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Luuk van Middelaar: "Los neerlandeses nunca han creído realmente en Europa"

El primer ministro de Holanda, Mark Rutte, y el candidato a las elecciones holandesas de la ultraderecha, Geert Wilders, durante el 'cara a cara' televisivo antes de las elecciones.

Las legislativas que se celebran este miércoles en los Países Bajos marcan el pistoletazo de salida de un año electoral muy ajetreado en Europa, en vísperas de las elecciones presidenciales y legislativas de Francia (de abril a junio) y de las legislativas alemanas (septiembre). Sin que se pueda descartar un eventual adelanto electoral en Italia. En todas partes y sobre todo en Bruselas, se mirarán con lupa los resultados que obtengan aquellas formaciones que han puesto a la UE en el punto de mira, del PVV de Geert Wilders al FN de Marine Le Pen, pasando por el AfD de Frauke Petry.

Mediapart, socio editorial de infoLibre, ha entrevistado a Luuk van Middelaar con el fin de entender mejor las particularidades de los Países Bajos, uno de los países fundadores de la UE en Europa. Este historiador neerlandés, profesor en las universidades de Leyde (Países Bajos) y de Lovaina (Bélgica), era también el encargado de redactar los discursos del ex primer ministro belga Herman Van Rompuy, en el periodo que el democrata-cristiano dirigió el Consejo de Europa (2010-2014). En la actualidad, sus análisis pueden leerse en el diario liberal NRC Handelsbald y cuenta con una obra de referencia sobre las crisis europeas, Le passage à l’Europe.

PREGUNTA: Los Países Bajos es un país rico, con un PIB por habitante muy por encima de la media de la eurozona y con una tasa de paro inferior al 6%. ¿Cómo se explica el empuje de Geert Wilders?PIB por habitante

RESPUESTA: Es verdad que la economía neerlandesa va bien, aunque el crecimiento haya sido débil durante la década de la crisis. Hasta 2015 no recuperamos el nivel del PIB de 2008. Las reformas del mercado laboral también han contribuido a la precariedad y, sobre todo, ha convertido en autónomos a personas que hace diez años hubiesen sido asalariadas. No obstante, la cuestión es pertinente. ¿Por qué Wilders puede vencer en las elecciones en un país en que la gente dice ser feliz mayoritariamente y donde la tasa de paro es baja?

Veo dos razón. Por un lado, existe un desafío identitario, que pesa en el debate público desde hace al menos 15 años. El 11 de septiembre de 2001 supuso un shock. Pim Fortuyn [del que Wilders dice ser heredero] consiguió un éxito fulgurante. También él surgió tras un largo periodo de gran coalición entre socialdemócratas y liberales, de 1994 a 2002 [la llamada coalición violeta, que incluía a los centristas del D66]. Esta larga coalición provocó cierta forma de despolitización, que dejó hueco a la ultraderecha. Todo esto guarda similitudes con la situación actual.

P: ¿Cuál es la otra razón?

R: Está relacionada con el sistema político. El sistema neerlandés es prácticamente proporcional: elegimos un Parlamento con 150 escaños y basta con obtener el 0,7% de los votos para contar con representación en la Cámara baja. ¡El protestantismo puro y duro: ya no hay iglesias y cada uno busca su capilla! Este año, hay 28 partidos en liza. Se trata de un sistema que históricamente ha permitido probar suerte a los emprendedores político y hacerse con una parte del mercado electoral.

P: ¿Cuál es el origen de esta cultura de esta proporcionalidad casi total?R:

Existe desde 1917. El país no se organiza en circunscripciones, sino más bien en un sistemas de corrientes y de afinidades: cristianos, liberales, socialistas etc. En los últimos 20 años, estas filiaciones tradicionales han entrado en crisis puesto que ya han dejado de representar la experiencia de la identidad individual contemporánea.

P: Los laboristas del PvdA pasan por un mal momento. ¿Estamos ante el reflejo, como en Francia, de la crisis de la socialdemocracia?R:

Sí, viene a ser algo similar a lo que sucede en Francia. Los partidos socialdemócratas pierden electores, tentados por un voto más a la izquierda, pero también más a la derecha. Electores de Bernie Sanders terminaron votando directamente a Trump. En cierto modo, lo mismo podría pasar en Francia. Y también en Holanda.

El que es su jefe de filas, Lodewijk Asscher, se encuentra en una situación difícil; debe defender las políticas del Gobierno, del que fue viceprimer ministro durante cuatro años, pero también tiene que enviar señales a la izquierda. Se trata de una enorme brecha difícil de gestionar. Desde ese punto de vista, los socialdemócratas alemanes, en el momento en que se decantaron por Martin Schluz, poco conocido en Alemania, en lugar de optar por Sigman Gabriel [vicecanciller del SPD en un gobierno de gran coalición con la derecha] parece que han jugado mejor. A día de hoy, los sondeos otorgan a los socialdemócratas una la intención de voto de entorno el 7%. De confirmarse, sería un desastre para el partido.

P: ¿En qué medida los debates sobre el acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania, en un primer momento rechazado en un referéndum consultivo en 2016, pero que está a punto de ser ratificado, han influido en la campaña?R:

El impacto no es decisivo, si nos atenemos a los temas de la campaña. El tratado todavía tiene que ser sometido a votación en el Senado, después de las elecciones. Pero este referéndum sobre Ucrania ha derivado en el nacimiento de tres nuevos partidos muy críticos con la UE y que se presentan, los tres, a las legislativas del 15 de marzo; con lo que, a su manera, reafirman los temas del PVV de Wilders. Ha surgido el partido de Thierry Baudet, Forum para la democracia, que defiende la salida de la UE. También ha visto la luz la formación de un experiodista de televisión, Jan Roos, el Voor Nederland (VNL). Y GeenPeil (Nada de sondeos). Su programa aboga por gobernar mediante los sondeos. Prometen simple y llanamente el fin de la democracia representativa.

P: En los Países Bajos, las críticas a la UE no son nuevas. En la memoria de todos está el no al proyecto de tratado constitucional europeo en 2005. ¿Considera que se ha amplificado?R:

El ambiente es más euroescéptico, sí. Es evidente entre los democrata-cristianos (CDA), que siguen rechazando la ratificación del acuerdo de asociación con Ucrania, pese a la presión de sus aliados europeos, entre ellos Angela Merkel. Los laboristas por su parte hacen una campaña muy crítica con la libre circulación de trabajadores. Tienen razón cuando hacen hincapié en el desafío que supone los trabajadores desplazados. Es un punto fuerte de su candidato, que no obstante es muy crítico con todo el proyecto europeo.

P: Y Mark Rutte, ¿qué dice de Europa en su campaña?R:

Rutte es un liberal clásico. Para él, Europa es por encima de todo un mercado interior. Pero estos últimos años ha descubierto, a veces a su pesar, que Europa es un proyecto más político. Desde ese punto de vista, encarna muy bien el sentimiento que tienen los neerlandeses frente a Europa.

A diferencia de los belgas, que son junto con los luxemburgueses los últimos verdaderos creyentes, los neerlandeses nunca han creído realmente en Europa. Siempre han sido comerciantes: Europa es un mercado. La Política Agrícola Común ha sido muy importante para ellos, como para Francia. Pero a los neerlandeses nunca les ha gustado mucho la Europa política. En la Europa anterior a la caída del muro de Berlín les iba muy bien. Si hay que hacer más, no se encuentran a gusto.

P: No obstante, en Bruselas, los neerlandeses tienen fama de ser muy proeuropeos; en la capital europeos están representados por dos socialdemócratas influyentes, Frans Timmermans, en la Comisión, y Jeroen Djisselbloem, al frente del Eurogrupo.R:

Sí, porque los neerlandeses creen en las instituciones europeas. No para construir la Europa política, sino más bien para despolitizar la relación de fuerzas entre los Estados miembros y para protegerse de los grandes –Alemania, Francia, Reino Unido–. Confían en la Comisión, como guardiana de los tratados, pero siguen desconfiando de las cumbres europeas, de la Europa que da que hablar.

El problema es que esta antigua Europa, la del mercado, ya no es la que nos ocupa. Europa debe actuar más si quiere sobrevivir: hacer frente a las amenazas exteriores, proteger las fronteras, etc. Eso pide otro enfoque, más próximo a la visión francesa de la política y mucho menos a la visión neerlandesa o, por supuesto, alemana.

P: ¿Cómo han percibido los Países Bajos el Brexit?R:Brexit

Los neerlandeses eran, junto con los belgas, los más acérrimos defensores de la entrada de los británicos en la UE, frente a la opinión del general De Gaulle. Y ahora son los neerlandeses los que más lamentan el Brexit, junto con los irlandeses y quizás los daneses. Han perdido un aliado para sus políticas liberales, pero también se han quedado sin un contrapeso frente a la pareja franco-alemana.

Los Países Bajos es un país marítimo, que se ha construido durante siglos mirando hacia el océano y a sus colonias. Desde hace medio siglo, se encuentra amarrado al continente, al lado de grandes vecinos, Alemania y Francia, de los que desconfía. Tras la salida de los británicos, existe decepción. Como otros países, el Gobierno actualmente se ve frente a un verdadero dilema, entre la pérdida económica de un socio próximo y el riesgo de favorecer el chantaje populista [y de consolidar el discurso de Wilders] en el plano nacional, si finalmente se le da a los británicos lo que piden. Por supuesto que una parte de los neerlandeses siente la tentación de hacer todo tipo de concesiones a los británicos para seguir trabajando con ellos. Hasta la fecha, Mark Rutte se ha mantenido firme: ha dicho que también había que pensar en los intereses de la UE.  

Traducción: Mariola Moreno

Wilders, el aliado de Marine Le Pen, monopoliza la campaña electoral holandesa

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