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Xi Jinping, el bombero pirómano en el país de la pólvora

Un grupo de mujeres se manifiesta por las duras restricciones a causa del covid-19 en China.

François Bougon (Mediapart)

Todo comenzó con un acto aislado el 13 de octubre en Pekín, en el puente de Sitong. Antes de ser detenido por la policía, un hombre desplegó una pancarta en pleno día que decía: "No pruebas PCR, comida. No confinamiento, libertad. Sin mentiras, dignidad. No revolución cultural, reformas. Nada líderes autoritarios, elecciones. No queremos ser esclavos, queremos ser ciudadanos”.

Unos días antes de la apertura del 20º Congreso del Partido Comunista Chino (PCC) –con la esperada consagración ceremoniosa de Xi Jinping para un tercer mandato– habíamos visto la valiente manifestación de un héroe solitario que criticaba la deriva totalitaria de Xi a través de su política sanitaria. Un pequeño grano de arena de poca importancia. Pero más de un mes después, todo un país quemado, harto de la política de "covid cero", se rebeló por fin y se unió a ese eslogan.

Viviendo durante casi tres años en una fortaleza asediada, la población china, psicológicamente agotada, ha despertado, y Xi Jinping está temblando, al verse pillado en su propia trampa.

En primer lugar, es un auténtico fracaso su política sanitaria basada en pruebas masivas, confinamientos repetidos y control poblacional reforzado y sin una visión estratégica a largo plazo.

Al principio, es verdad que la política de "covid cero" había permitido a las autoridades contener el virus y tener una tasa de mortalidad mucho más baja que en el resto del mundo: el covid-19 había sido derrotado en veintiocho días en la capital. En exposiciones públicas, en el Museo Nacional, cerca de la plaza de Tiananmen (ver vídeo más abajo), en un museo de Wuhan o en una exposición itinerante llamada "La lucha contra el covid", el Partido se jactaba de haber triunfado sobre el virus mientras los países occidentales seguían empantanados, e incluso lo utilizaba como argumento para legitimar su sistema autoritario frente a las democracias liberales.

Los medios de comunicación controlados alababan la previsión del secretario general del PCCh, Xi Jinping, cuando el partido cumplía 100 años en julio de 2021 y se acercaba al XX Congreso, en el que se esperaba que hiciera una apuesta sin precedentes por un tercer mandato.   

Pero la llegada de la variante Omicron cambió la situación. Las autoridades se vieron desbordadas, ya que no pudieron llevar a cabo una campaña de vacunación eficaz y confiaron, en nombre del nacionalismo tecnológico, en sus propias vacunas, mucho menos eficaces. Ahora, los costes económicos -lento crecimiento tras el confinamiento en 2022 de zonas económicas como Shanghai y Shenzhen- y los costes sociales y políticos superan los beneficios de una menor mortalidad.  

Al movilizarse, la población china, incluidos muchos jóvenes, está poniendo al descubierto la ficción mantenida por el régimen y su poderoso aparato de propaganda. Una ficción que se resumió en las palabras de Xi Jinping en julio de 2021, durante la grandiosa ceremonia en la plaza de Tiananmen por el centenario del PCCh: "La historia y el pueblo han elegido al Partido Comunista Chino. Para aprender de la historia y construir el futuro, debemos adherirnos al fuerte liderazgo del Partido Comunista Chino. La clave de la buena gestión de China está en el Partido”.

Hoy, el pueblo se rebela en toda su diversidad, desde los trabajadores hasta los estudiantes y la clase media, y pide cuentas al Partido.

Un Estado de tecno-seguridad

Entonces, ¿está China al borde del abismo y cerca del colapso, como se preguntan los autores de un libro colectivo recientemente publicado (Le Dossier chinois, editado por Pierre-Antoine Donnet, Le Cherche midi)? ¿Se extenderá el movimiento y dará lugar a una protesta política a gran escala como en 1989? No está claro.

El Estado-Partido, que ha sobrevivido a varias crisis desde que llegó al poder en 1949, tiene la capacidad de adaptarse –la prueba es la invención del "socialismo con características chinas" para justificar la integración en un capitalismo financiero globalizado y la explotación de la clase obrera– y los medios para hacerlo. En particular, cuenta con las herramientas de un Estado de tecno-seguridad, que van desde la coacción hasta la represión más feroz, como demuestra el uso generalizado, con Xi al mando, para deshacerse de voces críticas, abogados, activistas de derechos humanos y feministas, bajo acusación del delito de "intentar provocar conflictos y alterar el orden público", que puede llevarte a la cárcel hasta diez años.

También denunciará la labor de las "fuerzas extranjeras hostiles", aunque la población ya se burle de ello. Por ejemplo, algunos estudiantes gritaron a un funcionario universitario que había venido a darles una conferencia: "Las fuerzas hostiles extranjeras de las que habla, ¿son Marx o Engels? ¿Stalin? ¿Lenin?" "Ni siquiera tenemos acceso a webs extranjeras en Internet, ¿cómo podrían comunicarse con nosotros las fuerzas extranjeras?" 

Es la alianza de la zanahoria y el palo en el país de la hoz y el martillo, como explicó a Mediapart el sociólogo Zhang Lun, veterano del movimiento de Tiananmen en 1989. "El movimiento de protesta quiere mostrar que el emperador está desnudo. Pero el emperador sigue teniendo muchos policías", dijo Janka Oertel, directora del programa de Asia del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

Es asombroso oír los gritos de "Partido Comunista, dimisión" y "Abajo Xi Jinping" en pleno centro de Shanghái en 2022

En la mayoría de los centros educativos se han adelantado las vacaciones de fin de curso y los alumnos vuelven a casa -con todos los gastos pagados- a partir del 1 de diciembre. A nivel local, las medidas anti Covid se están relajando y, el martes 29 de noviembre, las autoridades han anunciado la aceleración de la campaña de vacunación de las personas mayores contra el virus Covid-19, tras registrarse un número récord de casos en los últimos días.

La tasa de vacunación en China, sobre todo entre la gente más mayor, es uno de los argumentos que esgrime regularmente el gobierno para justificar su estricta política sanitaria de "covid cero", junto a repetidos confinamientos, cuarentenas a la llegada del extranjero y pruebas casi diarias a la población. Sólo el 65,8% de la población mayor de 80 años está totalmente vacunada, según las cifras oficiales.

Sin embargo, sea cual sea el resultado de este movimiento, Xi Jinping está pillado en la "trampa del dictador". Tras haber concentrado todo el poder en sus manos y haberse rodeado de sus fieles, ahora, diez años después de llegar al poder, es el blanco directo de las críticas de la opinión pública, pues se le ve como quien se aferra al “covid cero" como instrumento de su poder. Para quienes conocen China, es asombroso oír los gritos de "Partido Comunista, dimisión" y "Abajo Xi Jinping" en pleno centro de Shanghái en 2022.  

Desplegando su pancarta el 13 de octubre, el único manifestante prendió fuego a un neumático. Xi Jinping, con su política y obstinación, ha hecho arder a todo un país.

 

Traducción de Miguel López

Las protestas contra la política 'covid zero' se extienden por China

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