El DIFAS, la OTAN y el borrego de la Legión

Jorge Bravo

Recientemente hemos celebrado el Día de las Fuerzas Armadas DIFAS (2022) y, en breve, se celebrará en Madrid la cumbre de la OTAN, dos acontecimientos con el telón de fondo de la defensa y con una gran masa de trabajadores militares comprendida en sus respectivos ámbitos de actuación; miles de hombres y mujeres que son partícipes de forma visible en una, y más discretamente en la otra, presentes de alguna manera en ambas. Y, en el caso del DIFAS, hombres y mujeres militares y, además, el borrego de la Legión.

Desde el inicio de la pandemia las Fuerzas Armadas han sido objeto de noticia y de atención, debido a su actividad visible para el resto de la ciudadanía en apoyo a la sanidad y por las numerosas intervenciones de la Unidad Militar de Emergencias —UME— en diversas áreas. Apenas saliendo de la pandemia, la guerra en Ucrania vuelve a poner la atención en la defensa y por tanto de nuevo en las Fuerzas Armadas, esta vez ya relacionadas con la defensa europea y con la OTAN, sin olvidarnos del breve sainete que ha significado la controversia de las escuchas del CNI que también afectaban al Ministerio de Defensa. Ahora, de nuevo, de interés con motivo de la cumbre de la OTAN y con un previo que nos ha traído el DIFAS.

En Huesca el público del desfile militar del DIFAS ha aplaudido, vitoreado y alabado a unos hombres y mujeres militares que, marchando ordenadamente con disciplina y garbo, han satisfecho el espectáculo que la ciudadanía gustosa del mismo, demanda y que el Ministerio de Defensa presto ofrece, ya que rédito indiscutible consigue de tan vistosa actuación. Nadie saca más pecho en un acto militar como este, que la ministra de Defensa y sus adláteres, pues de tal espectáculo se proyecta una imagen (aunque falsa) de buen funcionamiento, de exacerbada disciplina y de una engañosa profesionalidad (pues un desfile no muestra ni por asomo la realidad de la profesión), rédito positivo que se reparten tanto el ministerio como los cuarteles generales.

En el pensamiento de esos hombres y mujeres que marchaban al ritmo del tambor, seguro que también estaban el esfuerzo personal y familiar realizado no solo para dar esa satisfacción al público entregado, sino, también, el esfuerzo por mantener un desarrollo profesional que desgasta entorpece y trunca el desarrollo personal, familiar y social. Un pensamiento y un sentimiento que en esos momentos se doblega por la disciplina que obliga al cumplimiento de la misión. Las dificultades en la progresión en la carrera militar, la falta de expectativas, las escasas retribuciones, la falta de medios de vida en acuartelamientos y la limitación de derechos traumatizan la vida del militar. La marcha militar que para algunos es festividad y emoción, no es más que el cumplimiento de una orden; su marcha particular tiene un recorrido interior.

Un sentimiento y una exhibición ajenos al único elemento del espectáculo libre de toda coacción, incluso libre de llevar el paso: el borrego de la Legión.

Cuando se tratan las capacidades de los ejércitos se habla de medios materiales y de medios humanos, en definitiva, de “medios”, quedando las personas sin valor

Ahora la cumbre de la OTAN se convertirá de nuevo en centro de atención y las Fuerzas Armadas serán parte de la noticia y otra vez sus miembros tendrán el protagonismo callado como meros objetos para su utilización. Cuando se tratan las capacidades de los ejércitos se habla de medios materiales y de medios humanos, en definitiva, de “medios” quedando las personas sin valor. Esta degradación del factor humano es palpable cuando escuchamos las noticias sobre la guerra y se categorizan las bajas humanas entre civiles y militares, dándole a estas últimas un inferior valor.

La cumbre de la OTAN no tratará de las enormes diferencias en el trato a las personas que integran los distintos ejércitos de cada país. Grandes diferencias en las retribuciones, en los medios de vida, en la atención social y en los derechos, entre unos hombres y mujeres que cumplen la misma misión, realizando idénticos trabajos y con un mismo fin, siendo las penurias, el esfuerzo extremo y la posibilidad de la muerte elementos comunes en situaciones de conflicto, de guerra o de tensión.

Mostrar estas realidades cae del lado de quienes son parte y por ello apagar sus voces y obviar sus reivindicaciones es parte del sistema, pues poco queremos saber de aquellos que enviamos a la guerra a matar y/o a morir. Degradamos su condición de persona, de ciudadano y con ello devaluamos fácilmente sus derechos.

El día uno de mayo es la fiesta del trabajador, trabajadores de todo el mundo marchan libres por las calles reivindicando sus derechos y su estatus de trabajador, aspecto este —de trabajador— que se les niega a los militares desde distintos ámbitos sociales e institucionales dentro de las propias Fuerzas Armadas.

El día del militar, el DIFAS, los militares marchan por las calles a golpe del tambor, todos ordenados y disciplinados, al mismo paso, bajo las órdenes del mando, del patrón. Sin libertad, sin reivindicación, despojados de su persona, simplemente sirviendo a la nación.

Podemos concluir que, de dos actos tan distintos como es el DIFAS, en teoría la fiesta del militar (trabajador), y la cumbre de la OTAN con sus designios sobre el orden mundial y los ejércitos de los países que la componen, como brazo armado, el elemento común y fundamental, las personas militares, no tienen ni voz ni voto y, peor, ni tan siquiera merecen la atención, simplemente son utilizados como borregos, borregos como el de la Legión, solo que los militares obedecen órdenes marcando el paso mientras que el borrego de la Legión no.

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El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Fidel Gómez Rosa.

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Publicado el
8 de junio de 2022 - 21:51 h
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