “conferencia nacional” que reúna a “todas las fuerzas políticas, económicas y sociales de la nación”.

Esta candidatura a un quinto mandato, considerada un insulto por la mayoría de los argelinos, preocupa a Argelia, al Magreb y a otros países. Muestra la incapacidad de la casta gerontocrática gobernante, aunque muy fracturada por dentro, a la hora de encontrar un heredero al bouteflikismo. Hace unos meses, el exembajador francés en Argelia, Bernard Bajolet, decía: “Esta momificación del poder argelino sirve a ciertos grupos que, de esta manera, permanecen en la cima y esperan seguir manteniéndose y enriqueciéndose”. Despreciando al pueblo.

“Buteflika bate récords de longevidad porque encarna la estabilidad y la paz para los argelinos que las han pasado canutas [...]. No hay alternativa a Buteflika hoy en día en Argelia, el país no está preparado, no hay oposición”, señalaba hace unos meses a Mediapart (socio editorial de infoLibre) un diplomático europeo, convencido ya entonces de que Buteflika optaría a la reelección. “Hay que tener cuidado con no especular demasiado con el estado de salud de Buteflika”, añadía en esas mismas fechas otro diplomático francés que, además, “ni deseaba ni podía hablar con franqueza sobre el tema”. “La muerte de Yasser Arafat [líder de Fatah y posteriormente de la Organización para la Liberación de Palestina, fallecido en 2004] se anunció diez veces. Lo mismo ocurrió con Hafez al-Assad [padre de Bashar al-Assad, que gobernó Siria desde 1970 hasta su muerte en 2000]. Se especulaba com su enfermedad y superó todos los pronósticos”.

Para demostrar que no es un fantasma, ya que está vivo, sus apariciones, siempre muy breves y surrealistas en silla de ruedas, proliferaron el año pasado ante las cámaras de la televisión pública. Se le vio presidir el consejo de ministros e, incluso, recibir a mandatarios extranjeros como a la canciller alemana Angela Merkel. También se dio baños de masas –uno de ellos, el 9 de abril, coincidiendo con la inaguración en el centro de Argel de la mezquita histórica Ketchaoua y dos estaciones de metro nuevas–.

Otro signo de febrilidad de un régimen en las últimas, en un país a la cola en la clasificación de Reporteros sin Fronteras sobre la libertad de prensa, lo representan los arrestos de periodistas. “Existe la voluntad de hacer callar todas las voces discordantes. Se observa esta tensión cada vez que el régimen pasa por una fase crítica”, abunda el experto en economía Omar Benderra, que añade: “A la crisis del poder gerontocrático se suma una crisis de ingresos. El petróleo había permitido a Argelia alcanzar una renta global acumulada de 800 a 900.000 millones de dólares, en manos sobre todo de los oligarcas. Esta maná se agotó con la bajada del precio del petróleo en 2013-2014. De ahí que el régimen optase por una huida hacia adelante. Y la renta se reduce de forma espectacular”.

Al hacer de los ingresos procedentes de los hidrocarburos su carburante, el régimen argelino ha atrapado al mayor país de África, cuarto productor mundial de petróleo y de gas, convirtiéndola en cuna de clientelismos, de corrupción, de letargo. Mientras que una minoría de predadores acaparan la riqueza, la mayoría no deja de empobrecerse con las migajas de una redistribución poderosamente desigual. De modo que, los jóvenes sólo tienen como horizonte el paro endémico (superior al 30% en algunas regiones) o el exilio.

Y, por si fuera poco, el regreso el pasado verano del cólera, enfermedad que se daba por erradicada desde hace 22 años, “uno de los principales indicadores de desarrollo social” para la OMS, y su gestión lamentable por parte de las autoridades, han acentuado el desarrollo y la consternación de la población para con sus dirigentes. En lo peor de la epidemia, el primero de ellos, Buteflika, estaba en Suiza, para hacerse una revisión médica “periódica”. Fuera de su país. ______________

Traducción: Mariola Moreno

Más de un centenar de heridos en las protestas contra Buteflika en Argelia

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