Un libro de investigación pone a Orpea contra las cuerdas en Francia

El logotipo del grupo Orpea en Neuilly-sur-Seine, cerca de París, el 26 de enero de 2022.

Mathilde Goanec | Leïla Miñano (Mediapart)

¿Qué es exactamente lo que no sabían? Desde el martes por la noche y tras la publicación del libro de Victor Castanet Les Fossoyeurs [Los sepultureros] sobre las residencias de ancianos dependientes (Ehpad, por sus siglas en francés] y la multinacional Orpea, el Gobierno francés ha puesto el grito en el cielo y ha cundido el pánico en el reino del oro gris.

El grupo Orpea se desplomó en Bolsa, su director general fue convocado por el Ejecutivo, mientras que el ministro de Sanidad dijo a los parlamentarios que se tomaría este asunto con "gravedad y total determinación". Gabriel Attal, portavoz del Ejecutivo francés, se mostró "indignado" y afirmó que era "impensable que se toleraran estas acciones en nuestro país".

Pero si el libro de Víctor Castanet llama la atención por el alcance de la investigación y el número e importancia de las fuentes entrevistadas, el maltrato y las políticas de abaratamiento de costes en ciertos establecimientos con fines lucrativos eran un secreto a voces, ante los que las autoridades sanitarias han hecho la vista gorda. Y con razón: después de dejar en manos del sector privado todo un colectivo de dependientes, el Estado es incapaz de dar un golpe en la mesa cuando las disfunciones salen a la luz.

El caso de la residencia Bords-de-Seine de Neuilly, gestionada por Orpea, ilustra perfectamente esta hipocresía general. Victor Castanet pinta un cuadro aterrador al principio de su libro. El establecimiento, dijo la ministra de Sanidad en la Asamblea Nacional el martes 25 de enero, fue objeto de "una inspección encargada por la agencia regional de salud en 2018 tras recibir denuncias menores [...] por lo que probablemente la ARS [Agencia Regional de Salud] no tenía conocimiento de los hechos recogidos en el libro".

Mediapart investigó este Ehpad hace exactamente cuatro años y publicó una larga investigación a finales de enero de 2018. Contamos entonces exactamente los mismos horrores que se vivían al otro lado del elegante ventanal: sábanas empapadas de orina o excrementos, personas mayores abandonadas como niños descuidados durante horas en la misma cama, residentes desnutridos o deshidratados que, cuando anochece, pueden permanecer en el suelo durante horas, debido a la falta de personal. Nuestro periódico también documentó cómo se encerraba en sus habitaciones –pagadas a tocateja– a las personas que padecían demencia. Y se les encerraba bloqueando el picaporte con una sábana para evitar que deambularan.

Pero para la ARS Île-de-France, preguntada explícitamente sobre estos hechos en 2018, todo estaba bien. Todas las "quejas" desde 2016 habían sido, según el organismo, "examinadas", organizándose varias reuniones entre la dirección del establecimiento, la ARS y el consejo departamental. El establecimiento de Neuilly ha demostrado, incluso desde entonces, asegura el ARS, "una actitud positiva y constructiva". Ahora podemos ver el resultado.

Mediapart (socio editorial de infoLIbre) también ha podido saber que el Ministerio de Trabajo rechazó el año pasado el despido de un representante del personal, que trabajaba como asistente en el Ehpad Bords-de-Seine, sin duda señal de perfecta armonía social.

Desde el inicio de la crisis del covid, la CGT ha presentado cinco denuncias y las ha puesto en conocimiento de la Inspección de Trabajo. Este sindicato también lleva muchos años denunciando ante los organismos de seguridad social Cramif y Carsat el número anormal de accidentes de trabajo y de despidos por incapacidad. En toda Francia, frente a las ARS, los empleados se manifiestan y "largan", recuerda Guillaume Gobet, delegado sindical de la CGT en Orpea. Por no hablar de las familias que escriben cartas y patalean ante la evidente negligencia.

Olivier Véran también prometió, el martes 26 de enero de 2022, llevar a cabo una investigación en profundidad sobre las prácticas del grupo Orpea si fuera necesario. Aquí también hay páginas y páginas de archivos, sólo en nuestro periódico, sobre su conducta y la de sus competidores.

El ministro también podría pedir información a sus propias autoridades de control, si el Gobierno al que pertenece y los anteriores no las hubieran desarmado gradualmente. Los expedientes judiciales relativos a Orpea se acumulan en las Inspecciones de Trabajo, pero este servicio público se encuentra exangüe y tiene cada vez más dificultades para cumplir su misión.

Las ARS, el brazo regional del Ministerio en el ámbito de la Sanidad, no son más agresivas, sobre todo en su misión de control del uso de los fondos, ya que, nunca se repetirá lo suficiente, gran parte del negocio de Orpea (como el de las no menos problemáticas Korian o DomusVi) se basa en el dinero público.

En un informe de las ARS, publicado por la Inspección General de Asuntos Sociales (Igas) en noviembre de 2019, al que ha tenido acceso Mediapart, el descenso es claro, con un 40% menos de actividad de control e inspección desde 2016. Los relatos del personal laboral van en la misma línea: poco más o menos visitas inopinadas y menos denuncias graves, incluso sobre la realidad de los puestos financiados por el seguro de enfermedad.

Escándalo dentro del escándalo, revelado por Mediapart el lunes 24 de enero, también recogido en el libro de Victor Castanet. Según nuestras informaciones, los empleados de Orpea tienen que conformarse con firmar contratos de duración determinada, ya que sustituyen (teóricamente) a empleados con contratos indefinidos. Sin embargo, en muchos casos, estos empleados no existen. El grupo niega cualquier irregularidad, asegurando que "nunca ha habido ningún empleo ficticio en la empresa". En un correo electrónico confidencial al que ha tenido acceso Mediapart, una inspectora de trabajo escribió que, en su opinión, la multiplicación de contratos de sustitución para una persona durante el mismo periodo podría constituir un "fraude". También en este caso, preguntamos al ARS interesado por el control de estas prácticas, sin que nos respondieran.

La cuestión va mucho más allá de afectar solo a Orpea. Los Ehpad reciben cada año una partida destinada a cuidados, que abona el seguro de salud, y otra en concepto de dependencia, que desembolsaban los departamentos. Orpea, el número uno mundial de las residencias, recibió en 2020 como mínimo 350 millones de euros del seguro de enfermedad, sólo por prestar cuidados, según cifras del Fondo Nacional de Solidaridad para la Autonomía (CNSA) facilitadas a Mediapart. Una montaña de dinero público destinada a subvencionar los salarios del personal que trabaja con las personas mayores en Francia.

Desde que la caja negra se abre por fin, ante la mirada atónita de las autoridades, las preguntas adquieren más fuerza. ¿Quién controla realmente el uso de este dinero público? ¿Podemos seguir disociando el doloroso tema del maltrato del de las condiciones de trabajo? Más aún, ¿es sostenible el sistema económico que sustenta la atención a la dependencia? Hay que recordar que Emmanuel Macron enterró su gran proyecto de quinta rama de la seguridad social y renunció a construir su famosa ley de "vejez y autonomía", despertando la ira de varios actores de la dependencia.

Según Víctor Castanet, Orpea estaba dispuesta a pagar mucho dinero para evitar que estas cuestiones salieran a la luz pública y se dejaran al arbitrio de los políticos y los gabinetes. En su libro, cuenta que un "analista financiero [...] cercano al fundador de Orpea" le ofreció comprar su silencio: "¿Y qué tal 15 millones de euros? Así lo digo. Podría ser una solución".

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Ante los diputados, el ministro de Sanidad admitió que pensaba en los 700.000 ancianos que residen en instituciones y también en los cientos de miles de personas que cuidan y atienden a estos residentes, así como en las familias que están legítimamente preocupadas por la forma en que se atiende a sus seres queridos.

Es una forma de decir que no se debe estigmatizar a todo un sector. Pero estas prácticas de gestión ya se han extendido como un veneno al resto, ya sea público o asociativo, donde se controla el gasto hasta la saciedad y que a veces sufre los mismos males. Para hacerle frente, hará falta algo más que otra investigación sin futuro, o simples “pensamientos”.

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