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Vasile deja una herencia envenenada

Ana Rosa Quintana junto al expresidente del grupo Mediaset, Paolo Vasile.

El anuncio del final de la etapa Vasile en Telecinco es más, mucho más, que la sustitución de un ejecutivo de televisión con dos décadas de aciertos continuados. Es el final de un modelo de éxito indiscutible durante la mayor parte de lo que llevamos de siglo que ha entrado en crisis en el último año y a la que el inmovilismo de su máximo responsable no ha sabido, ni podido, responder. Por resumir, lo que ha fallado no solo es una persona, por más que gobernara de manera dictatorial la cadena; lo que ha fallado es el modelo que impuso en Telecinco y que se demuestra obsoleto a día de hoy. 

Y es que Telecinco ha sido, desde su irrupción, la cadena de Berlusconi, por más que se disfrazara la propiedad en según qué épocas para burlar las normativas legales. Y el magnate italiano, que en su país creó canales televisivos para conseguir relevancia política y proteger sus negocios, en España quiso, desde el primer momento, hacer un remedo tan solo (o al menos principalmente) para ganar dinero.

Para ello manda en los noventa a Valerio Lazarov, el rumano triunfador en la TVE de los setenta y que había sido su fiel escudero en la implantación de nuevos canales en Italia. De allí importa formatos como Pressing Catch, Su media naranja, Bellezas al agua o VIP Noche y sus Mamachicho, que en los primeros momentos sorprenden y obtienen audiencia, pero Valerio se ancla en los recuerdos de la televisión en España que él conoció, y en los personajes que entonces eran relevantes, y encarga programas y formatos a Alfredo Amestoy o José Antonio Plaza, que no llegan a superar umbrales mínimos de calidad.

Sí acierta al resucitar a Carmen Sevilla al frente del Telecupón, veinte años después de sus éxitos cinematográficos. El resto va del olvido al esperpento, como cuando sitúa a Jesús Gil como presentador dentro de un jacuzzi, rodeado de chicas en bañador, o somete a los invitados a aquella tramposa Máquina de la verdad. Mientras, su competidora comercial, Antena 3, triunfa con series cercanas al sainete y TVE lidera con la inercia de glorias pasadas y compras al exterior de series y películas contrastadas.  

Todo empieza con 'Gran Hermano'

En vísperas del nuevo siglo, Berlusconi da un golpe de timón y pone a Paolo Vasile al frente de Telecinco. Aunque aún no ha cumplido los cincuenta, se trata de un ejecutivo bregado en Mediaset Italia, que sabe muy bien que en televisión no hay nada más caro que los Informativos y nada más barato que poner a gente hablando delante de las cámaras, tal y como llevan tiempo haciendo las cadenas americanas con talk-shows basados en presentadores con gancho.

Vasile soslaya la figura del presentador estrella e introduce las que serán constantes de su mandato: primero —y principal— el morbo, sea el escándalo sobre la vida privada de personajes famosos o sean los escarceos sexuales entre desconocidos que pronto se harán populares. Nace Gran Hermano y el impacto es instantáneo entre el público y sobrecoge a la competencia. En esos momentos, el responsable de programación de TVE confiesa en una comida: "Es un salto contra el que no podemos competir y, si lo hiciéramos, son capaces de emitir una orgía". No se llega a ese punto, pero Telecinco añade otro gran ingrediente: llenar el resto de la programación con dimes, diretes, y mejores momentos del pseudo concurso, hasta convertir en famosos a los que poco antes eran unos perfectos desconocidos que, en manos de avispados representantes, acuden, previo pagos cada vez más suculentos, a todo tipo de eventos que reafirman su popularidad hasta aparecer en cadenas de la competencia. El negocio es redondo: no hay que pagar costosas minutas a personajes conocidos y la publicidad acude rauda a compartir el impacto de las sucesivas ediciones. 

A partir de ahí, Vasile y Telecinco no hacen sino variaciones en las que nunca falta el morbo, ya sea sexual o invasivo de intimidades y trapos sucios de algún famoso. Así nacen Supervivientes, La isla de las tentaciones y un largo etcétera de productos clónicos, remedos de concursos, debidamente guionizados plano a plano para el horario nocturno que llenan las tardes de los múltiples Sálvame durante cinco horas. 

'Pasapalabra' marca el inicio de la debacle

 A principios de 2020 se produce un hecho relevante cuando Antena 3 arrebata a Telecinco el concurso Pasapalabra. La primera e inmediata consecuencia es el vuelco en el informativo de noche: el de Pedro Piqueras en Telecinco pasa de superar el 20% a quedarse en 12% de cuota de pantalla, mientras el de Vicente Vallés en Antena 3 recorre el camino inverso, emparedado por el triunfador concurso y el exitoso El Hormiguero de Pablo Motos. Con los tres espacios bien por encima del 20% se deja una estupenda masa de espectadores a los programas siguientes y, en consecuencia, se la restan a los inicios de realities de Telecinco. 

Junto a estos datos consolidados, lo cierto es que la programación de la cadena de Mediaset ofrece síntomas evidentes de cansancio, quizás incluso de agotamiento. Tras años de ser líder de audiencia es sobrepasada por la de Atresmedia durante once meses ininterrumpidos. Al mismo ritmo, desciende la inversión publicitaria, lejos queda aquel 2011 en que los ingresos de Telecinco superaron los mil millones. Aún en 2021, tras la pandemia, tuvo un pequeño remonte de beneficios, que no es probable se repita este año. 

Decíamos al principio que ha estallado el modelo de programación, y es que su rival se consagra día a día como una televisión familiar que puede entretener a espectadores de todas las edades y con un poder de compra superior a la media de los seguidores de Telecinco. Con todo, el mayor problema para el sucesor de Paolo Vasile es la falta de un modelo alternativo al actual, y en un contexto que complica extraordinariamente la implantación de canales de pago como Netflix, HBO, Disney y otras que se preparan para competir. Vasile ha sido un gran triunfador durante veinte años, pero deja una herencia llena de nubarrones.

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