La frontera entre Grecia y Turquía, la línea roja de los derechos humanos en la UE

Region de Evros, diciembre de 2022. El nuevo muro en la zona militar griega. Por detrás discurre el Evros, el río que cruzan los refugiados.

Elisa Perrigueur (Mediapart)

Alexandroupoli, Orestiada, Poros (Grecia) —

En el cielo plomizo de una mañana de diciembre, el viento ondea la bandera griega a la entrada de Poros. Un perro callejero corretea por la carretera dañada junto a la iglesia ortodoxa, evitando a los coches de policía, de los pocos vehículos que transitan por este pueblo de los confines del Evros, un nome (división administrativa) del noreste de Grecia. Al norte, a lo lejos, se alzan las colinas de Bulgaria; al este se extiende la campiña turca.

Las patrullas avanzan hasta un largo muro. Separando Grecia de Turquía, esta serpiente de acero atraviesa llanuras vacías a lo largo de 27 kilómetros. Su estructura de cinco metros de altura sigue las curvas del río Evros. El río, llamado Meriç en turco y Maritsa en búlgaro, marca la frontera greco-turca, de unos 200 kilómetros de longitud.

El objetivo de este muro, un "obstáculo técnico" como lo llaman las autoridades griegas, es "disuadir a los inmigrantes de entrar y evitar el comercio de los contrabandistas". El muro cierra los concurridos accesos a este río fangoso de estrecho cauce que los exiliados cruzan a remo. Atenas ha invertido 63 millones de euros, según la prensa local, para construir esa obra en 2021. 

Desde hace más de treinta años, los inmigrantes procedentes de África o Asia que quieren encontrar refugio en la Unión Europea cruzan esta frontera entre Turquía y Grecia, dos países miembros de la OTAN que discrepan en la delimitación de sus fronteras marítimas. En 2022 consiguieron cruzar oficialmente el río 5.000 personas, en su mayoría procedentes de Turquía, Siria o Afganistán, huyendo de conflictos o tensiones políticas. Evitando que les vean, claro, porque nadie puede entrar en esta zona campestre: es una zona militar griega inaccesible sin permiso de Atenas. Drones, cámaras térmicas, el ejército y la policía vigilan esta frontera.

Todo está hecho para que sea hermético. "Es ilegal entrar clandestinamente en territorio griego, nos aseguramos de que los inmigrantes no entren, ese es nuestro trabajo", afirma Giorgos Tournakis, comandante de la policía del departamento de Evros septentrional. “Detectamos a los migrantes al otro lado, gracias a nuestros equipos", explica otro policía anónimo, señalando la costa turca llena de juncos a unos metros de distancia. “Mostramos nuestra presencia. Usamos sirenas, altavoces, etc. Eso a veces funciona y los inmigrantes se dan media vuelta.”

Sin embargo, no hay una entrada para los exiliados que quieran solicitar asilo en Grecia. "Para ello, tienen que ir a la embajada de Atenas en Turquía a solicitar asilo", dice el Ministerio de Inmigración griego.  

 Este muro en mitad del campo no es más que una parte de la frontera greco-turca que vigilan las fuerzas del orden griegas. La policía y el ejército son los principales empleos de la zona, confirman los habitantes, aunque las autoridades no dan cifras globales. En 2022 llegaron 400 refuerzos policiales y en 2023 llegarán 250, según el comandante Tournakis.

Los pueblos aislados que salpican las colinas rojizas y los sotobosques de árboles desnudos son fantasmagóricos, nada que ver con la imagen de las turísticas islas griegas. Aquí, bandadas de pájaros sobrevuelan las casas bajas, las panaderías o las gasolineras abandonadas. En los últimos diez años, el 8% de la población ha abandonado los campos de girasol, trigo y algodón, principal actividad que ha dejado de ser rentable, y se ha dirigido a las ciudades griegas o europeas. Muchos de los que se quedan trabajan para el Estado.

El gobierno griego de derechas de Néa Dimokratia justifica este aumento de la vigilancia fronteriza por el episodio de marzo de 2020. El presidente turco Recep Tayyip Erdoğan había anunciado su apertura, provocando una afluencia de miles de refugiados. Alertado, el gobierno de Atenas bloqueó su entrada y concentró allí a sus soldados.

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró que Grecia es el "escudo de Europa". Esta expresión le sigue gustando a Manos Logothetis, Secretario de Estado griego de Inmigración, que nos recibe en su despacho de Atenas. "Preferimos ser el escudo de Europa antes que el idiota de Europa", dice con entusiasmo este voluble político, entre dos caladas de cigarrillo y sorbos de café frío. Este lenguaje marcial utilizado por la UE para contrarrestar la inmigración también parece haber dado a Atenas carta blanca para fortificar su frontera.

"Construimos barreras a nuestra costa para detener la entrada ilegal de inmigrantes. Pero la UE no paga, porque si no otros países, como Polonia, por ejemplo, también podrían exigirnos que paguemos sus muros fronterizos", dice Logothetis. El gobierno griego va a ampliar los muros antimigración en Evros hasta 80 kilómetros en 2023, afirma. La UE proporciona a Atenas otras ayudas paralelas para la gestión de la inmigración. Desde 2018, se han destinado unos 1.900 millones de euros a Grecia. Ochenta y seis agentes y expertos de la agencia europea Frontex están operando en Evros.

Escuchando a Manos Logothetis, la política migratoria griega parece confundirse a veces con su política de defensa, vinculada a Turquía. “La migración es política, diez veces más que hace veinte años, la instrumentalización de los migrantes (por parte de Ankara - nota de la redacción) no tiene parangón hoy en día", exclama el secretario de Estado griego. “En marzo de 2020, Turquía manipuló a los refugiados para presionarnos. Podría volver a hacerlo en 2023, por ejemplo. Porque este año es políticamente importante. Nosotros tenemos elecciones parlamentarias y Turquía tiene elecciones presidenciales.” En ambos países, los comicios deberían celebrarse en primavera. A pesar de nuestras peticiones, Ankara no respondió a nuestras solicitudes de entrevista.

Los refugiados que intentan llegar a Europa están en el centro de este conflicto latente entre los dos países. A medida que aumentan las tensiones entre Atenas y Ankara, estos migrantes son percibidos como "armas", en detrimento de su derecho de asilo, según varias organizaciones de defensa de los derechos humanos.

Alarm Phone, una ONG con sede fuera de Grecia, recibe llamadas de  emergencia de exiliados bloqueados en las fronteras. “Desde 2020 recibimos cada vez más solicitudes de ayuda desde Evros", afirma su director, que permanece en el anonimato. “Gobiernos como los de Grecia, Turquía y otros están "militarizando" la migración y presentando a las personas desplazadas como una amenaza militar. Nosotros condenamos este discurso deshumanizador y exigimos libertad de circulación para todos y el derecho a solicitar asilo.”

Por su parte, Styliani Nanou, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se declaró "profundamente preocupada por el creciente número de informes de incidentes de retornos forzosos, que en algunos casos equivalen a devoluciones en caliente. Hemos contabilizado 540 incidentes de este tipo en Grecia en 2020 y 2021. A menudo van acompañadas de violencia y violaciones de los derechos humanos en varias fronteras europeas.”

Dramas a puerta cerrada

ACNUR tiene equipos en la ciudad de Orestiada, municipio construido hace cien años por griegos expulsados de Turquía, en el noreste de Evros. Sin embargo, hay pocas asociaciones y organizaciones de refugiados presentes en esa ciudad de 25.000 habitantes. Además de ACNUR, están presentes en el Evros un puñado de personas de organizaciones como Human Rights 360, el Greek Council for Refugees y Arsis. "Para las ONG es difícil trabajar. No tenemos permisos de acceso a la frontera", dice un trabajador humanitario en Atenas.

Los dramas tienen lugar a puerta cerrada. De hecho, además de las devoluciones, es larga la lista de tratamientos inhumanos denunciados por la prensa o las asociaciones en el Evros en 2022. En febrero, aparecieron 12 migrantes muertos de frío en el lado turco. Atenas y Ankara suelen culparse mutuamente de los numerosos rescates de exiliados atrapados en los islotes del río Evros, en medio de un vacío legal.

Treinta y ocho personas, en su mayoría sirias, quedaron atrapadas durante días en agosto, mientras los países vecinos se pasaban la pelota para no prestarles ayuda. Una chiquilla murió, según su familia, picada por un escorpión, y fue enterrada en la isla. Según el Secretario de Estado griego de Migración, "no hay ninguna niña muerta: las autoridades no han encontrado ningún cadáver". Hay abiertas una investigación griega y otra del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Algunos dramas se convierten en el argumento de disputas verbales entre Grecia y Turquía. A mediados de octubre fueron encontrados desnudos 92 migrantes, en medio del campo, en el lado griego de la frontera. El ministro griego de Inmigración, Nótis Mitarákis, publicó rápidamente un tuit contra Turquía, difundiendo una foto de los hombres humillados. "El comportamiento de Turquía con los 92 migrantes que rescatamos en la frontera es una vergüenza para la civilización", dijo el ministro. Turquía ha rechazado las acusaciones.

En este sistema, los inmigrantes acaban siendo criminalizados. Christiana Kavvadia, abogada del Greek Council for Refugees en el Evros, cuenta entre sus clientes a personas procesadas por "entrada ilegal" en el país. Se enfrentan a hasta cinco años de prisión y una multa de 1.500 euros. "Del 1 al 31 de marzo de 2020 entró en vigor una ley que prohíbe la solicitud de asilo para ese periodo, y todos los migrantes que llegaron en esas fechas fueron acusados de entrada ilegal y muchos fueron enviados a prisión durante un largo periodo. Desde entonces, sigue existiendo la práctica de castigar la entrada ilegal, pero con penas menos severas”, explica. “La criminalización de los solicitantes de asilo no se ajusta a la Convención de Ginebra y pretende ser disuasoria.”

Récord de muertes en 2022

En Evros es tan raro presenciar situaciones dramáticas como oír voces locales que hablen de ello. "Somos pocos los que defendemos los derechos de los refugiados aquí... Es un sistema contra el que no se puede luchar: el 90% de la gente de Orestiada trabaja con la policía", se queja Dimitrios Zeferiades, que lleva un bar alternativo de esta localidad. "Hace cien años, nuestros antepasados (griegos) pasaron por esta frontera por miles, eran refugiados. Ahora hay milicias en los pueblos para ahuyentar a los migrantes: los habitantes han olvidado sus raíces", afirma.

En 2020, algunos habitantes fronterizos mostraban a la prensa su "caza" de migrantes. Para Dimitrios Zeferiades, más que herramientas "políticas", "los migrantes se han convertido en productos con los que Grecia gana dinero". Las autoridades piden financiación para comprar todo un arsenal (drones, cámaras - nota del editor) que no sirve para nada: nadie puede vigilar este río de 200 kilómetros". 

Entre las paredes color salmón de la morgue del hospital de Alexandroupoli, la mayor ciudad de Evros, Pavlos Pavlidis está de acuerdo. "Los muros no impiden nada", dice con semblante serio este médico forense. Nos enseña la foto de un hombre muerto en su teléfono. El frío de diciembre se ha llevado a este joven veinteañero mientras dormía en una cabaña al pie de una montaña nevada de Evros. "Hipotermia. Hace unos dos días, el 10 de diciembre", concluyó el doctor Pavlidis. En su despacho del sótano, que huele a tabaco, este meticuloso médico muestra dos tarjetas azules y dos anillos que pertenecieron a la víctima, "probablemente del norte de África". Espera que estas pistas ayuden a identificarlo.

"2022 es un año récord, nunca he hecho la autopsia a tanta gente (exiliada)", dice Pavlidis. El experto lleva trabajando desde 2000 y ha visto más de 660 cadáveres de extranjeros, 63 de ellos este año. Detrás de su ventana hay dos contenedores con 30 cadáveres de exiliados: "No tengo más sitio en los frigoríficos.”

El río es el primero en cargarse a los refugiados. La hipotermia es la segunda causa de muerte más frecuente. Los refugiados se pierden, empapados, por el campo. "Evitan los pueblos. Saben que los lugareños ya no les ayudan como antes", explica Pavlidis. Y los accidentes de tráfico son la tercera causa más frecuente de muerte entre los inmigrantes. "Algunos se amontonan en vehículos e intentan escapar de las autoridades", afirma.

El móvil de Pavlos Pavlidis vibra mientras habla: "Han filtrado mi número.” Recibe mensajes de socorro de desconocidos: madres, hermanos, que buscan a sus seres queridos. Si en 2022 llegaron oficialmente 5.000 emigrantes al Evros, ¿cuántos se han perdido en sus colinas?

 

Traducción de Miguel López

 

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