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Francia

Montebourg, el exministro de Economía que intenta recuperar al electorado socialista desencantado

Montebourg, el exministro de Economía que intenta recuperar al electorado socialista desencantado

Un día después del segundo debate de primarias, el 16 de enero, el candidato socialista Arnaud Montebourg se daba un baño de masas en el centro de Lille, en un mitin callejero dedicado íntegramente a hablar de su programa. “¿Y va a cumplirlo? Porque ya hemos visto que con Hollande...”, “¡le está mintiendo a los franceses! con los tratados europeos se va a encontrar atado de pies y manos”, “¿y sobre la causa animal?”, “sufro discriminación, como mujer, de cierta edad, a la hora de encontrar empleo...”, “y qué hay de la vivienda? ¿y de las mutuas?” “Nadie habla de la precariedad de los estudiantes de artes”, “recuperará los beneficios fiscales para los viudos/viudas?”.

Ha hecho el viaje de ida y vuelta desde París para plantarse en pleno centro de la principal arteria comercial de Lille, delante del Decathlon, con una lona montada poco antes por todo escenario, decorada con palabras clave de la campaña, unos focos y dos altavoces. A las 16.30 prácticamente en punto, el que fuera ministro de Economía coge el micro ante un pequeño grupo de transeúntes y de militantes socialistas –llegaron a ser casi un centenar los ciudadanos que siguieron las palabras del candidato–. Los curiosos van y vienen, a veces se paran, también pasan de largo, por el frío o porque la indiferencia de las primarias.

Visiblemente cómodo cuando echa mano de esta fórmula, ya recurrió a esta práctica en la campaña de las primarias de 2011; en Lille, Arnaud Montebourg desgrana sus propuestas: aumento del poder de compra, lucha contra la austeridad, políticas de estímulo, impuesto a los grandes beneficios de los bancos, VI República... El ambiente es apacible, excepción hecha de dos fans de François Asselineau del partido de ultraderecha UPR –cuyo único objetivo es aparecer en el tiro de las cámaras– y de un simpatizante de Benoît Haman que en el momento de pasar con un carrito de bebé, dice: “¡Al menos éste es de izquierdas!”. “Hemos molestado a unos cuantos”, bromea entonces Montebourg.

El candidato se presta al juego de las preguntas-respuesta con el público. Retoma sus promesas, una mutua pública a 10 euros, también para estudiantes; la bajada del IRPF en los sueldos y pensiones más bajos; minoría de bloqueo para reorientar Europa... A un militante de Agir contre le chômage [Actuar contra el paro] et de Droit Au Logement [Derecho a la vivienda}, le responde con la “solución de los tres contratos”, contrato de trabajo, contrato de formación o contrato de actividad. “La solución no está en la prestación social mínima”, explica Montebourg.

Contrario a la renta universal que propone su contrincante Benoît Hamon, alude al “placer, el honor y la dignidad del trabajo”. “No lo hemos intentado todo en la lucha contra el paro. No es una fatalidad, es responsabilidad colectiva de una sociedad que ha optado por la austeridad frente crecimiento”. Denuncia el “dejar hacer” de Emmanuel Macron criticando su acción en el Ministerio, tras su renuncia. “El sentido de mi proyecto es volver a recuperar el control de nuestras vidas”, insiste. Antes de concluir: “Tenéis delante a un candidato que busca soluciones audaces pero realistas”.

Durante la campaña, desde hace meses y tras su discurso estival de Frangy, Arnaud Montebourg en ocasiones ha tenido dificultades para encontrar el ritmo adecuado, superar el círculo de la indiferencia que rodeaba las primarias del PS y para superar la renuncia de su mejor rival, Francois Hollande. Dudó, estuvo un tiempo tentado por un discurso basado en la “liberación” (de ahí el eslogan de Liberemos a los franceses presente en algunos de sus carteles) para arañar parte del electorado a Emmanuel Macron, antes de volver a los fundamentos de una reactivación keynesiana de la economía. Desde principios de enero, su programa es más claro; varios de sus próximos históricos, durante un tiempo en retirada o claramente disgustadso han vuelto: “Lo hemos izquierdizado de nuevo”, suspira uno de ellos.

Imposible predecir cuál será el resultado de las primarias. Durante un tiempo favorito, Arnaud Montebourg no despierta las mismas pasiones que hace cinco años, cuando habla de desglobalización y, ya entonces, de VI República, de lucha contra las finanzas o de pulso a Bruselas. Dio la campanada al obtener el 17% de los votos, por detrás de François Holande y de Martine Aubry. Ahora, Benoît Hamon le supera y, lejos de limitarse a cumplir con su papel de figurante que le predecían sus rivales en otoño, consiguió imponer varios de temas de campaña en el debate, como la renta universal, el 49.3 ciudadano [permite aprobar leyes sin debate parlamentario] o la legalización de cannabis. Esta vez, el diputado puede hacerse con el “voto satisfecho”, según la expresión acuñada por alguien del entorno del exministro de Economía.

“No conocemos nada de nada al electorado”

El equipo de Montebourg asume el nuevo puesto de su campeón: menos grandes gestos, fórmulas provocadoras, un tono más tranquilo y un programa del que ahora alaban su “seriedad”. “Mis propuestas son precisas, tienen cifras”, repitió Montebourg en los dos primeros debates televisivos. No se han producido grandes adhesiones y ha evitado enfrentarse a sus competidores, cuidando su postura presidencial. “Ha alcanzado una forma de madurez. En su actitud y en su proyecto”, asegura el diputado Christian Paul, presidente de su comité político. “Ha madurado, por otro lado, nosotros también hemos envejecido”, dice John Palacin, uno de los jóvenes artífices de la campaña de 2011, exmiembro del gabinete de Montebourg en el Ministerio.

Sus amigos no quieren creer que haya pasado su hora, que la innovación esté en otro lado, con Jean-Luc Mélenchon o Emmanuel Macron, que su experiencia ministerial le haya desacreditado o que algo se haya roto con el quinquenio. “Montebour tiene un discurso de centro izquierda, clásico pero que se dirige a la gente”, dice Valentin Przyluski, encargado de las Transiciones ecológicas y energéticas del equipo de campaña y exintegrante del gabinete de Montebourg en el Ministerio. “Construimos un bloque compacto que se dirige a toda la población y no sólo con nuestros potenciales electores”.

El exministro sabe que es en los grandes núcleos urbanos, y entre los jóvenes, donde Hamon consigue buena parte del apoyo, donde es más popular, mientras que en el electorado más popular de las ciudades de tamaño medio y en las zonas rurales es donde espera ver calar su discurso, sobre los trabajadores desplazados o la protección de la industria francesa y europea, recabando el voto de los electores disgustados, incluso “enfadados”, para la izquierda y el PS. “Montebourg se dirige a la izquierda pero más a los trabajadores y a los obreros. No apuesta por un electorado de izquierdas al uso”, explica Paul.

Más que otros candidatos quizás, el futuro del exministro, que no ocupa ningún otro cargo electo, depende totalmente de la participación en las primarias de los días 22 y 29 de enero. “No conocemos en absoluto al electorado. ¿Vendrá a votar el electorado popular? Los que se interesan por Montebourg, ¿votarán? Lo desconocemos todo y en términos de número y en términos sociológico. Es su desafío”, admite Christian Paul. Mientras, nadie de su entorno se arriesga a dar un pronóstico, aunque nadie considera realmente que pueda ser eliminado en la primera vuelta.

El ambiente es “extraño”, confía uno de sus asesores, que prefiere mantenerse en el anonimato. “La gente no habla de su intención de voto hasta el último momento, son menos proclives a dar su opinión. Los partidos no han analizado la evolución de la militancia. Las personas se han convertido en estrellas fugaces. No tenemos ninguna visibilidad”.

Sobre el terreno, los militantes también son un mar de dudas. Sienten que las primarias comienzan a interesar a los electores, en todo caso, mucho más que en diciembre, pero advierten de que el rechazo del PS es profundo. “Sólo la mitad de las personas con las que nos cruzamos acepta coger los folletos que les damos”, cuenta Anthony, militante sociliasta de Lille y antiguo defensor de Montebourg. “A menudo también escuchamos: ‘Hollande nos ha traicionado’. La gente le reprocha a Montebourg que formase parte del Gobierno. Algunos incluso me han dicho que ¡era de derechas!”.

Es más complicado que en 2011. Después del quinquenio, esto no atrae a masas. Digamos que el interés está influido por el contexto actual”, explica Charli, militante socialista. A unos pasos, Fiona y Hicham son la excepción: estudiante en Políticas en Lille ella y él Comercio en Roubaix. No son militantes del PS pero desde hace unas semanas colaboran con la red Jeunes avec Arnaud”. “Defiendo a Montebourg, no al PS. Tiene propuestas de izquierdas de verdad, puede recabar apoyos”. “La gente sabe que Monteboirg representa una verdadera alternativa”, quiere creer también Hicham.

Estelle Rodes, vicealcaldesa de Lille, es más prudente. “El ímpetu no es el mismo que en 2011. Entonces, las primarias eran una novedad y existía el deseo de dar caza a Nicolas Sarkozy. Esta vez, con el quinquenato que acabamos de pasar, pese a algunos cosas muy positivas, parte de la población también cuestiona la capacidad del PE a encarnar la izquierda”. A principios de enero, la vicealcaldesa anunció su apoyo a Montebourg, después de haber leído su programa. “Soy aubriste. No es el hombre el que cuenta, es el proyecto”, explica con entusiasmo. Y que importa si su candidato votó por Hollande en lugar de por Aubry en la segunda vuelta de las primarias de 2011. “Es política pura y dura, no reescribimos la historia”, jura.

La alcaldesa de la localidad, cortejada tanto por los amigos de Benoît Hamon como por los de Arnaud Montebourg, no ha reconocido en público a quién apoyará. La semana pasada, anunciaba que se apartaba de la vida pública durante seis semanas por razones de salud. _____________

Un exministro crítico, Benoit Hamon, supera a Manuel Valls en las primarias socialistas francesas

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Traducción: Mariola Moreno

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