Crisis económica

Estalla la burbuja financiera china

Estalla la burbuja financiera china

Mientras que Grecia y Europa acaparan toda la atención, otro acontecimiento, también de graves consecuencias, ocurre en China y está contagiando a Asia. Se trata de un importante crack bursátil. Hace más de un mes que el Gobierno chino trata por todos los medios de impedir que se hundan los mercados. En vano. El miércoles 8 de junio, en los primeros minutos, tras la apertura de la Bolsa de Shanghái, la caída registrada fue superior al 8%. La cotización de más de 1.400 empresas, es decir la mitad de las registradas en el mercado, quedó suspendida para limitar el hundimiento.

Las autoridades bursátiles explicaron que movimientos irracionales de venta se habían apoderado del mercado. Así las cosas, se han adoptado nuevas medidas restristivas, de modo que los accionistas que posean más del 5% del capital no pueden vender sus títulos en los próximos seis meses. “Cualquier infracción será gravemente sancionada”, avisan las autoridades. Por su parte, el Banco de China ha abierto nuevas líneas de crédito para intermediarios y bancos con el fin de garantizarles la liquidez y sostener el mercado. Cualquier medida es buena para tratar de frenar el miedo. Según un periodista chino citado por The Financial Times, el Gobierno ha prohibido que los diarios empleen en sus artículos expresiones como “catástrofe bursátil” y “rescate del mercado”.

No obstante, todas estas precauciones no engañan a nadie. La burbuja gigantesca formada en los mercados bursátiles chinos en los últimos meses ha estallado. Entre enero y junio, el índice de Shanghái subió un 122%.

Nada justificaba un ascenso tan vertiginoso. Aunque el Gobierno chino todavía trata de presentar cifras positivas, la economía china, muy afectada por la crisis europea, hace meses que atraviesa serias dificultades. A falta de datos oficiales, hay un índice no amañado que permite conocer el alcance de lo sucedido: el balty dry index, que recoge el precios del transporte de mercancías en contenedor. Dicho índice registra los niveles más bajos de los últimos cinco cinco años. En abril, el Gobierno reconoció por vez primera que las exportaciones habían caído un 15% en un año y las importaciones, un 12%. El crecimiento, fuera de las especificidades de la economía china, parece historia.

A pesar de todo, la exuberancia se ha instalado en los mercados. Una auténtica fiebre. A principios de año, miles de chinos, completos desconocedores del funcionamiento de la bolsa, se lanzaron a comprar acciones. Los cibercafés fueron tomados por aprendices de especuladores bursátiles. Las plataformas bursátiles en internet florecieron. Personas físicas se convirtieron en gestores de fondos y ofrecían conferencias, que registraban enorme afluencia de público, para explicar las maravillas de la Bolsa. Y la Bolsa subía y subía. Cuanto más subía, más triunfaba la locura. Todos soñaban con convertirse en millonarios.

El diario The Wall Street Journal recogía el testimonio de una profesora de Artes Plásticas. Esta, según explicaba, desconocía por completo el mundo de la Bolsa, pero comenzó a comprar ¡aconsejada por su peluquero! “Me dijo que se trataba de un mercado alcista, en el que tenía que meterme”, dice. Cuando el peluquero se convierte en asesor bursátil, cuando en las casas se deja de jugar al majong para especular con las acciones, se dan todos los síntomas de la existencia de un grave desequilibrio. Ya no se trata de un mercado, sino de un gran casino.

La Bolsa de Shanghái alcanzó su valor más alto el 12 de junio. Desde entonces, las bajadas se encadenan al ritmo del 3%, 4%, 5%, al cierae de cada sesión. En un abrir y cerrar de ojos, hay fortunas que se han evaporado. Es el caso de uno de los mayores multimillonarios chinos, Li Hejung, quien perdió el 60% de su patrimonio en veinte minutos tras desplomarse la cotización de su empresa. Desde entonces, la compañía se ha hundido por completo. Incluso compañías más grandes, como el grupo petrolero CNOCC, se han visto atrapados en la tormenta.

Las pérdidas tienen la misma dimensión que la burbuja: enormes. En apenas tres semanas, se han evaporado tres billones de dólares. Sin embargo, en opinión de los analistas bursátiles, el desplome bursátil no ha tocado fondo. El mercado solo ha perdido la mitad de su valor con relación al principio de año. Los instrumentos que han alimentado esta especulación demencial se mantienen, aunque esta vez a la baja. Así están las cosas:

Deuda y banca en la sombra

La burbuja creada en los mercados es fruto de la gigantesca burbuja de crédito que se acumula en China desde hace años. El Gobierno, que financió la expansión a través de la deuda, adoptó –tras la crisis financiera– una política monetaria muy expansiva para sostener la economía. Puso sobre la mesa un montante equivalente al 12% del PIB nacional. Se inundó el mercado de cientos de miles de dólares con el fin de estimular nuevas inversiones. En este periodo, los créditos oficiales concedidos pasaron de rondar los 9 millones, a ascender a los 23 millones de dólares. ¿Resultado? La deuda del Gobierno chino equivale al 240% de su PIB. Los Ejecutivos locales y las empresas públicas presentan balances más o menos similares.

Esta inyección de liquidez hizo florecer una actividad bancaria y financiera fuera de todo marco, de todo control. Se crearon fondos de diversa naturaleza, dedicados al crédito subterráneo con efectos multiplicadores gigantescos. Nadie conoce a día de hoy ni el tamaño ni la naturaleza de los compromisos de estos shadow banking. Esta opacidad asusta a muchos.

En un primer momento, estos fondos sostuvieron la burbuja inmobiliaria, pero en 2011, aparecieron los primeros signos de alerta. Surgieron ciudades fantasmas en todo el país: los promotores inmobiliarios ejecutaron obras faraónicas que no encontraban compradores. Las empresas se lanzaron a obtener créditos, ofrecidos a un interés que en ocasiones rozaban la usura, para invertir sin contemplaciones. En 2013, aparecieron los primeros signos de resquebrajamiento. El Gobierno trató de controlar la situación y para ello subió los tipos, recuperó el control de los Ejecutivos locales y llevó a la quiebra a algunas empresas.

Los fondos de inversión paralelos o subterráneos cayeron en el mercado bursátil, gracias por el Gobierno. El Ejecutivo abrió un proceso de privatizaciones y de salida a bolsa de sociedades endeudadas para recapitalizarlas. Se puso así en marcha un sistema de inversión bursátil, financiado a crédito. La burbuja del crédito se había trasladado al mercado bursátil, con el mismo efecto multiplicador.

Los corredores oficiales de bolsa no pueden prestar una suma dos veces superior a la cantidad invertida y, aún así, los clientes deben disponer de cuentas importantes, susceptibles de ser liquidadas en cualquier instante. Pero rápidamente se idearon los medios para pasar por alto una legislación demasiado restrictiva.

La banca en la sombra, con ayuda a menudo de los bancos oficiales, puso en marcha una especie de estructura paraguas dirigida a invertir en bolsa con importantes efectos multiplicadores. En resumen, se compran acciones de estos productos, presentados como activos seguros con rendimientos garantizados, mientras que los fondos y los inversores más fuertes aportan o (sobre todo) se quedan con el resto. No falta una capa consignación adicional para contrarrestar el efecto multiplicador. Al final, los depositantes debían obtener una rentabilidad del 6%, mientras que los demás se reparten la ganancias adicionales obtenidas en Bolsa (esta es la descripción del mecanismo, en inglés) . También han proliferado los sitios web que permiten a los aprendices de broker a abrir cuentas con aportaciones mínimas e invertir sumas 4 o 5 veces superiores al montante disponible; eso sitios web eran los encargado de facilitar el crédito. Muchos se lanzaron a aprovechar la ocasión.

Mientras que la Bolsa subía, todo iba bien. Las sumas depositadas eran suficientes para cubrir los márgenes. A día de hoy, la tendencia se ha invertido. Mientras que las acciones caen, el crédito permanece. Los márgenes se multiplican y los pequeños demandantes ya no tienen recursos suficientes para hacer frente a estos. Todos se lanzan a vender para no perder lo que le quedas y reembolsar lo que pueden reembolsar.

De esta forma, el pánico se ha apoderado de los que jugaron a ser aventureros en la Bolsa, que invirtieron a crédito. Todo el mundo quiere vender lo más rápido posible, antes de que sea demasiado tarde. El volumen de movimientos está alcanzando a las demás plazas bursátiles asiáticas porque los inversores, dado que no encuentran dinero en el mercado chino, liquidan sus títulos en las otras plazas bursátiles donde habían invertido, con la esperanza de salvar el dinero invertido.

Para tratar de controlar el pánico, el Banco de China anunció que proporcionaría la liquidez necesaria a los corredores y a los agentes del mercado bursátil. No están solo. El banco en la sombra, que hace años que venía fagocitando el sistema financiero chino, quizás esté asestándole un golpe que puede resultar fatal.

Las materias primeras, primeras víctimas colaterales

Tan pronto como se registraron los primeros signos de bajada del mercado bursátil, la cotización de las materias primas cayó. Carbón, mineral de hierro, aluminio, níquel, pero también el cerdo o la soja; los precios caen. La cotización se encuentran a sus niveles más bajos desde la crisis financiera de 2008. “La gente va a seguir comiendo cerdo. ¿Cómo le afecta a este mercado la crisis bursátil?”, se preguntaba Liang Ruian, gestor en Shanghái, en Bloomberg.

En parte, la respuesta radica en que el mercado de materias primas se está ampliando en la economía china. Gracias al boom chino, a principios de siglo conoció una edad de oro. La cotización de minerales y de metales alcanzó entonces niveles estratosféricos. La fiebre bajó con la crisis financiera de 2008, mientras las empresas chinas invertían por encima de lo habitual y creaban capacidades excedentarias. En numerosos mercados, como el del aluminio, el acero, el carbón, existe sobreproducción, lo que afecta permanentemente a la cotización.

Pero el mundo de las materias primas también se ha convertido en uno de los terrenos de juego favoritos para los inversores chinos y la banca en la sombra. Sobre todo en el caso del cobre, transformado en un activo privilegiado para la especulación. Hace años que el cobre, que conoció un incremento espectacular a principios de siglo, sirve de garantía en las operaciones a crédito y de financiación sobre todo para los bancos paralelos. Las empresas, que buscan préstamos, ponen como garantía sus stocks de cobre. Pero dichas garantías pasan de mano en mano. Las toneladas almacenas en los depósitos a veces son utilizadas como garantía tres o cuatro veces. Así, el mismo activo sirve de fianza para varias operaciones financieras diferentes, contribuyendo a nutrir un poco más la burbuja del crédito.

El verano de 2013 sucedió una anécdota en este sentido cuando un banco norteamericano quiso verificar físicamente el material ofrecido como garantía. ¡Sorpresa! Faltaba un tercio de los stocks de cobre ofrecidos como garantía. Era un secreto a voces. El Gobierno chino está al corriente, pero ávido por mantener a cualquier precio la ilusión del crecimiento económico, aunque tenga que amañar todas las estadísticas, encuentra más fácil cerrar los ojos.

Ahora que la burbuja ha estallado, estos activos ofrecidos como garantía para la especulación son los primeros en verse afectados. “La gente vende todo para tener dinero en metálico el bolsillo. Algunos necesitan cubrir sus márgenes en bolsa, otros temen que la economía china se vea afectada por la crisis”, explica un inversor chino que trabaja en Pekín, en declaraciones también efectuadas a Bloomberg.

¿Hasta dónde puede llegar la crisis?

Si, como todo induce a pensar a día de hoy, el estallido de la burbuja bursátil china es la última manifestación de la inmensa burbuja del crédito que ha acompañado el boom chino, las consecuencias sobre la economía china corren el riesgo de ser graves; los instrumentos monetarios utilizados tradicionalmente en estas circunstancias pueden ser más perjudiciales que beneficiosos. Abrir el grifo del crédito, aportar liquidez adicional en un sistema ya lleno de dinero, de reclamaciones falsas, engañado por un sistema bancario paralelo tiene todas las posibilidades de agravar el mal.

A los analistas bancarios les resulta difícil imaginar la continuación, pero todos se ponen de acuerdo al menos en una cosa: el sistema bancario chino, en muy mal estado, corre el riesgo de ser la primera víctima de la explosión de la burbuja. Los bancos oficiales y el banco en la sombra han sido el motor de esta fiebre bursátil a crédito. Cuando la marea baje, van a encontrarse millones de créditos, contraídos a todos los niveles, garantizados con activos que se han depreciado y deudores incapaces de devolverlos. “Las pérdidas pueden ascender a miles de millones”, avisa el Bank of America

Ya se sabe cómo sigue la historia. Un sistema bancario muy endeudado, hundido, termina siempre haciendo pagar sus errores a todos los actores económicos. La amenaza es mayor cuanto más grande es el riesgo de poner al descubierto una realidad económica, bien diferente de la imagen que ha querido dar el Gobierno chino.

Así las cosas, la inquietud se ha apoderado del Gobierno, los participantes en el mercado, los observadores. Es mayor por que la opacidad que reina en el mundo financiero chino no permite medir el alcance de los compromisos, la intrincación entre los diferentes actores, los mecanismos de transmisión. Un paisaje que se parece mucho al de la crisis de las subprime de 2007. Algunos temen que el colapso financiero que se sitúa bajo los pies del gigante chino sea el reflejo, invertido, de su boom precedente. Sea como fuere, solo los optimistas ingenuos pueden defender que lo que sucede en China no vaya a tener repercusiones en la economía mundial.

El Gobierno chino, en tensión

“El objetivo último de la seguridad china es el weiwen o el mantenimiento de la estabilidad, lo que es otra forma de decir el “mantenimiento de la ley del partido”, tal y como recuerda en un artículo The Wall Street Journal. La explosión de la burbuja bursátil representa una amenaza real para el Gobierno comunista chino. No solo porque corre el riesgo de arruinar a millones de chinos de la clase media, que han querido jugar a aprendices de especuladores, sino porque altera la línea política china en práctica desde los 90, el pacto político alcanzado con la mayoría de los chinos: la prosperidad y el orden social a cambio de renunciar a la democracia.

El Gobierno, que ha dejado crecer la burbuja de crédito y la banca en la sombra durante años, no ha medido su alcance. Como no comprendió el peligro que suponía la fiebre bursátil de los últimos meses. Basta ver la aceleración de las medidas tomadas estas últimas semanas. El pánico parece haberse instalado en la cúspide del Estado. No pasa un día sin una o dos, o incluso tres, disposiciones legales, dirigidas a frenar la caída. Hasta la fecha, sin efecto.

Quedan pocos medios al alcance del Partido Comunista Chino. En primer lugar, la manipulación. Los bancos, los fondos estatales de pensiones, todos los organismos públicos han recibido órdenes de comprar acciones de forma masiva para mantener la cotización. Incluso el Banco Central se ha puesto manos a la obra. A continuación, la coerción. La prohibición que han recibido los accionistas de vender sus títulos durante seis meses es la medida más suave. Otras, mucho más terribles, pueden sucederse si los chinos, arruinados, comienzan a protestar. No obstante, ¿hasta cuándo el régimen podrá mantener un sistema agotado que vive desde años bajo la represión democrática, la opacidad y las falsas apariencias?

Traducción: Mariola Moreno

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