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Feminicidios en México: activistas ponen nombres a los números

Protesta tras la muerte de una joven de 22 años en la región mixteca, en Oaxaca.

Marie Hibon (Mediapart)

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Cada día, con la puntualidad de un reloj suizo, entra un correo electrónico en el buzón de María Salguero. “Alerta de Google: Mujer asesinada”. Y cada día, sin falta, este correo electrónico del horror contiene uno o más casos de mujeres asesinadas, apuñaladas, estranguladas, abandonadas en una cuneta, en un descampado o lanzada por un puente en alguna parte de alguno de los 32 estados de la República Mexicana.

Salguero, geofísica y activista feminista de 42 años de edad, repasa a diario, desde hace cinco años, este funesto boletín y extrae las informaciones que le van a permitir, entre otros recursos, alimentar el mapa interactivo que creó en 2016 para geolocalizar y hacer seguimiento de los asesinatos de mujeres en México. “Trabajaba en las desapariciones, cuando fuí consciente de que los asesinatos de mujeres concernían a todo el país”, explica.

La toma de conciencia de México sobre el alcance de la violencia contra la mujer es reciente. En los años 90, las feministas lucharon por dotarse de una legislación ejemplar en la materia que culminaría en 2007 con la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Pero ha sido el auge del movimiento feminista en los últimos años, impulsado por la ira de las mujeres más jóvenes, que constatan que, a pesar de la labor de sus madres y abuelas, nada ha cambiado para ellas, lo que ha convertido la cuestión en objeto de debate público.

A pesar de los casos más emblemáticos que han sacudido el país a lo largo de los años –como el de la activista Marisela Escobedo, asesinada en 2010 por buscar Justicia para su propia hija, a quien mató su novio (en octubre de 2020, se emitió un documental en Netflix)–, la violencia contra la mujer se ha limitado a ser, durante mucho tiempo, una multitud de sucesos, por trágicos que sean, pero aislados unos de otros.

“Me di cuenta de que los feminicidios no se limitaban al estado de México DF [el gigantesco cinturón industrial de la capital], que en Ciudad Juárez seguían produciéndose...”, recuerda Salguero. Al geolocalizar a cada mujer asesinada, los alfileres del mapa cubren todo el territorio y subrayan las características comunes.

En el mapa interactivo, la activista documenta, a razón de tres o cuatro horas al día, el lugar donde se encontró a la víctima, pero también otras características: su nombre, su edad, su relación con el agresor, las circunstancias del asesinato, el estado del cuerpo de la víctima. Informaciones que deberían permitir, una vez compiladas, comprender el fenómeno con mayor detalle y no limitarse a las cifras brutas del número de mujeres asesinadas y de feminicidios que las autoridades publican cada mes.

Según las estadísticas oficiales, el año pasado, en el país, 3.880 mujeres fueron asesinadas. 1.006 de estos asesinatos fueron clasificados como feminicidios. Un término que surge en México y que recoge su legislación desde 2007 aunque las autoridades lo infrautilizan conscientemente, lo que no beneficia al término.

En México, el feminicidio implica el concepto de asesinato de una mujer por razón de su género, pero también es el carácter de dominación sistémica de estos crímenes y, por extensión, la responsabilidad del Estado.

En la base de datos de María Salguero, el 58% de los casi 3.000 delitos que ha documentado son feminicidios, explica la geofísica, mientras que las autoridades sólo consideran como tales el 26%.

La investigación de un femicidio requiere prestar atención al contexto del delito y a un conjunto de principios claros. Requiere más tiempo, formación y recursos de los que posee el sistema mexicano de Justicia, que se ve abrumado por el número de casos en un país donde se producen 35.000 homicidios al año y a menudo tendente a mirar para otro lado para proteger un interés u otro.

“En México DF, las autoridades gastan mucha energía en evitar esta categoría y las obligaciones que conlleva”, dice la abogada feminista Andrea Medina, que contribuyó a desarrollar el concepto del término. “En este punto, ya no se puede hablar de una omisión, sino de una voluntad de obstruir la aplicación de la ley. Los funcionarios se encuentran falsificando informes de expertos”. Hay innumerables casos de feminicidios en los que la víctima es erróneamente clasificada como de sexo masculino...

Ahora, los familiares de las víctimas se ponen en contacto directamente con la activista para que registre su caso en su mapa y así darle una existencia tangible, mientras con frecuencia las autoridades les dicen a las familias que vuelvan más tarde o que no se preocupen porque su hija seguramente se ha ido con un chico.

Su mapa del feminicidio le ha valido a María Salguero la distinción de la revista Forbes; la edición mexicana la situó en 2019 y 2020 a la cabeza de su lista de “las 100 mujeres más influyentes en México”. Las autoridades también han reconocido su labor, que ha servido de base para múltiples informes y análisis a varias instituciones.

“Un miembro de la Guardia Nacional [cuerpo de las fuerzas del orden creado en 2018 para sustituir a la Policía Federal] me dijo que mi mapa era una de sus fuentes para perfeccionar su análisis de los delitos de género”, cuenta Salguero desde el estado de Sonora, al noroeste de México, donde se trasladó en noviembre.

Después de varios tentativas decepcionantes, como su contratación en la Subsecretaría de Derechos Humanos para crear una base de datos sobre feminicidios, donde se le pidió a la activista que trabajara gratis y pagara su conexión a internet, Salguero finalmente fue contratada este verano por la Fiscalía del estado de Sonora para dirigir un nuevo departamento dedicado a analizar datos sobre la violencia de género.

Según la activista, “los datos más completos están disponibles en el sistema judicial. Esto permite hacer un análisis muy detallado del contexto de estos delitos para formular políticas públicas acordes con la realidad”. En particular, aboga por la categorización de los feminicidios vinculados a la delincuencia organizada, un fenómeno creciente que ha detectado al ir alimentando su mapa, pero que no existe en la nomenclatura oficial, lo que "corre el riesgo de distorsionar las conclusiones que pueden extraerse de las cifras”.

“Todo está ya en la ley, pero no se aplica”

Mientras que María Salguero planea seguir alimentando su propio mapa, su trabajo ya ha sido emulado. Ya existían varios proyectos de mapas locales en Ciudad Juárez y en el Estado de México y otras activistas han decidido seguir devolviendo sus identidades al creciente número de mujeres asesinadas en México.

Es el caso de Sofía Valencia, estudiante de biología de 19 años, de la UNAM de Ciudad de México, la universidad más grande de América Latina, abrió este año una cuenta de Instagram Nos Faltas Tu 2020.

Cuenta de Instagram de Sofía Valencia sobre los feminicidios.

Al igual que María Salguero, la joven recorre las páginas de sucesos en busca de información sobre las diez mujeres asesinadas al día por término medio en México y elabora una publicación diaria en la que trata de devolver la dignidad a la víctima, a menudo despreciada por el trato que recibe de la prensa sensacionalista; los seguidores de esta cuenta sólo pueden ser conscientes del horror que supone cuando cada día el perfil de una nueva mujer asesinada aparece en el feed de Instagram, entre dos fotos cualquiera.

El pánico del anonimato que envuelve a estas víctimas fue lo que impulsó a la estudiante a abrir dicha cuenta. “Cuando [el presidente de México] López Obrador llegó al poder, prometió que todo cambiaría. Pero el año 2019 terminó con más muertes que nunca antes. En Nochevieja, estaba enviando mensajes de texto a mis amigas cuando me fui a la cama y entré en pánico. Pensé que ese año, podía haber sido yo la asesinada. O mis amigas cercanas u otras mujeres... lo que más me asustaba era que nunca sabría quiénes eran esas mujeres. Algunos casos reciben mucha atención de los medios, pero no todos”. 

En los últimos años, una letanía de feminicidios ha marcado el ritmo de las movilizaciones feministas con su tempo macabro. Las mujeres han salido a la calle para exigir Justicia para Lesvy, asesinada por su novio en el campus de la UNAM, un caso inicialmente cerrado por considerarlo las autoridades un suicidio. Para Ingrid, una joven que fue descuartizada por su novio y cuyas fotos explícitas del cuerpo aparecieron en la prensa. Para Fátima, de 7 años, secuestrada y asesinada en el modesto sur de la ciudad. Para Abril, ejecutada por un motociclista supuestamente en nombre de su marido, exdirigente de Amazon en México.

En cada ocasión, las manifestantes reclaman lo mismo, que las autoridades tomen en serio su caso y que se haga Justicia. Exhiben fotos y dibujos de estas mujeres para evitar que caigan en el agujero negro de la Justicia, donde los expedientes los engulle el silencio y la impunidad.

“Las autoridades tienen el deber de recordar y reparar”, recuerda la abogada Andrea Medina. “No deberíamos tener que hablar de Justicia restaurativa en México, porque todo está ya en la ley, pero no se aplica... Así que, como siempre, la sociedad civil se encuentra buscando alternativas, como estos proyectos independientes, que son encomiables. Sin embargo, al mismo tiempo es crucial seguir exigiendo que el Estado cumpla con sus obligaciones.

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Traducción: Mariola Moreno

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