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La moneda, un moderno laboratorio de ensayos

Imagen de un cartel del referéndum suizo celebrado el 10 de junio de 2018.

Una cuestión espinosa, partidos políticos que se oponían por unanimidad, dirigentes económicos partidarios... Baste esto para ejemplificar que el profesor suizo jubilado Hansruedi Weber, responsable de la iniciativa popular suiza sobre la “banca de reserva 100% (o moneda plena)”, no lo tenía fácil. Parecían darse todos los elementos para que la iniciativa pasase a engrosar la lista (un 25% de las iniciativas puestas en marcha) de las propuestas que no logran reunir las 100.000 firmas necesarias del electorado suizo o que encallan en la validación jurídica de la proposición.

Con militantes sin experiencia, sin apenas medios económicos, sin apoyo político, sin una “figura” mediática, los defensores de la moneda plenamoneda plena consiguieron ganar un pulso al reunir, entre julio de 2014 y diciembre de 2015, 110.955 firmas válidas. Este éxito pone de manifiesto que la cuestión de la moneda interesa, incluso, obsesiona a la opinión pública desde la gran crisis de 2007-2008.

En una entrevista concedida en 2014 al diario editado en Zúrich Neue Zürcher Zeitung, Hansruedi Weber decía que todo comenzó con la crisis financiera. No es el único caso. Desde hace varios años, la moneda es objeto de numerosas reflexiones, políticas y en el ámbito universitario. También se ha convertido en una cuestión de interés para el gran público, que descubre el carácter misterioso y fascinante de la moneda. La serie española de éxito Casa de Papel, donde Robines de los Bosques modernos pretenden adueñarse de las planchas de billetes del Banco Central, es la prueba.

Es verdad que la magnitud del shock de 2007-2008, unido a la crisis de la deuda de la eurozona, supuso, para una generación entera, la revelación de la realidad del sistema monetario mundial. Bien es cierto que el sistema posterior a Bretton Woods, basado en monedas con un respaldo físico que fluctúan libremente entre sí y creadas de la nada por los bancos comerciales, había conocido sobresaltos en su nacimiento y hasta finales de los 80.

Pero, desde entonces, se había querido creer que este sistema se había estabilizado. Las crisis monetarias parecían limitadas a algunos Estados incorregibles, como Argentina en 2002, y se había terminado por no ver más que ventajas a un sistema monetario que permitía que los bancos centrales controlasen la inflación garantizando la abundancia. Era los tiempos llamados de la “gran moderación” por los economistas de Estados Unidos, durante los cuales la moneda no parecía plantear ya problemas especiales más allá de las inevitables variaciones coyunturales.

La crisis de 2008 evidentemente lo cambió todo, sacando a la luz la magnitud de las pérdidas de los bancos (vinculadas a una distribución insensata del crédito), la magnitud del rescate del sistema financiero y, por último, la magnitud de la creación monetaria de los bancos centrales para tratar de contener la crisis. La facilidad con que se crea moneda, en régimen de fiat money (dinero fíat), y su contraste con el peligro vinculado a la creación de moneda central y pública han calado... Y llevado a reflexiones en torno a la utilización de la moneda. Desde entonces, se dibujan varias tendencias. Recientemente, la asociación Économistes atterrés publicaba una obra sobre la moneda que presenta las principales líneas del debate. Las que siguen son algunas de las vías de reflexión para reformar el sistema monetario, aunque el listado está lejos de ser exhaustivo.

La 'moneda plena' o solución administrada

La iniciativa suiza sometida a referéndum trataba de restituir una realidad a la moneda, devolviendo el único poder de creación monetaria al Estado. Se trata de una decisión intermedia entre el patrón oro y la situación actual. Si los suizos hubiesen adoptado esta iniciativa el pasado 10 de junio (sólo participó el 34% de los votantes inscritos, el 75,7% de los cuales dijo no a la propuesta), el franco suizo sería una moneda creada de la nada, pero cuya creación habría sido competencia exclusiva de los poderes públicos, que pueden garantizar su valor. Eso y no otra cosa es lo que significa el término “moneda plena”: cada franco suizo emitido queda garantizado por el Estado, tiene un activo sólido (en la línea del patrón oro) que es la soberanía. Al igual que antaño se podía exigir el valor en oro de cualquier billete bancario, el poseedor de francos suizos podría estar tranquilo porque sus depósitos bancarios tendrían un valor completamente garantizado.

En el sistema actual, los bancos privados pueden emitir moneda creando deuda contra sí mismos y por tanto vinculando la moneda a su propia existencia. Pero, a diferencia del sistema basado en el patrón oro, el sistema de moneda plena permite, en teoría, una mayor flexibilidad proporcionando capacidad de creación, en teoría ilimitada, a las autoridades monetarias. Este sistema no dice nada sobre las políticas monetarias aparejadas; simplemente suprime un intermediario, los bancos, para reducir el riesgo que conlleva para la moneda. En teoría, reduce el riesgo bancario, pero este sistema no impide la formación de burbujas especulativas o políticas monetarias inflacionistas o deflacionistas.

El “QE for people”

Hace años, ante las dificultades de los bancos centrales a la hora de actuar sobre la economía real, varias asociaciones lanzaban la idea de una flexibilización cuantitativa (en inglés, quantitative easing o QE) dirigida directamente a la población. Ya que los bancos centrales sólo conseguían estimular parcialmente la economía, a través de los bancos y los mercados, se trataba de estimular a estos últimos a la hora de distribuir directamente moneda en los hogares y las empresas, ya fuese en forma de crédito en la cuenta bancaria o como “bonos de compra” que permiten el consumo de determinados productos, cuya producción desean favorecer las autoridades monetarias.

Esta propuesta parte de una idea que data de 1948, de Milton Friedman, el padre del monetarismo, entonces bautizada como “moneda helicóptero”, en alusión a los sacos de víveres lanzados desde helicópteros sobre las poblaciones víctimas de la guerra o de las hambrunas. Varias asociaciones, sobre todo Europa QE4People, defienden esta idea –muy debatida en Reino Unido en 2015-2016, sobre todo en los medios neokeynesianos–. La iniciativa de la moneda plena de Suiza recupera esta idea. Pero la moneda plena y el “helicóptero moneda” en realidad son dos acciones separadas, ya que la segunda, en teoría, se puede aplicar en el marco actual. Además, el propio BCE, en marzo de 2016, cuando muchos dudaban de la eficacia de sus políticas, aludió, por boca de su economista jefe Peter Praet, a esta opción como parte del arsenal del banco central...

Desde entonces, la recuperación económica en la zona euro ha acallado algo el debate en torno a esta creación monetaria del Banco Central. Cierto es que su realización práctica plantea problemas, sobre todo el de los objetivos que han de alcanzarse. Otro problema importante para la moneda plena es el de la legitimidad democrática del Banco Central a la hora de concebir un plan de estimulación y favorecer a algunos sectores de la sociedad en lugar de a otros...

Las criptomonedas o el sueño libertario

El bitcoin se convertía en la estrella del año financiero 2017 al ver cómo aumentaba su valor. Esta moneda electrónica nació también en respuesta a la crisis financiera. Su legendario fundador, Satoshi Nakamoto, la concibió en enero de 2009 tras la quiebra de Lehman Brothers. El objetivo era crear un activo suficientemente seguro en sí mismo y que pudiese prescindir de cualquier acción del Estado y de los bancos centrales. El valor del bitcoin y de otras criptomonedas, aparecidas desde entonces, es lacadena de bloques (blockchain), un sistema de almacenaje de datos y de verificación del valor del activo basado en el intercambio. Este valor se basa en la tecnología de verificación y en la escasez. El estadio último del bitcoin debía ser un estatus próximo al oro, un metal inútil pero bastante escaso para ser considerado como una reserva de valor. Las otras monedas “reales” podrían ver su valor en este criptoactivo, como en otros tiempos se hacía con el oro o la plata.

Desde entonces, han aparecido otras criptomonedas, cada una con su propia tecnología. Y esto no supone necesariamente un problema; antaño, el valor de las monedas se medía en función de diferentes metales, a menudo dos, el oro o la plata. Ahora se lleva a cabo recaudación de fondos en criptoactivos, los famosos ICO (Initial Coins Offerings). A día de hoy, el valor conjunto de estas monedas supera los 300.000 millones de dólares.

En los sueños más locos del liberalismo libertario, estos activos permitían una competencia entre los bancos comerciales para crear moneda. La idea es simple: cada banco podría crear moneda a voluntad, pero el valor de dicha moneda estaría basada en criptoactivos. Los poseedores de esta moneda privada podrían exigir el valor en criptoactivos en cualquier momento y los bancos deberían mostrarse prudentes en sus emisiones. Y, según la lógica liberal, cuanto más competitivo sea el mercado, más prudentes deberán mostrarse los bancos para inspirar confianza y ganar más clientes. Esta autorregulación se puso en práctica en algunos país, en Suiza y en Estados Unidos, en el siglo XIX, pero se abandonó. En la mitología del libertarismo, los Estados fueron los que redujeron a la nada estas tentativas. La independencia de las criptomonedas de los mecanismos del Estado reactiva ahora el mito.

Sin embargo, este sueño plantea varios problemas. La inflación de criptoactivos se convierte en problemática, sobre todo con los ICO. Además, estos activos están lejos de ser activos sólidos. Su volatilidad es elevada y los riesgos vinculados a la seguridad de la tecnología, sobre la que reposa todo su valor, son inciertos. Por último, el carácter sano de la autorregulación de los bancos basada en la competencia está por demostrar. De momento, los criptoactivos siguen menos la ruta descrita que la de la integración en el sistema financiero donde se convertirán simplemente en un objeto de especulación como otro cualquiera.

La MMT o la lógica de la fíat money llevada al máximo

Hace años que surgió una nueva escuela económica al otro lado del Atlántico: la “teoría moderna de la moneda” (modern monetary theory o MMT). Procedente de la teoría chartalista de los años 40, se distingue de la escuela postkeynesiana en varios puntos esenciales y, sobre todo, en su visión de la creación monetaria. Para la MMT, un Estado con soberanía moderna no puede, en el mundo post-Bretton Woods, estar corto de dinero. Puede crear moneda, siempre que se trate de satisfacer necesidades. Esta creación no es inflacionista, siempre que no supere las capacidades productivas de la zona monetaria.

En el centro de este pensamiento se encuentra el empleo. Los economistas de la MMT como Stephanie Kelton y Pavlina Tcherneva, en Estados Unidos, o Bill Mitchell, en Australia, defienden la “garantía del empleo” (Job guarantee). La particularidad es que el Estado crea la moneda necesaria para garantizar el pleno empleo mediante la creación de puestos destinados a prestar verdaderos servicios. Ahora bien, estos empleos constituyen una fuerza estabilizadora para la economía: hay menos en periodo de expansión y más en periodo de ralentización. El empleo garantizado por el Estado, y por tanto la creación monetaria del Estado, se convierte en el agente estabilizador como hoy lo son los tipos de interés, pero el efecto es más directo. La MMT se convirtió en muy popular en Estados Unidos, sobre todo en los círculos próximos a Bernie Sanders. Sin embargo, es muy discutida, sobre todo en los medios neo y postkeynesianos que ven en ello la promoción de empleos con descuento y no están convencidos de los efectos estabilizadores de la garantía del empleo al subrayar que la demanda privada también actúa sobre los precios y que los efectos sobre las importaciones pueden crear desequilibrios.

Moneda electrónica

“Nos encantaría deshacernos de monedas y billetes”. Esta confesión reciente de un banquero central, en una reunión de profesores universitarios, traduce la voluntad de los bancos centrales por acabar con la moneda física para pasar a realizar la totalidad de los pagos de forma electrónica y desmaterializada. Esta evolución no es propiamente dicho una cuestión monetaria. Afecta sobre todo a los medios de pago. En realidad, la evolución de éstos tiene consecuencias en la creación monetaria y el funcionamiento de la moneda. Además, por esta razón es por la que los bancos centrales desearían acabar con el líquido. El dinero líquido es una deuda directa sobre el banco central, no sobre el banco donde se deposita la liquidez. Si bien las autoridades monetarias no lo emiten realmente, sí son garantes directos. Si el dinero deja de ser físico, el control de los depósitos será mucho más sencillo, sobre todo en la gestión de las quiebras bancarias. La moneda perderá su aspecto “neutro”, dejará de ser una forma de deuda en el sistema bancario.

La moneda electrónica permitirá, en teoría, un control más preciso de los flujos monetarios e impedirá las “pérdidas” vinculadas al aspecto físico de la moneda como la destrucción accidental, el robo o el acaparamiento. En teoría también, reduce los usos fraudulentos de la moneda (blanqueo o falsificación). Sin embargo, recordemos que el dinero físico apenas representa el 10% de la masa monetaria. Pero, en especial, el reverso de la moneda es el de una vigilancia más estrecha, una dependencia todavía más elevada del sistema bancario y la desaparición de cualquier contacto físico con el dinero del que se ignora realmente las consecuencias económicas.

De hecho, la moneda electrónica puede modificar considerablemente la relación con la moneda, aunque en algunos países hoy apenas se emplee el efectivo. Por esta razón, los bancos centrales dan pequeños pasos en esta dirección. En la zona euro, el BCE ha dejado de fabricar billetes nuevos de 500 euros, sin embargo no los ha retirado de la circulación... Hay algunas sociedades, como la alemana, donde el empleo del dinero contante y sonante es aún muy elevado...

Por su parte, Suecia ha tomado un camino particular: su banco central, el Riksbank (el más viejo del mundo) estudia el lanzamiento, en 2019 de una criptomoneda nacional, la e-krona (corona electrónica), basada en una tecnología diferente del blockchain, el tangle, pero que en teoría es muy segura. Porque la cuestión del robo electrónico (hacking) también es vital en esta evolución. Dicha tecnología permitiría registrar las operaciones limitando drásticamente los fraudes; la emitiría el banco central paralelamente al sistema bancario y en competencia con el dinero físico. El sistema puede ser una realidad en 2019. _________

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

Una historia salvaje del capitalismo

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