Los kurdos de Irán se plantean si es el momento de una insurrección contra el régimen de los ayatolás

Yann Pouzols (Mediapart)

Ankara (Turquía) —

“Están acabados y lo saben”, declaró el miércoles 4 de marzo el muy hollywoodiense secretario de Defensa americano Pete Hegseth, refiriéndose al régimen iraní. La superioridad aérea de Washington y Tel Aviv es indiscutible en la guerra entre Israel y Estados Unidos contra la República Islámica, iniciada el 28 de febrero con un bombardeo que causó la muerte de numerosos responsables de seguridad y del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

Pero aunque Donald Trump proclama la victoria, considerando que “ya ha ganado la guerra”, el régimen de Teherán parece seguir siendo sólido y confía con un estancamiento del conflicto. Irán apuesta por el cansancio de la opinión pública estadounidense y un importante aumento de los costes energéticos provocado por el bloqueo del estrecho de Ormuz y los bombardeos contra las plantas de producción de gas y petróleo de sus vecinos, las monarquías árabes del Golfo.

Pero el objetivo maximalista declarado, la caída del régimen iraní, en el poder desde la revolución de 1979, no podrá alcanzarse solo con bombardeos aéreos. Requiere combates terrestres. Escaldados por el recuerdo de los atolladeros afgano e iraquí, los dirigentes estadounidenses descartan una invasión terrestre a gran escala.

En enero, la sangrienta represión del régimen iraní contra los manifestantes terminó por granjearle el odio de la mayor parte de la población. Pero la oposición iraní está desarmada, dividida y traumatizada por estos ataques. Es difícil imaginar que la población salga a la calle frente a las decenas de miles de paramilitares Guardianes de la Revolución que, ahora, disparan contra las ventanas de los iraníes que han manifestado ostentosamente su alegría ante el anuncio de la muerte de Jamenei.

Una coalición sin precedentes

En este contexto, los grupos kurdos iraníes aparecen como la principal fuerza armada y organizada capaz de enfrentarse al régimen. La mayoría de los diferentes partidos kurdos, ilegales en Irán, cuentan con una rama militar, cuyos militantes han encontrado refugio en el Kurdistán iraquí, a lo largo de la frontera iraní.

A diferencia del resto de la oposición, cuentan con varios miles de militantes armados y han recibido formación militar. Mientras que el resto de la oposición está dividida entre republicanos, monárquicos y militantes de izquierdas, los partidos kurdos lograron formar una plataforma común durante las masacres de enero y, posteriormente, una coalición oficial en febrero, que reúne ahora a los seis principales partidos kurdos.

“Para los kurdos es una oportunidad histórica, como las que se dan una vez por siglo, pero también una apuesta muy arriesgada”, resume Mohammed A Salih, especialista en la materia e investigador senior no residente en el think tank estadounidense Foreign Policy Research Institute. En caso de victoria final, esperarían ver surgir el sistema democrático y descentralizado que tanto desean. Una derrota, en cambio, podría acarrearles una represión masiva por parte del régimen, incluso en el Kurdistán iraquí donde han encontrado refugio.

Las bases de los grupos kurdos iraníes en Irak son atacadas con misiles iraníes, pero también con drones

“Aunque la República Islámica nos ha atacado en varias ocasiones, hasta ahora no hemos tomado ninguna decisión de llevar a cabo una operación terrestre y hemos mostrado moderación”, afirma a Mediapart Omid Taheri, miembro del comité central del partido Komala del Kurdistán iraní, que se unió a la coalición kurda el 4 de marzo.

Desde hace varios días, las bases de esos grupos en el Kurdistán iraquí son atacadas con misiles iraníes, pero también con drones procedentes de grupos chiitas iraquíes que apoyan al régimen de Teherán. En la noche del sábado 7 de marzo, un ataque con misiles contra el cuartel general del grupo de Omid Taheri, en la ciudad de Sulaymaniyah, causó un muerto.

Versatilidad de Washington

Con vistas a una ofensiva, las fuerzas kurdas esperan conquistar rápidamente las zonas urbanas del Kurdistán iraní, en el noroeste del país. “Si fuera necesario, y si pudiéramos operar libremente dentro de las ciudades, tenemos la capacidad de movilizar a decenas de miles de personas en poco tiempo”, estima Omid Taheri. En efecto, la población de esas ciudades es en gran medida hostil al régimen, como demostraron los llamamientos a la huelga que tuvieron una gran acogida en la región durante las manifestaciones de enero.

“Aún no se ha tomado la decisión final sobre una intervención de los kurdos en Irán. Dependerá, en particular, de la eficacia de los bombardeos contra las infraestructuras militares iraníes a lo largo de la frontera”, explica Mohammed A Salih. La intensidad con la que, en los últimos días, el ejército americano ha atacado los cuarteles y las posiciones defensivas de estas zonas fronterizas ha dado a entender que podría ser inminente una operación de ese tipo.

Vemos cómo, hace unos meses, los americanos abandonaron a los kurdos de Rojava

Pero el muy versátil Donald Trump, cuando se le preguntó el sábado sobre este tema, pareció descartar esta opción. “La guerra ya es lo suficientemente complicada como para meter además a los kurdos”, declaró a los periodistas a bordo del avión presidencial.

La implicación de las fuerzas kurdas, aunque es una de las únicas opciones realistas para desencadenar una insurrección generalizada y la caída del régimen de Teherán, se ve complicada en cualquier caso por numerosos factores.

En primer lugar, la confianza en Washington es bastante limitada. “Recordamos cómo los kurdos iraquíes fueron empujados por los americanos a rebelarse contra Sadam Husein en 1991 y cómo luego los dejaron ser masacrados”, subraya Peyman Haydari, un activista kurdo iraní de izquierdas exiliado en Europa.

“También vemos cómo, hace unos meses, los americanos abandonaron a los kurdos de Rojava [nombre kurdo del Kurdistán sirio, ndr], a pesar de que los habían enviado a luchar por ellos contra el Estado Islámico durante diez años”, añade. Esa desconfianza está bastante extendida. “Dejen en paz a los kurdos. No seremos sus mercenarios”, declaró la primera dama iraquí, de origen kurdo, Shanaz Ibrahim Ahmed.

Además, otra fuente de preocupación es la perspectiva de que los monárquicos nacionalistas y su líder en el exilio, Rezah Pahlavi, tomen el poder. “Si llega al poder con el apoyo de americanos e israelíes, lo que francamente no es lo ideal para un nacionalista, podría verse tentado a recuperar su prestigio atacando a las minorías, entre ellas los kurdos”, opina Peyman Haydari.

La escasa probabilidad de una insurrección generalizada

Además, la movilización de los kurdos podría ser un regalo para la propaganda de la República Islámica. Esta se apresuraría, como ya lo hace, a agitar el fantasma del separatismo y la guerra civil con la esperanza de provocar una oleada de nacionalismo que le beneficie.

“Esa propaganda es engañosa. Los grupos kurdos no tienen ni la intención ni los medios para reclamar la independencia. Simplemente reclaman un sistema democrático, descentralizado y una mejor distribución económica”, subraya Mohammed A Salih.

Una cosa es segura: los kurdos iraníes, aunque acaben interviniendo, no tomarán Teherán. La caída del régimen solo será posible gracias a la movilización de todas las minorías del país (baluchíes, árabes, azeríes, etc.), que representan casi la mitad de la población, pero también de la mayoría persa. Aunque ya existen vínculos entre algunos movimientos políticos y armados baluchíes y kurdos, la alianza con otros grupos minoritarios podría ser más complicada.

Es el caso de los azeríes de Irán, de habla turca, cuya coexistencia con los kurdos en algunas regiones, como Urmia, se ha visto salpicada en ocasiones por la violencia. Estos podrían contar con el apoyo de su vecino turco. De hecho, Ankara está tratando de utilizar su influencia sobre Trump para disuadirlo de jugar la carta kurda en Irán, mientras que el poder de Erdoğan, en su propio territorio, se esfuerza por resolver la vieja cuestión kurda según sus propios intereses.

Uno de los partidos de la coalición kurda iraní, probablemente el más poderoso militarmente, el PJAK, emana del PKK, la histórica guerrilla kurda de Turquía, que también controla el noreste de Siria a través de otro partido, el PYD. Ankara no aceptaría, por miedo al contagio, que surgiera en Irán una región kurda con algún tipo de descentralización o autonomía, y menos aún si fuera favorable al PKK.

De hecho, anticipándose a un escenario similar al de la guerra civil siria, en el lado iraní, Ankara inició en el otoño de 2024 negociaciones con el PKK, que por el momento se encuentran en punto muerto.

Los kurdos, prisioneros de un complejo geopolítico regional, indecisos a la hora de confiar en aliados lejanos e inciertos, se encuentran una vez más en una encrucijada histórica. Oscilan entre el sueño de desempeñar un papel decisivo en la caída de un régimen opresivo en el poder desde hace casi cincuenta años y el riesgo de ser, una vez más, los grandes perdedores de la historia.

Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido ayatolá, elegido como líder supremo de Irán

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Traducción de Miguel López

 

“Están acabados y lo saben”, declaró el miércoles 4 de marzo el muy hollywoodiense secretario de Defensa americano Pete Hegseth, refiriéndose al régimen iraní. La superioridad aérea de Washington y Tel Aviv es indiscutible en la guerra entre Israel y Estados Unidos contra la República Islámica, iniciada el 28 de febrero con un bombardeo que causó la muerte de numerosos responsables de seguridad y del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

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